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Salud

Estrés: cómo daña el cerebro y su relación con el envejecimiento


Con el estrés se producen una serie de cambios a nivel bioquímico en nuestro cuerpo que nos permiten mejorar ante situaciones de amenaza o de riesgo.

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 Partimos de la idea de que el estrés es algo constante en nuestras vidas y del que muchas veces no podemos desprendernos. Puede ser algo puntual, o bien algo crónico en nuestra vida. De cualquiera de sus formas, en mayor o en menor medida, nos pasa factura a nuestra salud, incluida por supuesto su afectación al cerebro, y su aceleración de nuestro envejecimiento.

Con el estrés, según explica en una entrevista con Infosalus el catedrático de Procesos fisiológicos y patológicos del Centro de Biología Molecular Severo Ochoa y profesor titular del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC) Carlos Dotti, se producen una serie de cambios a nivel bioquímico en nuestro cuerpo que nos permiten mejorar ante situaciones de amenaza o de riesgo. “Es un sistema de defensa”, asegura.

Esos cambios que experimenta nuestro cuerpo, además, tanto a nivel físico como emocional, se originan en el cerebro, según cuenta en ‘La Ciencia del buen envejecer. Cómo afecta el paso del tiempo a nuestras capacidades mentales y cómo prevenir sus efectos’ (Schackleton Books), un manual que ha escrito junto con el novelista Pablo Gonz.

Peligro para nuestro cerebro

Entonces, ¿por qué el estrés es peligroso para nuestro cerebro? Dotti nos asegura que va a haber varias formas de afectación, y para ello debemos distinguir el estrés agudo del crónico. Advierte de que para el envejecimiento al que más tenemos que temer es al estrés crónico, aunque mantiene que el estrés agudo, puntual, tiene también un efecto acumulativo.

   “El estrés crónico produce cortisol y adrenalina que nos producen alteraciones circulatorias. Además, estos cambios afectan no solo a la función cardíaca, sino también a cuánto oxígeno llega al cerebro. Y es que el cerebro necesita de manera constante el oxígeno y consume casi el 20% de todo el que circula por el organismo, cuando es un órgano que supone menos del 2% del cuerpo”, apunta este científico.

No es raro que las personas estresadas de forma crónica, según mantiene, hayan ido al médico y estén siendo tratadas por hipertensión arterial, por ejemplo, que muchas veces lleva a problemas cardíacos, como arritmias, “una de las razones por las que muchos especialistas de Alzheimer las consideran como desencadenantes de la enfermedad”. “Por ello, mucho cuidado con cómo tenemos el corazón, el sistema circulatorio, y la presión arterial. Así se podrían prevenir muchos trastornos cognitivos”, indica.

El cortisol en el cerebro

Por otro lado, este investigador del CSIC habla del efecto del cortisol directamente a nivel del cerebro, ya que esta sustancia estimula los receptores que activan las vías de señalización en el cerebro, como el eje hipotálamo-hipófisis, esencial a la hora de controlar la tiroides, el hígado, nuestra musculatura, o por ejemplo nuestra corteza suprarrenal, entre otras muchas estructuras internas de nuestro cuerpo.

   “Fruto del estrés, todos los estímulos provenientes de nuestros sentidos se reciben en numerosas partes del cerebro que envían todas estas señales de activación al hipotálamo. Aquí, las neuronas al ser activadas envían señales en dos direcciones: hacia el sistema nervioso autónomo, responsable de la respuesta rápida al estrés; y hacia la hipófisis, responsable de la respuesta tardía”, resalta Dotti.

Prevenir el envejecimiento

Confiesa, por tanto, que si a él le preguntan cuál es la mejor forma de prevenir o de reducir el impacto del envejecimiento, o de retrasar las pérdidas cognitivas, apunta directamente a reducir el nivel de estrés sutil, crónico, aquel que supone estar en un trabajo que no nos gusta, en una relación que no nos gusta, por ejemplo.

“Reducir todo aquello que no nos gusta y nos hace sentir mal es estresante, y este pequeño estrés se va sumando y teniendo al menos esos dos efectos: uno a nivel del sistema cardiocirculatorio y otro a nivel del cerebro y del eje hipotálamo hipófisis”, advierte.

   Concreta igualmente que hay mucha evidencia científica sobre el hecho de que el estrés envejece nuestro cerebro, que demuestran cómo el estrés crónico y situaciones de estrés agudo afectan a nuestras capacidades cognitivas y por estos mecanismos. “Para la mayor parte de las personas no es tan fácil tomar medidas para reducir el estrés y separarse o dejar un trabajo porque a lo mejor no tienen la posibilidad de buscar otro. Pero debemos intentarlo si queremos cuidar de nuestro cerebro”, concluye Dotti.

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