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Domingo

Mi voto, por Sandra (Segunda parte)


Manolo E. Vela Castañeda

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El aparato público está corroído por la corrupción, la legitimidad política está por los suelos, las finanzas públicas recurren al endeudamiento para no caer en la bancarrota y la ciudadanía se halla dividida, entre un mundo rural que sobrevive en la pobreza y unas clases medias movilizadas. En este escenario, dos fuerzas políticas mafiosas, una de ellas vinculada a los militares corruptos de siempre, se hallan en los primeros lugares de las encuestas que los medios de comunicación publican. Se aprestan a ganar la Presidencia y asaltar el Estado, y cerrar con ello cualquier posibilidad de reformas. Este es el contexto en el que la elección del 6 de septiembre se lleva a cabo.

Son tres los partidos políticos que –para la elección presidencial– cuentan. Todo lo demás tiene un carácter testimonial: aquí estuvimos y estos votos alcanzamos. De estos tres partidos, la UNE (Unidad Nacional de la Esperanza) es la única fuerza política que puede llevar adelante un programa que ayude al país a salir del atolladero en el que se encuentra. En enero de 2016 habrá que empezar a reconstruir instituciones, credibilidades; en suma: hallar las claves para un nuevo pacto político. No dudo que la UNE es el único partido que tiene los cuadros, la experiencia, y la disposición para tomar este rumbo. El escenario es devastador, los adversarios son poderosos, la magnitud de los cambios es inmensa ¡vaya tarea!

Pero, después de haber hecho gobierno, seguro que no todo lo que se puede decir de ellos serán cosas buenas. Que cometieron errores, muchos; decisiones que no nos gustaron, y que –hasta ahora– seguimos detestando. Eso es cierto. No me corresponde a mí defender nada de esto, porque yo no fui parte de aquel gobierno. Pero eso, en esta elección, no puede hacer que seamos incapaces de ver la diferencia entre la UNE y el grave peligro que la victoria de cualquiera de las otras dos fuerzas políticas representa para el futuro de Guatemala. Es esto lo que marca una gran diferencia en las perspectivas del análisis para estas elecciones. ¿Lo ven o no lo ven?

En 2016, el mejor escenario para Guatemala se halla en una victoria de la UNE, acompañada de una movilización social que no cese, que continúe exigiendo en la calle, que denuncie, que siga construyendo poder popular, ciudadano. Esta sinergia: unas elites políticas capaces y con disposición; y una ciudadanía activa, movilizada, pueden ir dando las pautas para hacer los cambios que ahora, con urgencia, Guatemala necesita. Y claro, si el compromiso de la UNE se tuerce, la protesta ciudadana se lo hará ver, y allí estaremos, de frente.

Ver este escenario y ver los otros, de llegarse a dar el triunfo de los payasitos mafiosos, hace que crea que escribiendo esto puedo –todavía, a dos semanas de las elecciones– hacer algo. Por eso es que escribí el documento de adhesión a la candidatura de Sandra Torres la semana pasada, y es por eso que escribo esto, ahora.

Nuestro voto en esta elección es decisivo como jamás lo había sido. Nunca el escenario electoral estuvo tan dividido entre una opción razonable y dos opciones tan, pero tan, mafiosas. Ni siquiera en la pasada elección, cuando se enfrentaron Baldizón y Pérez, porque entonces no sabíamos lo que ahora sabemos.

Cuando lo que está en juego es un país, vale la pena hacer un alto a nuestras diferencias, y darnos una pequeña tregua. Dejar de creer que somos los más revolucionarios, ser capaces de hacer virajes y tomar decisiones, tácticas, difíciles. Defender lo que pensamos, con autonomía, honestidad y responsabilidad, más que aferrarnos a nuestras convicciones cerradas, incuestionables.

En ese contexto, en el que cada voto es tan valioso, no creo que sea algo bueno continuar empeñados en votarle a los candidatos pequeños; o no votar; o anular nuestro voto. La diferencia entre uno y otro escenario es tan grande, que creo que debo seguir insistiendo en que todavía se puede dar un viraje a este proceso electoral e ir a por la victoria, a favor de la democracia y las reformas.

Lo que me lleva a esto es –nada más y nada menos– el análisis razonado de la situación. Limitado, claro, porque llego hasta donde me dan mis capacidades; otros podrán hacerlo mejor. Desde hace mucho (allá por 1999), no tengo compromiso con ningún grupo, ni con nadie, que no sean los intereses de la gente de abajo y la idea de democracia en la que creo. A mí nadie me llama, ni me escribe, para decirme qué escribir. A mí nadie me ha comprado, ni me comprará jamás. Tengan la certeza de que ayer, como hoy, puedo verles a los ojos y decirles que es en esto en lo que creo, que esta es la mejor decisión que –ahora– podemos tomar.

Mi voto es por Sandra Torres, en contra de las mafias que quieren –frente a nuestros ojos– ganar esta elección. Yo no puedo permitir que –otra vez, como lo hizo el patriota en 2011–, las mafias se burlen de los ciudadanos. Ciudadanos: nosotros podemos marcar la diferencia; nuestro voto puede marcar la diferencia. Vayamos a votar, no desperdiciemos nuestro voto, anulando, o votando a candidatos pequeños.

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