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Literatura

“Escrito para un cuerpo”


Viaje al centro de los libros.

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La primera imagen del poeta Javier Payeras que recuerdo es en una actividad literaria en La Antigua, donde lo escuché debatir con pasión contra Miguel Ángel Asturias, afirmando que no lo había leído. Era muy joven, ya después habrá descubierto lo que se había perdido, pero su energía continuó manifestándose como un torrente sin cauce, que se desparrama o va produciendo libros poderosos como ‘Limbo’, caminando por la ciudad, desvelado, sintiendo el espíritu que emana de los escapes y del concreto. Sus obras son breves, masticadas, para digerir despacio y releerlas, íntimas, donde explora la experiencia humana aferrado a la actualidad fugaz, pero captando lo que tiene de permanente, si es posible pensar tal cosa. Me lo volví a encontrar hace algunos años en Managua, y tomando un café a la sombra me contó su historia con Mario Vargas Llosa, que lo motivó a escribir novelas voluminosas y lo llevó hasta la agencia más importante en nuestro idioma, pero Payeras no quería tal cosa, su fuerza está en la poesía que al estilo de los llamado poetas franceses del siglo XIX se dejan traspasar por la realidad para sintetizar en sus escritos la experiencia de vivir. 

La madrugada del pasado lunes encontré en redes su ‘Escrito para un cuerpo’, promovido por la Casa Bukowski, en el Proyecto Internacional Multiplataforma de Literatura, Cine, Artes y Ciencia, y procedí a leerlo en el teléfono celular, con la dificultad del tamaño y la distribución particular de los cortes de línea que me resultó exacto, milimétrico, pero que al copiar para pasar a un procesador e imprimir las páginas se me revolvió, mutó, lo que añadió la sensación de lo móvil y relativo de la forma, pero me había impresionado tanto sus poesías que necesitaba rehacer la lectura de una manera sosegada, en papel, para anotar y degustar. La selección contiene cinco poemas: El ruido, Escrito para un cuerpo, Uno, Anoche soñé un observatorio y Algo de mar sin luz y naranja amargo, donde los dos últimos son piezas extraordinarias que elevan la obra de Javier Payeras a otra dimensión. Son piezas descarnadas de poeta insomne que con dominio del lenguaje despiertan el asombro, que encantan y abren la puerta del entendimiento haciendo que lo escrito trascienda: “Finjo que el miedo no se acerca. / Pero ese león frente al látigo se acostumbra a regresar a su jaula: alimento y agua, pero al salir lo destruye todo y él mismo decide regresar a su cárcel, es mejor el encierro y no hacerle mal a nadie”. 

Los poemas transmiten la angustia de quien ve pasar las horas sin sustento, sin saber cuánto durará la crisis, el encierro por la pandemia, con regresiones a la infancia, a la protección de la madre, al corazón, porque “el niño herido hace escarcha y se le ve andar dormido”, “son las horas del niño / mi madre en su infancia vio el rostro de una niña al fondo de un pozo”.

El poema más asombroso es Anoche soñé un observatorio, que tiene a su vez la diferencia de ser extenso, fluido, narrativo y conmovedor, que se inicia con: “No todos los ídolos tienen pies de barro. / Algunos tienen raíces y cadenas”, donde la fugacidad es el sentimiento sobrecogedor, el olvido y el paso por la vida como por un túnel gritando los reclamos, las culpas, la soledad y las adversidades: “Mi avatar es una sombra celeste y algunos datos / sin ninguna relevancia”, de caminante que va perdiendo los sentidos metafóricamente, la vista y el oído: “Me estoy quedando sordo de tanto resguardarme”, en una visión perturbadora de sexo, drogas y consenso que se abren como un abismo cuando las ilusiones se rompen contra las banquetas: “Vacíos de padres o vacíos de libros o vacíos de campos abiertos”. El poema es descrito como un manifiesto que el poeta escribió un jueves de marzo, en el segundo año de la pandemia, porque: “Anoche soñé un observatorio, / pero estaba cerrado a la gente”, y deja sentir la vida como un acto de sobrevivencia, para aferrarse a lo sólido y no ahogarse. Payeras deslumbra en este ejercicio que está libre en las redes sociales, pero esperamos tener pronto impreso.

Evelin Vásquez
Reportera de Sociedad. Licenciatura en Ciencias de la Comunicación de la Universidad de San Carlos. Creo que el periodismo es una herramienta para promover el pensamiento crítico e informar sobre más realidades

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