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Salud

¿Por qué se da la anorexia y bulimia nerviosa en la edad adulta?


Durante el estudio, 514 mujeres fueron diagnosticadas de anorexia nerviosa a una edad media de 20 años, y 315 mujeres fueron diagnosticadas de bulimia nerviosa a una edad media de 23 años.

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Una nueva investigación, presentada en el Congreso Europeo sobre Obesidad (ECO), sugiere que entre las niñas un índice de masa corporal (IMC) bajo durante la infancia indica un mayor riesgo de desarrollar anorexia nerviosa en la edad adulta, mientras que un IMC alto o sobrepeso en la infancia indica un mayor riesgo de bulimia nerviosa.

“Al examinar los registros de miles de niñas a lo largo de su vida en los registros nacionales de salud, hemos descubierto perfiles de alerta temprana que podrían señalar a las niñas en riesgo de padecer anorexia nerviosa y bulimia nerviosa”, afirma la autora principal, la doctora Britt Wang Jensen, del Hospital Bispebjerg y Frederiksberg de Copenhague (Dinamarca).

“La diferencia en el IMC de la infancia de las niñas que posteriormente desarrollaron trastornos alimentarios comenzó a surgir a una edad temprana –añade–. Estos resultados ponen de manifiesto la importancia de controlar regularmente el peso y la talla durante la infancia para identificar estos patrones lo antes posible”.

No está claro si el IMC premórbido (previo a la enfermedad) está asociado con la anorexia nerviosa y la bulimia nerviosa. Hasta ahora, los estudios han informado de resultados contradictorios, ya que algunos sugieren que un IMC alto precede a ambas enfermedades, mientras que otros sugieren que un IMC bajo precede a la anorexia nerviosa y un IMC alto precede a la bulimia nerviosa.

Para explorar esta cuestión en una cohorte de población, los investigadores daneses analizaron los datos de 66 mil 576 niñas del Registro de Salud Escolar de Copenhague nacidas entre 1960 y 1996, que tenían información sobre la altura y el peso medidos en los exámenes de salud escolares anuales de 7 a 13 años.

Los casos de anorexia nerviosa y bulimia nerviosa se identificaron mediante la vinculación con el Registro Nacional Danés de Pacientes y el Registro Central Danés de Investigación Psiquiátrica. Se realizó un seguimiento de las niñas desde los 10 hasta los 50 años.

Durante el estudio, 514 mujeres fueron diagnosticadas de anorexia nerviosa a una edad media de 20 años, y 315 mujeres fueron diagnosticadas de bulimia nerviosa a una edad media de 23 años.

Los análisis sugieren “asociaciones inversas” significativas entre el IMC en la infancia y el riesgo de anorexia nerviosa en la vida posterior, lo que significa que el riesgo de anorexia nerviosa disminuye a medida que aumenta el IMC.

Por ejemplo, al comparar dos niñas de 7 años con una altura media y una diferencia de puntuación z en el IMC (equivalente a 2,4 kg), la niña con el IMC más alto tenía un riesgo 14 por ciento menor de desarrollar anorexia nerviosa que la niña con el IMC más bajo; a los 13 años el riesgo era un 28 por ciento menor.

Por el contrario, se observaron asociaciones significativas y positivas entre el IMC en la infancia y el riesgo de bulimia nerviosa. Por ejemplo, al comparar dos niñas de 7 años con una altura media y una diferencia de puntuación z en el IMC (equivalente a 2,4 kg), la niña más pesada tenía un riesgo un 50 por ciento mayor de padecer bulimia nerviosa que la niña más delgada en su vida posterior; a los 13 años el riesgo era un 33 por ciento mayor.

Además, en comparación con las niñas con peso normal a los 7 años, las niñas con sobrepeso tenían el doble de riesgo de desarrollar bulimia nerviosa en etapas posteriores de la vida; a los 13 años el riesgo se mantenía pero era menor. Las asociaciones no variaron según la edad en el momento del diagnóstico.

Los autores afirman que se necesitan más estudios para descubrir los mecanismos subyacentes a estas asociaciones. Reconocen que los resultados son sólo asociaciones y señalan varias limitaciones, entre ellas que los diagnósticos de este estudio pueden ser casos más graves, ya que se basan en ingresos y contactos hospitalarios, lo que puede limitar la generalización de estos resultados a formas menos graves de estos trastornos alimentarios. Además, los análisis se limitaron a las chicas, ya que había muy pocos casos para analizar entre los chicos.

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