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Literatura

Historia de Alejandro Cotí


Viaje al centro de los libros

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La Editorial Praxis, del guatemalteco Carlos López enraizado en México, presentó recientemente una compilación de Julio Palencia de comentarios, entrevistas, testimonios y memorias sobre la vida y muerte del estudiante de Ingeniería Alejandro Cotí (1952-1980), quien compitió y perdió contra Oliverio Castañeda (1955-1978) la oportunidad de dirigir a la asociación de estudiantes AEU en el segundo lustro de los años setenta del siglo pasado, es decir hace ya más de 40 años, en aquellos tiempos difíciles, cuando estábamos viviendo el período más crítico del enfrentamiento armado interno, en medio de una guerra que se detuvo por completo hasta 1996 con la firma de la paz, cuando las condiciones globales habían cambiado, porque aquí continuaban los apagones y los choques armados mientras en el mundo ya se había reunificado Alemania, la Perestroika combustionaba al mundo y sucedió el derrumbe y fragmentación de la Unión Soviética.

El libro es un documento histórico indudable, pero para quienes vivimos esos días en la Universidad de San Carlos es profundamente emotivo, porque nos revuelve la memoria y recuerda a los dos líderes asesinados, Alejandro y Oliverio. Y para las nuevas generaciones es una referencia de las preocupaciones de entonces, del compromiso espontáneo, de una universidad de altos quilates, porque a los profesionales egresados se les respetaba y abría puertas. Grandes figuras fueron nuestros maestros, pero en los días que rememora esta obra hubo desbandada y mortandad. Muchos saltaron a las universidades privadas o se marcharon al exilio o murieron. Fueron tiempos macabros para la educación superior.

En la Facultad de Ingeniería competían por la AEI dos grupos, el APE, comprometido con la población, que clamaba por la acción social. Su líder era Alejandro Cotí. Y el CU que era más conservador, que proponía a los estudiantes aprender, elevar el nivel académico para poder servir mejor al país. Yo estudiaba Ingeniería y después Humanidades, pero al principio encontré refugio a mis aficiones en la AEI por las actividades culturales (teatro, música y literatura) y por el periódico ‘Brújula’, donde publicaba cuentos, y fue así como tuve la oportunidad de conocer a Alejandro, de quien recibí el respaldo amistoso y apoyo cuando con un grupo independiente de amigos nos lanzamos por la asociación en un período extraordinario, cuando APE no participó, y ganamos. AMPERIO surgió de los amigos que después del terremoto participamos en la reconstrucción. De la noche a la mañana resultamos envueltos en una ola inolvidable que nos marcó la vida. A mí un viaje me alejó por un tiempo y me perdí los momentos de mayor acción, pero los amigos dieron la talla. La lectura del libro me recordó rostros, nombres y discursos de entonces, la emoción, el entusiasmo, la tristeza cuando nos enteramos de la muerte de Cotí a quien fuimos a despedir a Quetzaltenango en un viaje luctuoso.

Foto: Walter Peña

Los hechos se borran si solo quedan en la memoria, pero permanecen cuando adquiere forma de libro. Los autores de los trabajos son conocidos, algunos fueron mis maestros y colegas, y no había escuchado de ellos en mucho tiempo. A uno de los articulistas, Víctor Valverth, lo recuerdo bien, porque fue director de ‘Brújula’ y nos sucedió en la directiva, y especialmente cuando fue objeto de persecución y herido en el campus universitario, mientras unos pocos estábamos a mitad de un examen, el último de la carrera para mí, y el profesor nos alertó y puso a decidir entre salir volando dejando el examen para otra fecha o continuar. Nadie se levantó, seguimos resolviendo los problemas de termodinámica hasta el final mientras escuchábamos la bulla de las sirenas. Al salir del campus desolado, nos enteramos de lo que había ocurrido. Afortunadamente, Víctor se salvó.

El libro es un homenaje a Alejandro Cotí, pero al mismo tiempo registra una época histórica, y menciona a toda una generación.

Redacción El Periódico
El equipo de redactores y editores de elPeriódico.

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