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Literatura

Escribir y publicar Literatura


Viaje al centro de los libros.

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Una de las quejas de los escritores primerizos ha sido la dificultad para publicar, que gritan al cielo y culpan de su suerte a los políticos, a la fortuidad del lugar de nacimiento y a miles de señalamientos que caen por su peso con el tiempo, porque en un mundo globalizado el lugar de vida ya no es una restricción, ni los gobiernos tienen vela en dicho entierro, y formas o medios de publicar abundan, lo que en realidad cuesta es decidirse a escribir, y para eso, como expuso Camilo José Cela en la nota a la quinta edición de La colmena: “La ley del escritor no tiene más que dos mandamientos: escribir y esperar. El cómplice del escritor es el tiempo”, a lo que se suma el mensaje expuesto en la introducción a sus obras completas, cuando invocaba el poder de la resistencia: “Que en España, el que resiste gana, y que no quedaba otra solución que sacar fuerza de flaquezas para seguir resistiendo”, en relación con lo que esperó para ver publicada su obra, después del éxito en 1942 de La familia de Pascual Duarte, porque La colmena la escribió en 1945 en su primera versión y fue prohibida en 1946 por la censura franquista, y su esposa salvó de las llamas el original de la novela terminada, cuando ya desesperado el autor la lanzó a la chimenea. Cela tenía editor, pero no autorizaron su publicación, pero apareció en Argentina en 1951, con las tachaduras que impuso la censura peronista, y hubo que esperar hasta el 55 para que apareciera la obra por primera vez en su patria, diez años después de su escritura. La resonancia internacional de la obra fue formidable, avanzó despacio, pero lo llevó a la fama y al Premio Nobel cuatro décadas más tarde. 

Aquí sufrió más Miguel Ángel Asturias con El Señor Presidente, que pasó oculta 14 años, fue rechazada por los editores que no tuvieron visión y la publicó por sus propios medios en autoedición en México, antes de cumplir los 50 años, en plena crisis existencial, hasta que los argentinos descubrieron su potencial y la obra cobró vida propia e impulsó el otorgamiento del Premio Nobel dos décadas más tarde. La obra se publicó tardíamente, pero el tiempo, como afirmó Cela, es el cómplice del escritor. 

Publicar no es tanto problema, que eso puede ser que suceda cuando los astros se alinean, sino escribir, y para ello no hace falta mayor cosa, sino la actitud de quien lo desea hacer, como Cela señala: “Para escribir libros, lo único que se necesita es tener algo que decir y un fajo de cuartillas y una pluma con que decirlo; todo lo demás sobra y no son más que ganas de echarle teatro al oficio. Con un fajo de cuartillas y una pluma se puede escribir el Quijote y, por detrás, La divina comedia. Lo que hay que hacer es ponerse a ello y esperar a ver lo que sale, si sale. El Quijote y La divina comedia, desde luego, salen pocas veces”. Y estamos hablando de hace tres cuartos de siglo, cuando se escribía a mano o golpeando teclas de una máquina de escribir, repitiendo una y otra vez la versión mecanografiada luego de las correcciones, mientras que en la actualidad las computadoras revolucionaron el trabajo con grandes facilidades, porque se escribe directo en la pantalla, se puede corregir al instante, y hasta autopublicar en los medios electrónicos, pero de allí a que algo suceda y se descubra la obra, pasando todas las particularidades de obstáculos, oposición de los colegas que quieren prohibir el avance fuera del pelotón de los que se sueltan de las amarras, de posturas totalitarias de quienes detentan pequeñas primacías temporales y de los gustos de los lectores, que van cambiando por generaciones de predilección. 

Pero no hay que atormentarse, escribir es un oficio sencillo, que no exige materiales ingobernables como piedras que mueven con grúa los escultores, ni violines exóticos, ni lienzos y pintura y pinceles por los pintores, sino basta con papel y pluma, como reitera Cela. Guatemala es un país de alta producción literaria. Se publica con abundancia en la actualidad, pero de allí a pasar a la resonancia comercial de masa ya es otro asunto, que no depende de los autores ni de su época, sino de la obra misma. Si lo escrito vale la pena, tarde o temprano ocupará su lugar, o nunca. 

Redacción El Periódico
El equipo de redactores y editores de elPeriódico.

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