Martes 25 DE Septiembre DE 2018
Domingo

La paulatina ruralización de la política

Jonatán Lemus
Sociedad de Plumas

Fecha de publicación: 16-08-15
Ilustración Víctor Matamoros > El periódico
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La crisis política iniciada en abril se presenta como un objeto de estudio interesante. Una de las primeras interrogantes a resolver es: ¿Por qué la crisis se dio ahora y no antes? ¿Por qué en 2015 y no en 2011?

 

En este sentido, se plantean varias hipótesis. En primer lugar, la actuación de la Comisión Internacional contra la Impunidad en Guatemala (CICIG) que reveló la corrupción en instituciones como SAT, IGSS y el Congreso de la República. Esto produjo un alto rechazo ciudadano al sistema de partidos políticos y motivaron las protestas de los guatemaltecos.

 

Una segunda variable es el papel de Estados Unidos, que vuelve a ser un actor activo en la región. El interés de Estados Unidos, de generar condiciones para la implementación del Plan Alianza para la Prosperidad pudo ser el incentivo para que dicho país se involucrara de lleno en el apoyo a la CICIG y en la lucha contra la corrupción.

 

Una tercera posibilidad se encuentra en el hartazgo de la ciudadanía con el “Estado Patrimonial”, que en términos simples significa el uso de los recursos del Estado para beneficio de los políticos de turno. Las protestas podrían haber sido producto de este cansancio colectivo.

 

Sin embargo, a mí me gustaría agregar una cuarta variable poco mencionada como factor determinante de la crisis. Desde mi perspectiva, la paulatina ruralización de la política es importante para explicar la crisis iniciada en abril.

 

Si observamos la dinámica política del periodo anterior a la transición democrática, esta se caracterizaba por el debate con un fuerte elemento ideológico, y partidos políticos relativamente programáticos. Esto a pesar de convivir con un régimen político en el que no había elecciones justas, ni libertades políticas. El retorno a la democracia generó cambios importantes. Con la introducción de elecciones, los partidos fueron volviéndose más rurales, adoptando prácticas clientelares, perdiendo el discurso ideológico y finalmente, convirtiéndose en franquicias.

 

Esto tuvo un efecto en la composición del Congreso de la República. Se hizo más presente la figura del “caudillo” distrital. Los diputados perdieron los incentivos para debatir leyes (una demanda urbana), y comenzaron a enfocarse en la captación de recursos para sus distritos (una demanda rural). En un sistema con débiles mecanismos de rendición de cuentas, esto generó una burbuja de corrupción, en la que el caudillo obtenía recursos para sí, y a la vez cumplía con las demandas (clientelares) de su base electoral.

 

Usualmente, las clases medias urbanas observaban pasivamente el desarrollo de este modelo político. Mostraban indignación, mas no actuaban. Esto se debía a que siempre habían tenido un candidato presidencial (el menos peor), que le generaba cierta esperanza de cambio en la manera en como se conducía el Estado. Sin embargo, 2015 fue diferente. Ningún candidato representaba realmente a la demanda del segmento urbano; el modelo rural de hacer política se consolidó, y por primera vez, los partidos con base rural (Lider, PP, UNE) se planteaban como serias opciones para ganar la Presidencia.

 

Ante esta amenaza, la clase media urbana, como actor político, se levantó a exigir cambios en la política guatemalteca. Es decir, inicia una lucha contra la ruralización de la política, siendo la corrupción parte central de dicho modelo. Esto explica porqué la crisis se dio en 2015 y no en 2011.

 

Sin duda alguna, las otras variables antes mencionadas juegan un papel importante. Las investigaciones de la CICIG sirvieron como un catalizador. Sin embargo, de haber existido un candidato del segmento urbano, no hubiésemos visto las masivas manifestaciones en los cascos urbanos del país. Al observar la oferta electoral, la clase media urbana comprendió que las elecciones profundizarían la ruralización de la política. Eso explica el porqué de las protestas, la desilusión, y una crisis que a 20 días de las elecciones, parece aún no haber tocado fondo.

 

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