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Literatura

Ana María Rodas en su tinta


La autora, a quien se dedica Filgua 2021, comparte sus vivencias como lectora y escritora.

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Títulos como Poemas de la izquierda erótica (1973), El fin de los mitos y los sueños (1984),  La insurrección de Mariana(1993)  y Mariana en la tigrera (1996) forman parte del legado que Ana María Rodas le ha brindado a la literatura latinoamericana.

A esta poeta, narradora y periodista se dedica la XVIII edición de la Feria Internacional del Libro en Guatemala, que se inicia hoy de manera virtual.

Foto: Jesús Alfonso/elPeriódico

En esta entrevista la autora de Antigua para princiantes (2020) habla acerca de los libros que le han acompañado como lectora y autora.

¿Qué libros recuerda haber leído en su infancia?

 Aprendí a leer casi sin darme cuenta cuando mamá le repasaba sus lecciones a mi hermano mayor, y en casa había una biblioteca grande, de donde mamá sacaba libros para irnos leyendo. Cuando mamá se dio cuenta de que ya leía, escogió algunos libros que consideró impropios para los niños y los envió a casa de mi abuela. Pero yo iba a pasar los fines de semana a la casa de mi abuela. Así que, por ejemplo, leí ‘Las mil noches y una noche’ en la versión original, una buena traducción al español. Para adultos.

¿Qué libro le regalaría usted a la niña que fue?

Algún libro de cuentos de Julio Cortázar; así no habría escrito los malos cuentos que escribí cuando, siendo adolescente, quise escribir.

¿Cuál fue el primer libro que se compró y qué la hizo comprarlo?

Cuando gané mi primer sueldo en el Diario de Centro América gasté la mitad (quince quetzales) en comprar libros en la librería de Tuncho Granados. Los libros costaban, en ese tiempo, entre Q.1.50 y Q.5.00 los más caros. No compré nada de literatura porque en casa había una biblioteca grande. Compré tres libros de Arte que aún conservo. Papá era, además de periodista, pintor. Quería ver más reproducciones de cuadros famosos.

¿Qué libros relaciona con personas especiales en su vida?

Casi nadie me ha regalado libros, excepto un novio que tuve en la adolescencia que me regaló varias biografías: Catalina de Médici, Alejandro el Grande y otros personajes. También una de Napoleón, que “se perdió” entre manos amigas.

¿Cuál ha sido el libro más importante de los que le han regalado?

El primero que me dio mi padre. Era un diccionario de inglés para adolescentes, con ilustraciones fabulosas y papá pensó sobre todo en las ilustraciones. Con ese libro, antes de ir al colegio aprendí a leer algo de ese idioma. Es importante porque me di cuenta del gusto que tengo por poder leer en el idioma original un libro de autores ingleses o norteamericanos, franceses e italianos.

Aún hoy, su libro ‘Poemas de la izquierda erótica’ es visto como un emblema para el movimiento feminista, ¿había una clara intención de mover conciencias cuando lo escribió?

Naturalmente, pero si alguien examina mi vida se dará cuenta de que hay muchos aspectos de ese mover conciencias. La familia es importante. Mi abuelo paterno vivió toda su vida enamorado de la cultura maya quiché y a su lado descubrí las maravillas de ese pueblo. Poco tiempo después tuve conciencia de la discriminación  para los descendientes de los pueblos originarios. La mayoría de los lectores se dio cuenta solo del feminismo porque se sorprendieron o les chocó que utilizara palabras “que no se ven bien en boca de una mujer”.

¿Qué tan autobiográficos son sus libros?

Me parece que hasta hablando de flores o animalillos, los autores, cuando son honestos, están reflejando sus vidas, sus gustos, sus aversiones…

Su más reciente libro, ‘Antigua para principales’ son cuentos. ¿Cómo surgen estos relatos?

Como los poemas, que siempre he dicho que son Aliens, aquellos seres de una película de fines de los años 70 que surgían del pecho de uno de los seres humanos. Sobre la escritura, el único control que tengo es el que ya mencioné: dejar dormir unos días lo escrito para ver si vale la pena o se destruye completamente y se olvida para siempre. Algo se lee, algo se observa, algo se escucha…¿qué remueve en el interior de las personas?

¿Qué le falta por publicar?

Por el momento creo que tengo material para dos libros de poesía. Veremos. La biografía de alguien de mi familia, pero eso es una novela y las novelas son otra cosa. Se necesita tiempo, y además de escritora soy periodista y catedrática. Necesitaría encerrarme como hace un amigo mío, escritor que se encierra un día a la semana y hasta le dejan el almuerzo o cualquier comida en la puerta del estudio para no interrumpirlo.

¿Cómo ha sido para usted la experiencia de FILGUA?

¡Ah, FILGUA! Desde que se presentó el primer año en el Parque de la Industria ha sido uno de los placeres prohibidos de la vida. Digo prohibidos porque cada año, cuando sentía, había gastado en libros más dinero del que había pensado. Lo que a fin de cuentas no importaba porque el placer de leer, dura para siempre.

Pero me ha dado experiencias muy satisfactorias.  Por ejemplo ir a FILGUA con una de mis nietas para que escoja ella los libros que desea y que le he comprado con gran gusto. Desde que Dani estaba en primer año de la Universidad sus maestros, mis colegas, me decían que había que guardar sus trabajos, que estaban muy bien escritos. Jamás permitió que los leyera. Y sé que escribe pero tampoco enseña lo que crea.

Algún día, Dani va a dejarnos ver sus Aliens. Y voy a ser muy feliz…

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