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“Moisés Barrios. Archivos desclasificados”


Viaje al centro de los libros.

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Catafixia Editorial es un proyecto quijotesco e independiente de Luis Méndez Salinas y Carmen Lucía Alvarado, con 12 colecciones y más de centenar y medio de títulos de autores nacionales e internacionales, en un admirable recorrido de 12 años por amor a la edición, que principió con devoción por el libro como objeto de arte, participando en ferias y manejando ediciones mínimas, casi de colección, muy bien cuidadas, que ha creado un referente de un esfuerzo que entusiasma, tal y como lo demuestra la publicación en agosto de este segundo año de la pandemia, como tercer número de su colección Retrato hablado, de una obra homenaje al pintor Moisés Barrios, con el subtítulo de ‘Archivos desclasificados’. La edición es un ejemplo del buen cuidado, de buen gusto y entendimiento de lo que es en Guatemala el desarrollo de la obra de un artista que logró de manera espontánea y con el tiempo reunir multitud de comentarios en diarios, revistas y catálogos de sus contemporáneos. La obra parte de un poema granítico de Enrique Noriega, el de “soy bananero”, e integra trabajos, que festejan la obra de Moisés, de otros artistas como él, porque están las palabras de Roberto Cabrera, Marco Augusto Quiroa y Ramírez Amaya, de críticos de arte y especialistas, periodistas, autores y toda una generación que coincidieron con las exposiciones de Moisés a lo largo de los últimos 40 años. 

Moisés Barrios (1946) vino de San Marcos a la entonces pequeña capital, donde estudió a mediados de los años sesenta en la Escuela de Artes Plásticas. Su potencial se hizo notorio y saltó a Bellas Artes en Costa Rica, donde se enfocó en el grabado, y curiosamente practicó la elaboración de portadas de libros, cualidad que muchas veces puso a las órdenes de sus amigos escritores para realizar ediciones marginales artísticas, y luego dio el salto a la mítica Real Academia de Bellas Artes de San Fernando, en Madrid, donde continuó el perfeccionamiento de la técnica del grabado. 

Su formación en arte fue excepcional, y aplicó su conocimiento en la publicidad, como una forma de vida, tanto en Costa Rica como en España, y cuando regresó a Guatemala se insertó en la doble realidad, porque para su sobrevivencia aplicaba sus conocimientos en el campo publicitario, y se concentraba en la pintura, experimentando. Sus primeras exposiciones fueron una gran sorpresa y su talento se ganó un espacio en el país. Regresó a Guate a finales de los años setenta, con los ojos abiertos al espíritu latinoamericano, cuando Macondo era entendida como la capital latinoamericana de la ficción y el realismo mágico flotaba en Centroamérica. Sus grabados de esa época son el producto de dicha sensibilidad, que fue golpeada por la realidad, porque volvió cuando los años del conflicto interno llegaban a su clímax, la Revolución sandinista estaba triunfando, y las calles se vaciaban en la noche. Recuerdo una primera visita, cuyo motivo ya no recuerdo, cuando ya estaba hablando de abandonar la publicidad para dedicarse exclusivamente a la pintura, lo que llevó a cabo con gran valor y atrevimiento. Vivía en un apartamento en el centro de la ciudad, y tenía su estudio en la zona 9, cerca de la Torre del Reformador. 

Las visitas eran gratas, porque conversábamos de libros, de plástica, de música, y fui espectador de cómo pasaba del grabado a la acuarela, al óleo en formato inmenso. Uno de sus mejores cuadros fue a dar a la portada de un libro mío de cuentos que publiqué a principios de los años noventa, generosidad que siempre le agradeceré, porque el cuadro hacía innecesaria la lectura.

El libro es de colección, reúne mucha información sobre el autor y muestra de su obra a todo color, en una edición notable, cuidadosamente armada. Un homenaje digno que enaltece a Moisés y a sus editores.

Evelin Vásquez
Reportera de Sociedad. Licenciatura en Ciencias de la Comunicación de la Universidad de San Carlos. Creo que el periodismo es una herramienta para promover el pensamiento crítico e informar sobre más realidades

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