Domingo 20 DE Octubre DE 2019
Domingo

Desmontando la relojería de la corrupción

Roberto Ardón
Sociedad de Plumas

Fecha de publicación: 26-07-15

Los primeros sablazos de la acción de la justicia llegaron de improvisto. Con testimonios audiovisuales, escuchas telefónicas y diagramas de organización, los guatemaltecos tuvimos la rara ocasión, por primera vez en tiempo real, de poder echar una mirada a los mecanismos de funcionamiento de una estructura de corrupción y clientelismo de cuya existencia todos sabían, pero de la que se hablaba únicamente en voz baja. Este episodio generó un cambio de actitud de la ciudadanía, que ya por más de diez semanas ha manifestado en plazas y redes sociales. Muy bien todo aquello, pero la sensación era que podía constituir un caso aislado y nada más.

 

Sin embargo, poco después, otros casos se fueron apilando, esta vez alcanzando círculos más amplios e incluso vinculando a funcionarios de alta investidura. Estas nuevas denuncias, de alto impacto mediático, produjeron una segunda generación de acontecimientos y sucesos, menos visibles, por cierto. Me refiero a que muchas de las estructuras de corrupción empezaron a ir en contramarcha. Sintiéndose observados y judicializados, unos comenzaron a tratar de cerrar a toda velocidad aquellos agujeros desde donde se les podía divisar; otros, sintiendo la respiración de la justicia en la nuca se movieron a buscar protección legal buscando implicar a sujetos más arriba en la escalera de la corrupción; y unos terceros, simplemente se han evaporado, sintiendo que lo hecho, hecho está, y que es solo cuestión de suerte estar en la lista o no. Este efecto colateral ha tenido implicaciones muy profundas sobre la estructura patrimonialista de los saqueadores de recursos públicos, pero sin otras acciones adicionales, el efecto estará condenado a disiparse. Y es que pareciera que la corrupción sigue aquel principio de la hidráulica que sentencia que cualquier cuerpo líquido toma la forma del recipiente que le contiene. Es decir, la corrupción buscará ajustarse a los tiempos que corren.

 

¿Qué hacer? Tenemos que reconocer que acá estamos frente a un problema que va más allá de la clase política y de unos delincuentes vestidos de empresarios. Esta es solo una parte de un sistema mucho más amplio y complejo, en donde se develan conexiones insospechadas y que alcanzan a mundos que hoy se han sentido relativamente fuera de todo cuestionamiento. Sin entrar a atender esta compleja red de turbias relaciones, difícilmente habremos cambiado. Es como querer librar una batalla contra un cáncer metastásico haciendo un tratamiento de radioterapia muy focalizado.

 

Siguiendo las analogías, lo que se propone aquí es hacer un fino trabajo de relojería. Solo entendiendo cómo funcionan los engranajes y qué los hace moverse, es que se podrá actuar sobre ellos. Por ejemplo, en el mundo de lo académico, ¿cuánta corrupción en los centros de formación universitaria no han alimentado estas redes? ¿Cuál es su conexión con los grupos profesionales que operan como clanes protectores de intereses en sus respectivos gremios? ¿Qué resortes impulsan a esa especie de “elevador social”, último eslabón de la cadena de corrupción, que comienza con una graduación profesional a toda velocidad y termina con un asiento en la judicatura, bajo la promesa de llegar a cuidar las espaldas de otros? ¿Cómo operan los grupos de manifestantes, que con recursos públicos del Estado se mueven para vapulear y para distraer a la opinión pública? ¿Cuál es la línea fina que une a los políticos de turno con algunas estructuras sindicales que lucran del inmovilismo, dispensan favores a quienes los protegen y castigan a los que buscan cambios? ¿Cómo y en qué forma todos los anteriores coordinan o sirven a los intereses de algunos grupos económicos emergentes o periféricos, que apelan a estos dos atributos para asegurar la invisibilidad de sus maniobras?

 

Seguramente hay mucha investigación y escuchas que hacer en estos espacios, pero no hay mucho tiempo, ni recursos, ni energía social que dure para siempre. Para esta batalla que viene tenemos que asegurarnos que las manos del relojero estén confiadas cada vez más a una generación de guatemaltecos probos y comprometidos; luego, no dejar que la relojería la capturen los mismos políticos de antaño, que no son más que productos de ese mismo sistema y, finalmente, y dados los tiempos electorales, cerrar filas, apretar los dientes y acometer la tarea.

 

Sociedad de Plumas es una red de colaboradores comprometidos con promover en las páginas editoriales el balance, el contraste y la propuesta constructiva.