Jueves 21 DE Febrero DE 2019
Domingo

El menú electoral que solo atrae Moscas

El panorama de las próximas elecciones se parece al funcionamiento de un restaurante cuyos comensales están forzados a elegir una serie de platillos que no convencen a nadie, donde la incertidumbre y el desencanto son la única respuesta ante un sistema que no se deja cambiar por quienes acuerdan las reglas del juego.

Fecha de publicación: 16-08-15
Ilustración Jorge de León > El periódico
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Juan D. Oquendo / joquendo@elperiódico.com.gt –  Imagine por un momento que los países son una serie de restaurantes en una gran plaza. El comedor guatemalteco es uno que cambia su carta solo cada cuatro años, una serie de veintitantos menús, unos con platos fuertes, entradas, otros con postres y bebidas entran en juego. Un menú conformado por varios platillos es elegido por los comensales de la forma más democrática posible: votando. El sistema se ha sostenido las últimas dos décadas, con sus accidentes, atrasos y varios pelos en la sopa que todos simplemente prefieren ignorar.

 

Cuando comenzó 2015, los comensales chapines se alistaban para otra elección de platillos. El sistema igual, las propuestas casi sin variabilidad. La tendencia era elegir al que había quedado en segundo lugar la vez anterior. A fin de cuentas, el chef que proponía ese menú ya se había gastado una fortuna en campaña y era inevitable. Había repartido volantes, muestras, lo que fuera con tal de ganar votantes. Sin embargo, uno de los revisores internacionales asignado al restaurante comenzó a contar los pelos de la sopa, y resultó que había más pelos que sopa, más uñas que arroz.

 

Algunos comensales se enojaron, se molestaron y salieron a protestar. ¿Cómo era posible que hubiera tanto pelo en la sopa? Había que encontrar a los responsables, enjuiciarlos, sacar al jefe de compras, al encargado de cernir la harina, a la sous chef Baldetti y si era necesario al chef Pérez Molina. Se propuso cambios a los procedimientos de selección de cocineros y ayudantes, nuevos procedimientos, algo más limpio, más comestible.

 

A menos de un mes de las elecciones, Guatemala es ese restaurante cuya junta directiva rechazó las propuestas de reforma. Donde los candidatos a chef siguen haciendo de las suyas con tal de llegar a la alacena y manejarla a su antojo. Ahora solo queda la incertidumbre en el aire. Los comensales tendrán que elegir en un mismo sistema que no cambia, un sistema diseñado para perpetuarse. Donde los cocineros que no tienen pisto no pueden entrar.

 

Meterse hasta la cocina

Hugo Novales se imagina al guatemalteco como un comensal al que no le gusta nada, pero que solo se preocupa de ello cada cuatro años y después se desentiende de la cocina, de la política. El analista de la Asociación de Investigación y Estudios Sociales (Asies) considera que las elecciones actuales son legítimas porque son parte del sistema democrático. “Son legítimas porque son legales, pero no van a otorgar al próximo gobierno legitimidad como tal. Sin embargo, no podemos tener una sociedad sin un gobierno electo”. Una cocina sin chef el 14 de enero de 2016 es algo impensable.Aplazar las elecciones no es una opción para Novales. “Aplicar algunas reformas no tendría sentido, porque no existe la certeza de que genere mejores condiciones y que desaparezca el clientelismo rural”. La única opción que encuentra el politólogo para el hambriento es solicitar al Tribunal Supremo Electoral (TSE) la depuración de los candidatos con proceso de antejuicio, votar y en los próximos cuatro años comprometerse a hacer las reformas necesarias para depurar toda la cocina.

 

A pesar de que no existen obstáculos formales para postularse a un cargo de elección popular, las negociaciones oscuras y los financiamientos de los partidos políticos verticalistas impiden entrar en la contienda electoral a quien no tiene dinero para invertir. “Si algo nos ha enseñado esta crisis, es que votar cada cuatro años no es suficiente. Hay que modificar la norma para establecer un vínculo entre ciudadanos y partidos políticos”. Entre quien cocina y quien come.

 

Sin mística, solo queda el pisto

A nivel mundial, unos restaurantes tienen más injerencia sobre otros, en los productos que usan, en los cocineros y en el chef. Guatemala es de esos locales pequeños, cuya posición junto a la línea formada por Centroamérica lo convierte en un obstáculo para el intercambio de productos entre Europa y Asia. Su valor, quiera que no, es estratégico, tanto para EE. UU. como para Rusia y China. Hay intereses por todas partes. De Guatemala sale poco, entra mucho, y pasa bastante alimento ilegal. Sus comensales más pobres, aquellos que no alcanzan a dar ni un dedazo al pastel, viajan a otros restaurantes donde hay más opciones.

 

Todas estas tensiones se desfogan con las elecciones. Pero en las presentes condiciones, legítimas o no, ni cocineros ni chefs ni comensales estarán satisfechos. Gustavo Porras sabe que solo es cuestión de tiempo para que la conflictividad aumente. Este sociólogo plantea un escenario en el que el futuro gobernante tendrá un presupuesto de miseria y una perspectiva de recaudación fiscal incierta.

 

“La causa profunda es que el sistema no admite transformación, donde la política se ha reducido a tener pisto y decir: yo soy mejor administrador que usted, no hay ideologías, no hay mística. La única manera de que los partidos políticos no sean así es un financiamiento público”. En definitiva, el sociólogo del Centro de Estudios Sociales (CES) sugiere ir a votar. En cuanto a las reformas, “solo hay una solución de facto. ¿Cómo putas se le pide al que se beneficia de los privilegios que se los quite? Es ridículo”.

 

Mejor un pelo que una mosca en la sopa

La cocina guatemalteca está patas arriba. El sistema entró en crisis luego de que se encontraran pelos en las sopas, en particular la del Seguro Social y la de las Aduanas. Los comensales que se han manifestado, menos de un tercio de quienes pueden votar por un menú, cuestionan el modelo con que se eligen los candidatos a cocineros. Y el chef y la junta directiva actuales han caído en desgracia ante la opinión popular.

 

Con este panorama, la clase media urbana ve las elecciones como una perpetuación del modelo en el que los partidos políticos ven el Estado como un botín. Esta percepción la terminó de confirmar la Comisión Internacional Contra la Impunidad en Guatemala (CICIG) con su informe de financiamiento de partidos políticos. Con total certeza, el analista Phillip Chicola describe a estos comensales como críticos de comida que buscan un nuevo aroma, una nueva textura, una nueva experiencia gastronómica.

 

Pero ante la falta de opciones frescas, el elector “que sabe que el voto nulo no sirve, elegirá a un outsider”. Un candidato a chef que no sabe nada de cocina, que no representa al sistema tradicional. “Jimmy Morales es el voto nulo hecho candidato”. Vote, recomienda Chicola, pero también haga un esfuerzo por estudiar a los candidatos, sus propuestas, o al menos la prioridad del plan de Gobierno como elemento diferenciador. Porque comer pescado implica quitarse el pollo, o cambiar la ensalada por el postre.

 

El restaurante que va a la quiebra

Para vivir hay que comer. Es inevitable. Los comensales eligen entre lo que hay y la cocina –llena de suciedad– envía los platos. El actual sistema solo ve a estos hambrientos como un mercado: hay que atraerlos a toda costa, no importa si es con muestras o campañas multimillonarias. Poco interesa que las elecciones se hayan convertido en un ejercicio restrictivo, porque de comensal a lavaplatos –aunque sea– requiere una enorme inversión de capital.

 

Lo único que hizo la crisis fue arrojar luz a ese sistema, cuya legitimidad es como una enchilada: no importa cómo o por dónde se dé la mordida, se va a desmoronar. El votante tiene que elegir, según el sociólogo Edgar Gutiérrez, entre delincuentes. Hay candidatos al Ejecutivo con señalamientos en tribunales, otros que no cumplen con la idoneidad, honradez y capacidad del Artículo 113 constitucional, y algunos que no tienen finiquito pero meten amparos. “El proceso está tan viciado que se perdió la poca legitimidad”.

 

En esa anormalidad democrática, donde el Congreso tiró como sobras a la basura las propuestas de reforma, el director del Instituto de Problemas Nacionales de la Universidad de San Carlos (Ipnusac) habla de impotencia para el votante urbano, que refleja su rechazo y desencanto al buscar al antipolítico Jimmy Morales. “El problema va más allá del 6 de septiembre. Se quiere salir de la crisis respetando unos códigos que no sirven para nada. Si no se rompen platos no salimos de esta crisis”.

 

“Vamos a tener un gobierno débil, regulado por la comunidad internacional, los ciudadanos organizados y los manifestantes en la calle”.

 

Hugo Novales, politólogo.

 

“El que va a meter su pisto no lo va a hacer por amor a la patria. O si hay alguien será la excepción que confirma la regla”.

 

Gustavo Porras, sociólogo.

 

“La idea de no ir a votar implica que el rechazo urbano no valga, y que el voto clientelar rural elija al Presidente”.

 

Phillip Chicola,  politólogo.

 

“Votar ya no es un acto inocente. Y las elecciones no resolverán la crisis. El Estado está en bancarrota, el país está aislado internacionalmente”.

 

Edgar Gutiérrez,  sociólogo.

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