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Literatura

Las novelas de Amélie Nothomb


Viaje al centro de los libros

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Amélie es una escritora erudita, audaz, ingeniosa y profundamente arrogante. Evoca la soberbia y petulancia de quien escribe sintiéndose superior al resto de la humanidad, y lo expresa exquisitamente, con un dominio absoluto del lenguaje, en libros breves, que parecieran escritos con lápiz, a mano, releyendo cada frase hasta estar completamente convencida del sentido, sonido y ocurrencia. Sus novelas son pura “sensibilidad”, que mezcla buenos modales con caprichos humanos. Ella bebe ‘champagne’ como agua pura y se maquilla como japonesa. Emplea la frase corta, lo cual es muy difícil de lograr. A los lectores los embruja con la narrativa impetuosa, que discurre como río libre, pensando, despreciando, apoderándose de la experiencia real para hacerla trascender en un discurso fino y sutil. El lector no debe de ser menos preparado que ella, o corre el riesgo de sentirse adversario ignorado.

En ‘El sabotaje amoroso’, deslumbró al público contando su experiencia infantil en Pekín, viviendo entre expatriados, hija de padres europeos, nacida en Japón. Se proyecta como una niña asmática que monta un caballo imaginario (en realidad es una bicicleta) para recorrer el espacio amurallado de San Li Tun, en donde son aislados los occidentales para no contaminar a los locales. Sus escapes fuera marcan su edad de oro. 

Dice: “Hay que desconfiar de las flores. Sobre todo en Pekín (…). Las flores de invernadero son hermosas como maniquíes, pero no huelen. Las flores de gueto parecían adefesios: algunas eran tan feas como campesinas camino de la metrópoli (…). Sin embargo, si uno hundía la nariz en su corola, si uno cerraba los ojos y se tapaba los oídos, le entraban ganas de llorar”.

En ‘Estupor y temblores’ compartió su experiencia de joven de 22 años trabajando en una empresa nipona, y relata el choque cultural. Este libro es de los más vendidos, ganó premios importantes y la convirtió en una celebridad. La protagonista ingresa a una empresa donde cada ser superior es inferior a otro, donde la burocracia tiene un esquema claro de lo que es el deber y el progreso es gradual en el tiempo. Ella es humillada por sus jefes, que la hacen sufrir y menosprecian, aunque lo entiende: “A aquellos que no dudarán en considerar indigna mi sumisión a tan abyecta decisión, debo decirles lo siguiente: jamás, en ningún momento durante aquellos siete meses, me sentí humillada”.

El relato parece autobiográfico, contando cómo se la destinó a realizar trabajos absurdos, repetitivos, por su incapacidad para cumplir tareas sencillas en el departamento de contabilidad. La trasladan a servir el café, a la fotocopiadora (donde debe repetir miles de veces la copia no automatizada para que las copias queden centradas), y continúa descendiendo hasta llegar a los baños masculinos. Los hombres, preocupados por el pudor, optan por bajar o subir de piso, y ella se lamenta sin nada qué hacer, sabiendo que otros llegarán de noche a realizar la misma acción.

La novela ‘Barba Azul’ es un jugueteo basado en el cuento clásico, trasladado a la acción del criminal Elemiro Níbal y Milcar, un aristócrata español que vive encerrado en un castillo en París, con un cuarto oscuro prohibido a las coinquilinas que al ingresar mueren congeladas para que el hombre que las ama les tome una fotografía, que capte la expresión del terror. Saturnine no se deja dominar y acude a la entrevista para rentar por una mínima cantidad una lujosa habitación en el castillo del ogro luego de ocho coinquilinas desaparecidas. Saturnine vivirá la experiencia sin perder el control, hasta sentirse atraída por el hombre que la conquista con su admiración por el oro y el ‘champagne’.

Y este año apareció la novela breve ‘Sed’, que retoma la historia de los Evangelios para narrar la Pasión de Cristo desde el interior, contada por él mismo, en un atrevimiento que a los cristianos más conservadores podría parecerles blasfemia, pero que si se entiende como las reinterpretaciones literarias que hacían los latinos de las historias de los dioses griegos, es apenas un ejercicio de imaginación asombroso. “Ningún placer se aproxima al que , cuando te estás muriendo de sed, produce un vaso de agua”. Cristo está en la cruz, y un soldado le lleva a la boca una esponja con agua y vinagre, que el moribundo sorbe con inmenso placer, elogiando el placer.

Redacción El Periódico
El equipo de redactores y editores de elPeriódico.

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