Lunes 12 DE Noviembre DE 2018
Domingo

Conversaciones al pie de la cama presidencial

Manolo E. Vela Castañeda

manolo.vela@ibero.mx

Fecha de publicación: 30-08-15
Ilustración Víctor Matamoros > El periódico
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– ¿Y por qué es que no renunciás pué?

– Por el honor militar.

– Honor militar, ¿qué honor, hombre? Con todo lo que te has hueviado. Las gentes que dejaste sin sus medicinas. Esos centros de salud desabastecidos. Los muertos de las diálisis, en el IGSS. ¡ah, cómo vaciaste de recursos al Estado!

– Bueno, es que en la Escuela Poli…

– Ya callate con esas tus explicaciones. Esas se las decís a… ya sabés a quién, porque a vos ya nadie te cree, ni doña Rosita, mirá. Te cagaste en tu país, ese al que supuestamente te enseñaron a servir, ¿y ahora me venís a hablar a mí del honor militar, ese que supuestamente te enseñaron en la Escuela Politécnica? Recordate que yo, también, casi todo lo sé.

– Es que ya no tengo salida. Lo que quisiera es tomar un vuelo a Panamá.

– Pero podrías, mirá. Algunas buenas ideas te quedan. Si tan baboso nunca has sido.

– Sí, pero me vigilan. Creo que no me dejarían llegar al aeropuerto.

– Te jodiste entonces.

– Sí. Estoy acorralado.

– ¿Te acordás cuando nos conocimos? Estabas en el Estado Mayor Presidencial del presidente Lucas García. Ustedes mataban gente inocente, y cómo lo disfrutaban. Y los torturados, ah, en un dos por tres los hacían hablar. Qué trabajo más impecable, no. Y no solo eso: los fines de semana, cuando regresabas a tu casa, ibas en paz, como si despachando pan te hubieras pasado toda la semana. No hombre, si ustedes si se pasaron de malos. Desde que te hiciste militar nosotros nos fuimos dando cuenta de ciertas características tuyas, muy… pero muy especiales.

– Es que ustedes si saben a quien caerle. Pero aquellos fueron otros tiempos.

– Cómo te gustaba el poder y el dinero, la buena vida, verdad. Hasta yo me quedo impresionado, mirá. Y eso que impresionarme a mí no es cosa fácil.

– No es para tanto.

– No es para tanto, será mi huevo, como dicen aquí en Guatemala. Mirá cuánta casa, propiedades, helicópteros, carros, casas en la playa, caballos, lanchas, piscinas, fincas. Yo ya no sabía si estaba viéndote a vos, o a uno de esos jeques árabes. Si ya habías acumulado dinero para saber cuántas generaciones. Llegaste a ser de los que tienen tanto que ya no saben ni cuánto, ni en dónde. Esos son los meros míos, con los que yo me entiendo.

– Sí, al final todo se salió de control. Pero recordate que hasta hace poco yo era el general de la paz…

– Sí, esa fue parte de tu estrategia de salida del Ejército, porque querías verte como un militar progresista. No te bastó el poder que llegaste a alcanzar con tu carrera militar, sino que querías más, siempre más, y más y más. Hasta que ahora: aquí estamos. Ve, y ahora, ¿qué vas a hacer?

– Esperar.

– Esperar, ¿qué?

– A que lleguen las elecciones.

– ¿Y después?

– Es que el pacto que tenemos con Manuel Baldizón sigue firme, te acordás. Sus votos que él tiene en el Congreso están firmes.

– Ves, cómo entre nosotros nos ayudamos. Nunca se me olvida todo lo que has hecho por la causa de la maldad en el mundo. Y a los que nos sirven de corazón, nosotros nunca los dejamos a la mano de Dios.

– Sí, eso sí debo agradecerte, que nunca me has dejado caer, Dios guarde.

– ¡Cuidadito pues!

– No, no, disculpá; que es eso de estar mencionando el nombre ese.

– Pero la gente ha salido a la calle, mirá. Parece que se nos está acabando eso de poder engañar a todos, todo el tiempo.

– Eso no me preocupa fijate. La clave está en el Congreso, y la llave la tengo yo, por el pacto con Manuel Baldizón.

– Pero, ¿y para enero? ¿cuál es el plan?

– A rey muerto, rey puesto. En enero, cuando yo le entregue la banda presidencial a Manuel Baldizón, él ya me dijo que lo primero que va a hacer es sacar a la CICIG. Ellos también piensan hacer una reestructuración en el Ministerio Público. Todo eso, por supuesto, será a favor de la justicia, contra la oligarquía y la intromisión extranjera, la embajada (de Estados Unidos), la CIA, los intereses geoestratégicos de China, la Guatemala profunda…

– Hombre, es que ustedes si saben. Los alumnos corrigieron y aventajaron al maestro.

– Ya después, de repente y hasta regreso de candidato. Aquí todo se olvida.

– No te confiés, hombre, como que ese país de gente calladita se está acabando. El miedo que ustedes, matando, impusieron, no podía durar tanto. Mirá, pero cambiando de tema: lo que si no nos gustó fue eso que te fuiste a meter a una iglesia evangélica para que oraran por vos.

– Parte del espectáculo hombre.

– Nosotros preocupados por aquello de los exorcismos. A qué horas se te ponían los ojos en blanco, empezabas a contorsionarte y la cabeza te daba vueltas. No lo tomés a la ligera. Pensamos que te habías creído aquello de que el que peca y reza, empata.

– No, conmigo no pueden; todo estaba arreglado. A esas iglesias las hemos forrado de plata.

– Maravilloso el dinero, verdad. Pero, ¿y el día que se te ocurra confesarte? ’uta, confesión de dos días sería esa. Ya no salís de allí. Bueno pues Otto, ya no te quito más tu sueño.

– No, si yo dormir ya no puedo; mejor quedate aquí, sigamos platicando; sentate, que ya no vas a crecer. ¿Querés tomar algo?

– No pues, y vos qué vas a poder dormir; a como has de tener esa conciencia.

– Conciencia, ¿cuál? Si desde hace mucho que es toda tuya.

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