Martes 23 DE Julio DE 2019
Domingo

Rompiendo paradigmas: No le tocó…

María Alejandra Morales Arana
Sociedad de Plumas

Fecha de publicación: 20-09-15
Ilustración Víctor Matamoros > El periódico

Las elecciones del 6 de septiembre se suscitaron en medio de condiciones atípicas. Vaya si no. Quién iba a pensar que Guatemala estaría eligiendo nuevas autoridades tan solo 72 horas tras la renuncia y procesamiento del expresidente Otto Pérez Molina. Como era de esperarse, el terremoto político de coyuntura incidió en el desarrollo de los comicios.

Por un lado, la explosión cívica se trasladó de las redes sociales y la Plaza hacia las urnas. La muestra más clara de ello es el nivel histórico de participación, por encima del 71 por ciento, que evidenció que el guatemalteco confió que las elecciones constituían el método más efectivo para castigar a una clase política tradicionalmente corrupta. En el raciocinio del chapín, la renuncia de Baldetti y la defenestración de Pérez Molina constituyeron las primeras dos victorias de esta guerra. La siguiente batalla, implicaba evitar que Manuel Baldizón –paradigma de la continuación del modelo patrimonial– llegara a la Presidencia.

A partir de ello, se entienden los sorpresivos resultados electorales. El presidenciable de Libertad Democrática Renovada quedó fuera de la segunda vuelta y, en el proceso, se rompieron diversos estereotipos aceptados sobre las elecciones en Guatemala.

Para empezar, se rompió la relación entre gasto en campaña y votos. Manuel Baldizón pasará a la historia como el candidato con la inversión más ineficiente en una elección. Los estimados conservadores indican que el presidenciable habría gastado más de Q150 millones tan solo en el último año. Esto implicaría que cada voto le costó alrededor de Q155.00, duplicando la fallida inversión de Alejandro Sinibaldi en la carrera por la alcaldía metropolitana en las elecciones de 2011. El dinero ya no compra victorias electorales.

Una segunda lección es que la campaña de aire –el método tradicional de hacerse publicidad vía medios de comunicación, vallas publicitarias, etcétera– ya no tiene el mismo peso que antes. El ejemplo más ilustrativo de ello es el gran ganador de la primera ronda, Jimmy Morales, quien enfocó su campaña en las redes sociales y un acercamiento con grupos representativos de la sociedad. Dato que resulta bastante revelador. El patronazgo de Ángel González sobre el sistema político nacional empieza a desquebrajarse.

Asimismo, nos muestra una nueva Guatemala, que además de ser mucho más crítica, vigilante e intolerante ante los actos de corrupción, también es una Guatemala que cada vez se mantiene en contacto con las prácticas de la sociedad de las zonas urbanas. Para muestra, en Retalhuleu, Alta Verapaz, Izabal y Zacapa, Lider obtuvo más votos para alcaldes y diputaciones que para Presidente, evidenciando así que el votante rural también votó cruzado y rechazó directamente a Manuel Baldizón.

Otra gran lección es la importancia de la campaña de tierra, modelo explotado por Sandra Torres, quien durante el gobierno de Álvaro Colom se dio a la tarea de visitar la Guatemala verdaderamente profunda, y a través de dádivas clientelares, empoderó a esos ciudadanos y se ganó su lealtad. Fueron muchos quienes olvidaron este elemento, la fidelidad de aquel ciudadano empoderado por Sandra Torres que, sin importar la cantidad que invirtiera en ganarse una vez más su voto, seguía creyendo en su proyecto.

Pero quizás una de las lecciones más dolorosas de este proceso electoral se la ha llevado aquel gran perdedor, que a pesar de haber hecho una inversión millonaria, quedó eliminado de la contienda. Los pataleos y berrinches poselectorales de Manuel Baldizón tienen una simple lectura: este tipo egocéntrico no es más que un pésimo perdedor que jamás imaginó que sería el mismo pueblo quien le arrebataría la alfombra roja que se había puesto rumbo a la Presidencia. Indudablemente, el producto final de la primera vuelta da muestra del rechazo a la corrupción, y del desagrado de la ciudadanía ante la soberbia, egocentrismo y prepotencia de un candidato que con sus actos demostraba que su mayor ambición nunca fue construir una Guatemala diferente y mejor.

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