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Literatura

La gran novela de Saramago


Viaje al centro de los libros

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La novela ‘El año de la muerte de Ricardo Reis’, del escritor portugués José Saramago, trascendió mundialmente y quedará como un legado literario del siglo XX, junto a ‘Las Lusíadas’ de Luis de Camoens, y la poesía firmada con heterónimos de Fernando Pessoa, librándose el autor de la maldición que acompañó a Camoens, quien regresó a Lisboa pobre de sus travesías de guerrero, sufrió cárcel, naufragio y renovó las letras portuguesas con la obra escrita en sus andares, publicada ocho años antes de su muerte por la peste. O Pessoa, quien escribió sus ‘Odas’ escudado en heterónimos, murió prácticamente inédito y trascendió medio siglo después. Saramago parecía condenado a la misma tradición, pero ya en la edad madura sorprendió con ‘El año de la muerte…’, que tiene como protagonista a Ricardo Reis, el heterónimo inventado de Pessoa, retornando a Lisboa a finales de 1935, un mes después de la muerte real del poeta. El clima es frío, el cielo nublado, la lluvia perenne, y va caminando con la cabeza de hombre solo dentro de una nube, y a cada momento se encuentra con el poeta, quien le explica que no ha desaparecido por un asunto de equilibrio, porque nueve meses somos esperados para nacer y tras nuestra muerte lleva nueve meses. 

El futuro se plantea como el tiempo cuando ya no importen los pesos ni los pesadores. Dice que la muerte debería ser un gesto simple de retirada”, y toda la novela trata de un fantasma que vive como sombra, intentando no desvanecerse. 

Ricardo Reis es representado como un poeta médico que retorna de Brasil tras dieciséis años de exilio voluntario a visitar la tumba de su creador, planteándose las dudas sobre el sentido de la vida y la muerte. Reis quiere respuestas y explicaciones, y se entiende solo, abandonado por su creador, existiendo en un mundo de apariencias. 

El argumento de la novela intercala una historia de amor entre anticuada y perversa, porque el protagonista participa en un triángulo amoroso con dos mujeres, una criada del Hotel Bragança, Lidia (tal y como se llama el personaje de las ‘Odas’ de Pessoa), y la joven Marcenda, joven y bella, educada, quien padece la desgracia de un brazo muerto de repente, inmóvil tras la pérdida de la madre. Marcenda está viva pero su brazo inmóvil es como acarrear la muerte, un pájaro dormido, anuncio de impotencia. La primera relación se viste llena de culpa, y la segunda es tímida y cursi, amplificando el espectáculo de las diferencias sociales en los años del dictador Salazar, de la Guerra Civil española, del ascenso del Nacional Socialismo en la Alemania nazi. Pienso que la escena cuando el poeta acaricia el brazo impotente de la joven impedida es una de las páginas más hermosas de la literatura mundial de fin de siglo XX, y el cinismo de su relación con Lidia, dispuesta a sufrir, sigue como un culpable desprecio hacia la multitud.

El autor describe las fiestas de Año Nuevo, el acto irónico de regalos a los pobres, el sentido funeral de un criminal, el patético carnaval del desfile de enmascarados antes de la Cuaresma, una visita fascinante a Fátima, donde aeroplanos lanzan publicidad del energizante y saborizador de carne Bovril sobre la multitud de impedidos esperando un milagro, y recorre el cementerio de Lisboa, y las calles de su ciudad, y desde la colina de Santa Catarina observa el paso de los navíos, donde está el monumento al Adamastor mitológico, ese monstruo de tempestad que anticipaba el naufragio de los barcos portugueses que partían hacia la India.

Cada capítulo es un descubrimiento de reflexión y pensamientos sobre la multitud que vive dentro de cada quien, del diluvio que es la realidad, y la sensación de vacío que deja la ausencia de la idea de totalidad. Un libro fascinante que sorprende más tras cada nueva lectura.

El poeta Pessoa visita al protagonista de la ficción para despedirse, porque le toca ingresar en el olvido, porque han pasado los meses y se está desvaneciendo, y Reis decide acompañarlo, porque la muerte le suena a mejor destino. 

Saramago desapareció como Pessoa, pero su gran novela quedará como testigo del crepúsculo del siglo XX, y en el Día de los Difuntos se le recuerda con admiración y asombro.

Redacción El Periódico
El equipo de redactores y editores de elPeriódico.

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