Miércoles 18 DE Septiembre DE 2019
Domingo

El infierno de la vida pública

Edelberto Torres-Rivas

Fecha de publicación: 12-07-15

En épocas de crisis política se exacerba la vida pública, y hasta lo íntimo se convierte en malestar del dominio exterior. En Guatemala, la vida pública está desmoralizada. El ambiente de las relaciones sociales se ensucia diariamente con excesos de información sobre actos de corrupción de funcionarios gubernamentales o asesinatos ininterrumpidos; el mundo del crimen se mezcla con la política. La ex Vicepresidenta y varias docenas de funcionarios del gobierno están procesados como delincuentes. Y no hay interrupción en este proceso de políticos que todos los días aparecen como culpables. No hay lealtades, una dama de alma corrompida que lavaba dinero denunció a todos sus socios para salvarse. El Presidente de la República ha visto hundirse a sus compañeros de trampas sucias, con los cuales él formaba una clique; y siendo así soportó participar en los actos del 30 de Junio, Día del Ejército. Los militares hablan de pundonor, pero confunde a la opinión pública que la alta oficialidad se mantenga ajena a la conducta criminal de numerosos oficiales corrompidos, que desacreditan la institución.

 

La coyuntura marca la historia, ¿no resulta imperioso marcar las diferencias habiendo tanto militar honrado? Entre autoridades civiles también abundan los delincuentes, tales como jueces y magistrados, periodistas, políticos, como los muchos diputados con procesos pendientes. Todos tienen una vida desmoralizada y esto crea malestar.

 

El clima de la vida pública, en general, es malo, insoportable, porque hoy día en Guatemala también abunda el crimen particular que llena de lodo la vida ciudadana privada. En el primer semestre del año hubo en promedio 15 muertes violentas diarias y 360 autos robados; en dos años y medio se han denunciado más de diecisiete mil extorsiones, y cada semana hay por lo menos un crimen con todos los agravantes que la degradación humana permite: en un municipio de Chiquimula un sujeto desmadrado ahorcó a su madre, la convirtió en pedazos e incendió la casa. Abundan los casos de violación sexual al interno del hogar, con agravantes de maldad. Nuestra existencia colectiva se ensucia todos los días, porque tanto crimen no es culpa sino de la sociedad. Asistimos al colapso fatal de las funciones básicas del hogar y de la escuela donde antes se enseñaba a la niñez el respeto al prójimo, los valores de la solidaridad, la dignidad de la vida, los principios éticos elementales.

 

El profesor Aranguren habla de la realidad constitutivamente moral del hombre y la diferencia entre lo que él llama “la moral como estructura” y “la moral como contenido”.1 Una y otra sirven para explicar por qué cuando falla el contenido se quiebra también la estructura. La moral como teoría y como práctica. Las masas que desde abril se han movilizado con energía para protestar contra la corrupción y especialmente los jóvenes son una esperanza, en la sociedad no todo está perdido. La ciudadanía ha reaccionado con propiedad y se ha ido constituyendo en una fuerza civil democrática. También está la notable conducta de Ángel Escalante, un niño de 12 años capturado por las maras y a quien la estructura criminal le ordenó matar a un piloto de autobús. Ángel se negó una y otra vez; entonces le llegó la escogencia fatal: por desobedecer tenía que decidir entre morir descuartizado o como resultado de la caída desde el puente Belice. Escogió esto último, y el 18 de junio por la mañana, con ceguera diabólica sus victimarios lo lanzaron al vacío. Al caer, Ángel se enredó en un árbol, los bomberos lo rescataron gravemente herido y al llegar al hospital sufrió una complicación pulmonar.

 

Ya escritas estas líneas se publica que Ángel murió el 5 de julio. Ante un sistema de salud nacional que funciona para unos pocos privilegiados, sus padres pidieron ayuda. Algo se reunió, pero no fue suficiente para evitar su muerte. Ya esta es otra dimensión, pero las elementales carencias del Hospital San Juan de Dios contribuyeron a matarlo. No había los medicamentos necesarios para cubrir esa emergencia.

 

He aquí el perfil de nuestro país. Carencias y ofertas. Decenas de millares de pandilleros capaces de las peores atrocidades; muchos como Ángel, jóvenes valientes y dignos que resisten la brutalidad de los delincuentes juveniles, hay vecinos generosos, hospitales que no tienen los recursos para curar. También han surgido decenas de millares de ciudadanos que luchan contra la suciedad de la corrupción de la vida pública; por todo eso no perdamos la esperanza.

 

1.- J.L.Aranguren, Etica, Alianza Editorial, Madrid, 2004, cap. 2.