Martes 19 DE Febrero DE 2019
Domingo

¿Dime “Chalo”?

José Luis Chea Urruela

Fecha de publicación: 16-08-15
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En uno de los innumerables spots radiales, que a diario escuchamos en diferentes emisoras en esta época de campaña electoral, una joven mujer le pregunta uno de los candidatos a la Presidencia de la República: ¿de qué se tratan estas elecciones?, a lo que el candidato responde que se trata de los niños sin educación, las madres sin empleo, de un “cambio profundo”, todo ello con ayuda del Cristo de Esquipulas. ¿Será?

 

En realidad, se trata de que, por primera vez, el candidato del partido oficial, en lugar de ser un contendiente importante en el proceso electoral, aparece en el sótano de la contienda electoral con menos del tres por ciento (3%) de intención de voto. Nunca, en la historia del país, los dirigentes de un partido político lograron, con tanto éxito, destruir en tan poco tiempo una estructura partidaria de tales dimensiones.

 

Se trata de que, contrariamente a lo que se esperaba, el “Portillismo” no constituye un aporte significativo en la intención de voto de los guatemaltecos, tal vez con la excepción de determinados departamentos del país, cuyo voto no es significativo. Lejos están los tiempos en que se decía que el “Portillismo” sería el fiel de la balanza. El candidato del “Portillismo” ronda alrededor del cuatro por ciento (4%) de intención de voto. Los votos y las simpatías no son heredables.

 

Se trata de que la devaluación de la clase política ha provocado la movilización del espíritu crítico de ciudadanos indignados de las capas medias, que han salido a las calles e invadido las redes sociales mostrando no solo su indignación sino, también, han manifestado su deseo de participar activamente en el combate a la corrupción y en reformar el sistema para que los riesgos de los políticos que roben y abusen sean cada vez mayores.

 

La corrupción llegó el día en que impulsadas por vientos favorables atracaron en estas tierras “La Niña” “La Pinta” y la “Santamaría”. Es ancestral. De esta cuenta, si bien las próximas elecciones no garantizan, de por sí, que la deshonestidad desaparecerá por arte de magia en los tres organismos del Estado, la vigilancia ciudadana, aunada al trabajo que con apoyo de la CICIG realiza el MP, están sentando las bases para un control de daños razonable, así como para detectar, denunciar y sancionar a aquellos políticos y funcionarios que valiéndose de sus cargos públicos se enriquecen a lo loco.

 

Se trata de triunfo del sistema, frente a los agoreros de la crisis permanente, se trata de respetar la voluntad de la mayoría, que desaprueba que se posponga el proceso electoral. Según la última encuesta de Prensa Libre, ocho de cada diez ciudadanos están de acuerdo con que las elecciones se celebren el 6 de septiembre del presente año, tal y como están programadas. La mayoría manda. Si no nos gusta, muy sencillo, cambiamos a la mayoría.

 

Se trata del triunfo de la “incómoda” institucionalidad que nos rige, sobre los volátiles criterios de aquellos autonombrados “próceres exprés” que en siete días, al igual que Dios, quieren reformar y refundar el Estado y ser de paso ellos, los grandes reformadores y apóstoles, porque solo ellos tienen el privilegio de ser “hombres de Estado”. La Constitución, con sus fallas, está bien como está, lo que hay que hacer, es cumplirla.

 

Se trata de unas elecciones que ponen en tela de juicio la efectividad del exceso de dinero y de la utilización masiva de los medios de comunicación, en particular la televisión, para posicionarse como candidato triunfador. Según las últimas encuestas de opinión, Jimmy Morales se encuentra disputando un segundo lugar, en la primera vuelta de las Elecciones, sin spots en la televisión, sin campos pagados en los medios escritos, sin helicóptero, sin bolsas solidarias, sin rifas, sin estructura departamental. Se trata de unas elecciones donde muchos ciudadanos hastiados de promesas y frases vacías, han visto en Jimmy Morales la posibilidad de algo distinto.

 

No se trata que porque no nos guste ninguno de los candidatos, pretendamos que no se realicen las elecciones; hay 14 candidatos presidenciales inscritos, si no nos gusta ninguno pues votemos nulo o formemos un partido político y participemos activamente en las próximas elecciones. Esas son las reglas del juego.

 

Se trata de unas elecciones que, por razones de geopolítica e interés nacional, los Estados Unidos estarán observando y monitoreando con mayor detenimiento. La eventual implementación de la Alianza para la Prosperidad en el Triangulo Norte requiere gobernantes con estándares mínimos de honradez, y al parecer, algunos de los candidatos no parecen llenar esos estándares.

 

Se trata de unas cardiacas y alegres elecciones, donde los candidatos subidos en una montaña rusa suben y bajan vertiginosamente al compás de sus errores y simpatías.

 

Desde la época de Cerezo hemos vivido con los ojos pelones, sin saber qué hacer con la Democracia; como dirían en Moyuta “Con esa pelota nunca hemos jugado aquí”. Pues ya va siendo hora, bola de Minions.

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