Domingo 20 DE Enero DE 2019
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Voto nulo: del descontento a la lucidez

Académicos y magistrados se hacen una pregunta a la manera de la novela de José Saramago Ensayo sobre la lucidez, ¿qué pasaría, en un país como Guatemala, si se aprobaran las reformas a la Ley Electoral y se aplicara el voto nulo vinculante a las elecciones de este año?

Fecha de publicación: 19-07-15
Por: Juan D. Oquendo joquendo@elperiodico.com.gt
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El día había transcurrido con calma en el centro de votación. Las cuatro mesas recibieron a los electores desde temprano en la mañana, a pesar de la lluvia que se mantuvo hasta el mediodía en varias zonas del departamento. El panorama pintaba igual para los demás centros. Alguno que otro inconveniente reportado en cuatro municipios, pero nada que no se solucionara de inmediato.

 

Inmersos en la noche, comenzó el escrutinio de los votos. Al igual que en las demás mesas de votación, los integrantes de la número 2,395 tenían clara conciencia de que lo que sucedía era parte de un momento histórico. Pasada la medianoche, el conteo de votos terminó. Los válidos no llegaban al veinticinco por ciento, estos repartidos entre tres partidos en su mayoría. Poquísimos en blanco, poquísimas las abstenciones. Todos los demás, más del setenta por ciento de la totalidad, eran votos nulos.

 

La impresionante tranquilidad de la gente en las calles no se correspondía con el ánimo en las sedes de los partidos políticos, que habían contado con la conocida rutina de los electores que usan el voto como castigo al gobierno de turno, eligiendo al partido que había quedado en segundo lugar en las elecciones pasadas.

 

Podía parecer algo singular, incluso asombroso, por no decir imposible de suceder, esta coincidencia de procedimiento entre tantos y tantos millares de personas que no se conocen, que no piensan de la misma manera, que pertenecen a clases sociales diferentes, que, en suma, estando políticamente ubicadas en la derecha, centro, izquierda o cuando no en ninguna parte, decidieran, cada una, emitir un voto nulo.

 

Estaba decidido. Ya no quedaba nada más por hacer que repetir las elecciones con nuevos candidatos. Era un triunfo que había ganado a pulso el Tribunal Supremo Electoral (TSE) cuando se aprobaron las reformas a la Ley Electoral hacía unos meses apenas. Entre los cambios, el voto nulo se había vuelto vinculante en caso de que fuera mayoría absoluta (cincuenta por ciento de los votos más uno). Era una nueva forma de castigo que los votantes podían aplicar a los partidos políticos.

 

Quienes más perdieron fueron los dos candidatos que apuntalaban las encuestas. Había que poner a otras personas, y el formato centralista de los partidos en torno a un “dueño” se venía abajo. Había que repetir las asambleas, postulación, inscripción y campaña en unas cuantas semanas. La elección se repetiría en noviembre, a finales.

 

Toda la crisis derivada de los casos de corrupción del gobierno anterior había encontrado una salida: el castigo a las clases políticas, pero a la vez, abría la posibilidad de una nueva era democrática. Ahora dependía de la sociedad.

 

Iniciativa 4974

Bajo el brazo de Mario Aguilar se sostiene un fólder en el que se han trazado las propuestas de reforma a la Ley Electoral. El magistrado del Tribunal Supremo Electoral se emociona al explicar el voto nulo vinculante, una de las reformas por las que apuesta el TSE, además de una fiscalización férrea a los partidos políticos y la nominación de diputados por comités cívicos como la punta de lanza de los cambios.

 

Para que un sufragio se convierta en voto nulo, este debe romper una de todas las reglas que conforman sus contrapartes: el voto válido y el voto en blanco. En la ecuación queda fuera el voto inválido, ya que este no cuenta como “manifestación de voluntad”. De esa forma, una equis trazada con crayón negro sobre todas las casillas, dibujos en los rostros o insultos sobre la boleta generan un voto nulo. En la actualidad, esto no representa nada más que un descontento del votante, o cualquier otra cosa que no sea la intención de elegir, y a la vez implica dejar en manos de los demás la elección del gobierno de turno.

 

De aprobarse la Iniciativa de Ley 4974 planteada por el TSE, el voto nulo tendría vinculación. Pero ese efecto solo es vinculante si durante el conteo de votos, los nulos superan la mitad más uno de todos los sufragios válidamente emitidos. Si esto llegara a suceder, “se anula la elección y se repite por única vez”. Las últimas palabras de Aguilar tienen cierta cadencia que cierran con un “y obligatoriamente los partidos políticos tienen que postular nuevos candidatos”.

 

 

En los ojos del analista Javier Brolo, de la Asociación de Investigación y Estudios Sociales (Asies), se observa la sorpresa: el riesgo de aplicar esta reforma a las elecciones de este año es enorme, ya que el TSE se enfrentaría a unas fechas muy cercanas al 14 de enero. Esto requiere recursos financieros, humanos, tiempo, planificación, “y se podría caer en violación de derechos para algunos candidatos, por lo que la elección podría perder legitimidad”. Sin embargo, desde su oficina en el cuarto piso del TSE, el magistrado Julio Solórzano esboza una pequeña sonrisa. Ante la pregunta, solamente dice: sí.

 

El TSE está preparado. “Hemos hecho elecciones un 28 de diciembre y se han logrado”. Solórzano traza una línea del tiempo sobre el papel. Si el 6 de septiembre ganara el voto nulo en la elección presidencial, en octubre se realizarían asambleas, postulaciones e inscripciones, luego vendría la campaña y la elección se realizaría en noviembre.

 

 

“Se repite por única vez”, repite Christians Castillo, del Instituto de Problemas Nacionales de la Universidad de San Carlos (Ipnusac). El riesgo lo anticipó bien el TSE. De aplicarse las reformas a estas elecciones, podría repetirse de manera indefinida la elección si sigue ganando el voto nulo, por ello la reforma establece “por única vez”. “No es generar un vacío de poder y de autoridad que ponga en riesgo el plazo fatal del 14 de enero de 2016, sino que permita tener un instrumento a la ciudadanía para hacer una especie de limpia de la clase política por la vía democrática. Eso es un golpe certero a los partidos tradicionales que se organizan alrededor de una persona”, considera Castillo.

 

El voto nulo entraría entonces a la justa electoral como un comodín a favor de los votantes, al menos en las elecciones de este año. En las próximas, los partidos políticos podrían prever esta situación y evitar que les ganara el voto nulo. En la actualidad, “la mayoría de partidos no ven al voto nulo como un contrincante, porque ya de entrada no están pensando en ganar”, sino más bien obtener cuotas de poder, asegura Brolo. De aplicarse a las próximas elecciones, los partidos se anticiparían al castigo y usarían candidatos con las características necesarias para enfrentar el rechazo electoral.

 

Cultura política de castigo

Desde la firma de los Acuerdos de Paz, el sistema democrático electoral creó un juego con reglas que benefician a los partidos políticos. De aquí que se convirtieran en escaleras sociales y económicas para las clases medias en su intento de acceder al poder y la riqueza, ejercidos por las elites tradicionales. Al hacer memoria, Christians Castillo destaca un movimiento pendular entre ganador-perdedor-ganador en las últimas cinco elecciones. Los electores han aplicado el voto castigo tradicional, donde la mejor opción es depurar el sistema votando por el partido que quedó en segundo lugar en la contienda anterior. “De esto surge el imaginario de le toca”.

 

En la situación actual, el analista del Ipnusac compara la oferta electoral como un páramo árido, donde no hay un partido que pueda dar salida a la crisis depurando a los funcionarios que quedan del Partido Patriota. Si se piensa en el modelo “le toca”, ganaría Manuel Baldizón, de Lider, pero su partido genera un gran rechazo urbano al ser vinculado con la corrupción del gobierno de Pérez Molina. La segunda opción podría ser Sandra Torres, pero ella cuenta con el antivoto, y no terminan por definirse los siguientes lugares.

 

 

Ante tanta incertidumbre en el panorama electoral, el voto nulo se convierte para estas elecciones en una herramienta de depuración, pero que surge como una medida, recuerda Castillo, para salir de la crisis actual, del descontento generalizado hacia la clase política. Es decir, las propuestas de reforma son parte de la crisis.

 

Uno de los reparos que ve Brolo al voto nulo se encuentra en su misma ambigüedad. A pesar de que este expresa un descontento, no reconoce la causa de ese descontento, que puede ser variada. “La alternativa del voto nulo es como no tener claridad sobre qué estoy rechazando y no demuestra que se asumió la responsabilidad de informarse e involucrarse”.

 

Aunque suena bien poder castigar a la clase política, los analistas coinciden en enfocarse en elementos mucho más importantes. El uso de leyes y restricciones no implica que cambie la cultura política: partidos clientelares y sectarios, donde un solo caudillo elige a su beneficio quiénes lo acompañarán en su plataforma de gobierno, en vez de elegir partidarios que tengan una verdadera representatividad de los electores.

 

Además, el ciudadano activo y que desea participar en política se enfrenta a dos opciones, según Castillo: quemarse políticamente y salir señalado de corrupción, lo que implica una dificultad para subsistir económicamente en el futuro, o enfrentarse al sistema y que este termine por aplastarlo. “Por eso la gente que tiene las capacidades y se ha formado para hacer función pública no se va a meter”.

 

La clave está, entonces, en un cambio de la organización interna de los partidos políticos, desde una fiscalización hasta aplicación de castigos y restricciones, en el corto plazo, mientras que a largo plazo habría que apostar por una educación política con un sistema de nuevos valores para las próximas generaciones. Quizás eso permita pasar de la ficción de una novela a la realidad misma.

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