Lunes 21 DE Octubre DE 2019
Domingo

¡Justicia! Para José Méndez Dardón “Pepe”

Ana María Méndez Dardón

Fecha de publicación: 16-08-15
Miriam Dardón y Amílcar Méndez, en una marcha conmemorando a Pepe.

El 17 de agosto de 2007 mi amado hermano Pepe se convirtió en una víctima más de las miles que en “tiempos de paz” han derramado su sangre, la vida y sus sueños en este país; un “caso más” de la Impunidad que abraza al Sistema de Justicia en Guatemala. Han transcurrido ocho años del asesinato pero para nosotros –la familia– el tiempo se detuvo, su ausencia física nos duele en el alma, y la impunidad de su asesinato nos tortura día con día. El dolor y la rabia son indescriptibles.

 

A mis hermanos y a mí, nos tocó nacer y vivir en el pueblo del Quiché que durante la guerra sufrió y lloró muchísimo la muerte indiscriminada, tierra arrasada, violencia sexual, patrullaje militar forzado y genocidio. Nos tocó acompañar desde niños la lucha por la defensa de los derechos humanos que emprendieron mi papá Amílcar Méndez Urízar y mi mamá Miriam Dardón, porque ante nuestra posición privilegiada no pudimos ser cómplices de la injusticia e indiferentes al dolor y sufrimiento de miles de familias de comunidades indígenas. Mis papás tuvieron coraje, fuerza y valentía para alzar la voz y denunciar las graves y atroces violaciones a los derechos humanos, enfrentando al Ejército de Guatemala; esto indudablemente nos implicó persecución, amenazas, atentados, exilios, miedo y mucho sufrimiento. Recuerdo a extranjeros de Brigadas de Paz Internacional acompañándonos, sin dejarnos solos ni un minuto, también que Pepe era encargado de documentar y filmar a las víctimas en la morgue de Santa Cruz del Quiché, Rocío –mi hermana mayor– era la responsable de redactar denuncias y enviarlas a organismos internacionales de protección a los derechos humanos. Nuestra casa era el refugio de miles de niños, niñas, mujeres y hombres indígenas. En ese momento no comprendíamos exactamente las causas de lo que pasaba pero aprendimos de nuestros padres el gran valor de la solidaridad y de ser humanos.

 

Cuando se firmó la “Paz” ya teníamos más conciencia de lo que pasó y lo que significó para las comunidades indígenas la lucha de mi padre a través del Consejo de Comunidades Étnicas –Runujel Junam– CERJ. Celebramos. El miedo cada vez era menos y sentimos más libertad, sentimos felicidad. Pero nunca nos imaginamos que luego de salvarnos de la guerra, no nos salvaríamos de la “paz”, nos sentíamos confiados que todo había acabado, que ya no tendríamos persecución, miedo, ni muerte a nuestro alrededor. Soñamos una nueva Guatemala. Nunca pensamos que este país nos iba a golpear en el alma y el corazón quitándonos, un 17 de agosto, a la sonrisa de la familia. Siempre admiré a Pepe, era mi guía, mi protector, mi maestro.

 

La lucha cambió, ahora es por justicia para Pepe. Han sido ocho años en los que mis papás especialmente no han descansado ni un minuto, exigiendo respuesta, investigación, juicio y castigo para las autores intelectuales, realizando plantones, huelgas de hambre para ser escuchados, sin encontrar respuesta.

 

El asesinato de Pepe se da en un contexto de agudización de la violencia en Guatemala del gobierno de Oscar Berger, quien fortaleció al Estado criminal por la penetración de estructuras criminales en la institucionalidad de seguridad. El caso de Pepe es emblemático, representa y ejemplifica todas las graves omisiones, la falta de debida diligencia, desinterés y la inoperancia que las instituciones de justicia penal cometen en la mayoría de casos, algunas son:

 

– El Ministerio Público llegó dos horas después a la escena del crimen.

 

– La morgue del Organismo Judicial no tenía médico forense de turno y tampoco instrumentos para realizar rayos X, lo que posteriormente provocó una exhumación del cuerpo de Pepe.

 

– La ropa de Pepe en lugar de ser embalada para prueba científica, nos la devuelven, pero solo la mitad porque los zapatos y otras pertenencias fueron “robadas”.

 

– El MP nunca citó al personal de Aeronáutica Civil para declarar, incluyendo al exdirector José Manuel Moreno Botrán, dado que emitió una circular prohibiendo al personal brindar información sobre el caso.

 

¿Qué podíamos esperar con Adela Torrebiarte a cargo de Gobernación, Juan Luis Florido y Álvaro Matus a cargo en el MP? Lo que encontramos fue una institucionalidad encargada de proteger al crimen organizado. Pero en el 2007 teníamos una esperanza: la Comisión Internacional Contra la Impunidad en Guatemala (CICIG). El caso de Pepe demuestra cómo el crimen opera en la institucionalidad guatemalteca, él llevaba años trabajando como técnico en Aeronáutica Civil y su asesinato se da justamente cuando él no autoriza el aterrizaje de una avioneta proveniente de Panamá.

 

La CICIG bajo el cargo de Carlos Castresana, se interesa en el caso, en octubre de 2007 revisan la “investigación” realizada por el MP, pero luego de meses su respuesta fue que no podían tomar el caso porque no existía suficiente prueba científica e indicios debido a la inoperancia del MP, y que ello imposibilitaba el “éxito” del caso. Nos sentimos excluidos, desplazados. No es suficiente una condena para uno de los autores materiales, nosotros exigimos justicia para los autores intelectuales. En junio de 2010 nos sorprendimos cuando en la última conferencia de prensa que realizó Carlos Castresana, explica sobre las redes y grupos de crimen organizado dentro de Aeronáutica Civil, señalando como uno de los responsables de la muerte de Pepe al militar Roberto Garrido, jefe de seguridad de Aeronáutica Civil de ese entonces. Lo cual no pasó más allá de dicha conferencia, la que culmina con un: “no puedo hacer más por Guatemala”.

 

Con el cambio de Fiscales Generales, y con el caso engavetado de fiscalía en fiscalía, nunca dejamos de presionar y exigir investigación para los autores intelectuales, brindamos información sobre las estructuras criminales que operaban y operan en Aeronáutica Civil, pero evidentemente las personas involucradas han sido protegidas por el sistema de justicia en Guatemala. Sostuvimos reuniones con la mayoría de Fiscales Generales y recibimos promesas incumplidas de María Mejía, Amílcar Velásquez Zárate, Claudia Paz y Paz y últimamente con Thelma Aldana. Nos enfrentamos a un muro y al santuario de la impunidad.

 

No cabe duda que la justicia se trata de voluntad, nos llena de esperanza conocer que el actual comisionado Iván Velásquez tiene un compromiso verdadero, y que su trabajo para desarticular cuerpos paralelos y estructuras del crimen en el Estado tenga grandes resultados para el país e inicie un nuevo capítulo en nuestra historia.

 

Esperamos que pueda investigar lo que ocurre en Aeronáutica Civil y que logre desarticular dichas redes. Al ver todos los casos que se investigan, nos sentimos como cuando “comen pan enfrente del hambriento”, exigimos justicia, la necesita Pepe y la necesita Guatemala. La Justicia es para todos y todas. “Hoy le rendimos un homenaje a su vida y lo recordamos con todo nuestro amor. Amílcar, Miriam, Rocío, Sugey, Andreita, Pepi, Nicolás, Javier y Vicente”.