Martes 11 DE Diciembre DE 2018
Domingo

Mi voto, por Sandra

Manolo E. Vela Castañeda

Fecha de publicación: 16-08-15
Por: manolo.vela@ibero.mx
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El país se halla en la encrucijada. Del gobierno que resulte electo depende que el país pueda ir saliendo de la crisis, o bien, que continuemos hundiéndonos. El voto es secreto; pero, como columnista, siento la enorme responsabilidad de compartirles las razones que fundamentan la decisión de mi voto.

 

A tres semanas de las elecciones, Sandra Torres se mantiene en la pelea por entrar a la segunda vuelta. Ella representa la única posibilidad –la última– de que Manuel Baldizón sea derrotado en las urnas. Derrotado, claro, por una candidatura que ofrezca condiciones de gobernabilidad diferentes que las que –durante estos cuatro años– hemos vivido; y muy diferentes también de las que podríamos tener con un gobierno del partido Líder.

 

Esta combinación de factores: que aún quede una opción electoral que ofrezca estas condiciones de gobernabilidad; y que esa opción esté en condiciones de pelear por la victoria, frente a Baldizón, son las razones que me mueven a escribir –en este preciso instante– este texto de adhesión a Sandra.

 

Por sus frutos… Durante los cuatro años del gobierno de la UNE (2008-20012) se implementó –por primera y única vez en la historia de Guatemala– una política en relación con los hechos de violencia del pasado; se dio impulso a la Reforma Policial y se registró el inicio de la desaceleración de los índices de criminalidad; se nombró a la fiscal Paz y Paz al frente del Ministerio Público; en materia de salud, en el primer nivel, se empezó a implementar un nuevo sistema, el MIS (Modelo Incluyente de Salud). Además, claro, de la creación de los programas sociales, y del programa Escuelas Abiertas. Fue la última vez que en el Gabinete de Gobierno se vio a gente capaz y decente. Ahora, el partido tiene un plan de gobierno bien pensado, y nuevamente, entre los cuadros que acompañan al partido –para hacer parte del Gabinete– hay gente honesta y que sabe hacer su trabajo.

 

Durante aquella gestión de gobierno, Sandra fue reconocida como una incansable trabajadora, honrada, y con un liderazgo que fue capaz de crear –a partir de cero– un conjunto de programas sociales. Pero Sandra también tuvo que hacer frente a una de las más fuertes campañas de desprestigio en su contra. Ahora, en las actuales circunstancias, ella y su equipo de trabajo, tienen la voluntad y la capacidad para forjar un amplio consenso político que es esencial para encontrar solución a los problemas que el país afronta. Demócratas, entendámoslo: hay una grada –grande y visible– entre el desempeño político de Sandra y los otros dos candidatos.

 

Votar. Darle la espalda a la contienda electoral no coadyuvará a solucionar la crisis. Habiendo una opción electoral que ofrece una salida –institucional– a la crisis, me parece irresponsable llamar a anular el voto, o a no votar. Pero también, votar por otros candidatos a la Presidencia, cuyo porcentaje de votación será testimonial, porque ya no tienen ninguna opción de pelear por entrar a la segunda –y decisiva– vuelta, me parece que no es lo correcto en este momento tan apremiante, en el que se necesitan de todos los votos posibles para asegurar la entrada de Sandra a la segunda vuelta. De no alcanzar esto, la segunda vuelta se convertirá en una fiesta entre dos payasos, rodeados de mafiosos. Y lo peor de todo es que –querámoslo o no– uno de ellos dos será el presidente del país. No dejemos que esto ocurra. Tenemos, aún, la oportunidad de hacerlo ¿Cómo? Votando este 6 de septiembre por Sandra. Con ello avivaremos la esperanza de dar la batalla en la segunda vuelta y derrotar a Baldizón.

 

Anular el voto, abstenerse, o votar a los candidatos chiquitos, perdedores, son los mejores aliados de Baldizón, porque le facilitan el trabajo para llegar a ser presidente. Lo único que todavía inquieta al “doctor” es que la gente que vota le vote a Sandra. El verdadero mensaje de castigo a este par de payasos que pretenden convertirse en nuestro presidente, no es no votar, ni abstenerse, ni votar por los candidatos chiquitos, sino apoyar a Sandra, una candidata que sí puede arruinarles la fiesta.

 

Este 6 de septiembre, entonces, yo votaré por Sandra Torres, de la UNE, sin ninguna duda y con entusiasmo. Al hacerlo, se que estaré tomando una decisión responsable con el momento tan difícil que está atravesando Guatemala.

 

No es el momento de continuar escarbando en nuestras pequeñas diferencias, de si este habla de poder popular, de revolución ciudadana, de gobierno de transición, de reforma, de poder comunal y colectivo, de quien es el más revolucionario, el más radical, insumiso, o rebelde. En la Alemania de 1933, mientras los demócratas se rascaban a placer las yagas que les dividían, y por eso mismo, permitieron la llegada al poder de Hitler. Algo así nos ocurre ahora. Busquemos los puntos que nos unen, en función de la idea de Guatemala en la que creemos y compartimos con muchos demócratas. Hagamos una tregua a nuestras diferencias, continuemos impulsando la agenda de cambios a favor de las transformaciones que el país necesita también a través de las protestas. El voto a favor de Sandra, ahora, en esta elección, es un asunto de gran urgencia.

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