Sábado 23 DE Febrero DE 2019
Domingo

Tres lecturas después del 6/9

Análisis de Coyuntura

Fecha de publicación: 13-09-15
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IPN-USAC

Instituto de Problemas Nacionales / Universidad de San Carlos / www.ipn.usac.edu.gt

Las elecciones generales del 6 de septiembre se celebraron en el curso de una extendida crisis de legitimidad y legalidad del sistema político, y ofrecieron al final de la jornada resultados sorprendentes. No podía ser de otra manera en medio de una revolución ciudadana que, sin embargo, no está garantizada.

Por un lado, se registró la más alta concurrencia a las urnas (72 por ciento) en tres décadas de democracia y, por otro, ocurrió el trastrocamiento notable pero parcial de los supuestos de una campaña electoral típica exitosa: abundante financiamiento, dilatadas alianzas territoriales y publicidad copiosa. ¿Qué significado tienen estos resultados y cómo se relacionan con la crisis más amplia? Tres hipótesis nos ayudan a explorar esa pregunta, oteando el horizonte.

1.

Mitigar las amenazas. El impulso de votar afirmativamente, al menos en los centros urbanos (más del 40 por ciento de los electores) donde privaba la mayor decepción y rechazo a los políticos, fue la alternativa pragmática a la resignación. Dejar el espacio electoral vacío mediante ausentismo o voto nulo/blanco equivalía, para esta población, abrirle la puerta de Casa Presidencial a Manuel Baldizón, identificado como la exacerbación del ‘statu quo’ político abominable. En el fondo fue entonces una reacción de rechazo o enfrentamiento contra quien se identificó como la principal amenaza, Baldizón, aunque Sandra Torres tampoco enamoró a los centros urbanos que la siguen alejando desde hace más de cuatro años.

La manifestación positiva del rechazo encarnó en Jimmy Morales, un candidato sin credenciales políticas, ni financiamiento ni acuerdos con caciques regionales, pero eficaz en las redes sociales y con mensajes simples adoptados de la calle. Sorpresivamente el menú de opciones urbanas y juveniles incluyó a Alejandro Giammattei, cuarto lugar en las votaciones. La participación electoral inusitada está directamente asociada a las movilizaciones sociales de 20 semanas consecutivas que obtuvo notables éxitos: #RenunciaYa y #JusticiaYa de Roxana Baldetti y Otto Pérez.

2.

El dinosaurio sigue allí. Las marchas cívicas hacia las urnas produjeron notables resultados, pero insuficientes para que estas representaran una salida a la crisis. Los factores que hacen al sistema político tradicional facilitaron que retuviera la inmensa mayoría de los gobiernos locales y las más amplias porciones del Congreso. Después de la jornada electoral y satisfecha de haber alejado la amenaza mayor, la ciudadanía de los centros urbanos volvió a la incertidumbre, pues pudo ejercer su derecho al voto, pero no a elegir confiadamente.

Sin reformas previas en el sistema electoral, donde anidan la corrupción y el clientelismo, las urnas fueron un embudo. La semana posterior a las elecciones, el público vio en cámara lenta cómo Baldizón iba quedando fuera de la segunda vuelta, y empezaron las dudas sobre lo que viene. ¿Torres será la nueva Baldizón de los centros urbanos? Y al cabo, ¿quién es Morales? Aparte de despertar empatía con el público, ¿quiénes lo rodean, qué compromisos va adquirir, tendrá la pericia de conducir la nave en aguas turbulentas y a la vez tentadoras? El voto rural estará con Torres, en base a lo que ya tiene y lo que puede sumar, como en 2007, con los caudillos regionales. Pero, y los decisivos votos de las 60 ciudades intermedias de reciente urbanización donde habita un tercio de los electores, ¿hacia dónde se inclinarán?

3.

El incierto futuro que ya empezó. Cuando la ciudadanía despierta queda atenta a los asuntos públicos y reacciona rápido ante abusos e injusticias. Para movilizarse necesita un enemigo visible, motivos incontestables de indignación y ciertas garantías de no manipulación. A las revoluciones ciudadanas les siguen ordinariamente periodos de reformas en los que las elites tradicionales y emergentes (aquellas que constituyeron en el periodo de la efervescencia) discuten y disputan el control del contenido y orientación de las normas que reorganizan el sistema.

Nada está garantizado cuando el statu quo político sostiene cuotas relevantes de poder en el Congreso, el Ejecutivo, corporaciones municipales, así como en el tejido económico, mediático, sindical, de organizaciones sociales, académicas y de profesionistas. Detrás de varias instituciones se mueven como sombras las redes criminales y mafiosas, en condición de repliegue táctico. Por todo eso es también factible que ocurran regresiones, zarpazos de las mafias o bien periodos de estancamiento en los que el viejo sistema se reacomoda. La unidad de la protesta no se traduce automáticamente en cohesión en la propuesta, salvo que las elites sanas de la sociedad tengan la lucidez sobre el tipo de crisis que enfrentan (por ejemplo, que la corrupción es la punta del iceberg de la captura del Estado constitucional, que entonces opera en circuitos estratégicos como Estado mafioso depredador) y acuerden las etapas básicas para superarla en conjunto.

La ciudadanía ha guiado instintivamente su propia revolución, desde las plazas hasta las urnas, rebasando a las elites y sus formas tradicionales de organización. Ahora las elites deben retomar la conducción a fin de a) construir la agenda de rescate del Estado, que b) debe ser claramente comunicada y validada por la sociedad y c) generar el más amplio consenso social e ideológico, especialmente con empatía hacia los movimientos y organizaciones de la “Guatemala profunda”.

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