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Literatura

Un autor olvidado, José María López Valdizón


Viaje al centro de los libros.

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El grupo de artistas Saker-Ti (Amanecer) surgió en los años de la Revolución guatemalteca y estuvo integrado por figuras reconocidas, siendo su principal teórico el quetzalteco Huberto Alvarado (1927-1974). En la plástica sobresalieron Juan Antonio Franco, Jacobo Rodríguez Padilla, Guillermo Grajeda Mena, entre otros, y en la literatura hubo varios autores que, al asumir la estética del realismo socialista y participar fervientemente al lado del proyecto político revolucionario, asumieron de tal manera la responsabilidad con la literatura comprometida como comunicación para lograr un propósito social que salieron al exilio después de la renuncia de Jacobo Árbenz, y algunos volvieron a la patria y se sumaron a la insurgencia de la época y murieron en la lucha armada, como fue el caso de un autor casi olvidado, José María López Valdizón (1929-1975). 

A los 24 años, en 1953, publicó la Editorial del Ministerio de Educación Pública su primer libro de cuentos: ‘Sudor y protesta’, con ilustraciones de Juan Antonio Franco, el gran pintor a quien en los años 80 visité con frecuencia en su estudio por el parque Morazán, para conversar sobre la creación y sus principios, y de quien tengo un óleo de gran estima, una especie de autorretrato pintando a una mujer escarabajo. Luego de la caída del gobierno revolucionario, salió al exilio a Sudamérica, y estando en Ecuador escribió una segunda obra, titulada ‘La carta’, que publicó tras su regreso a Guatemala, en 1958, en las Ediciones de la Unión de Escritores y Artistas de Guatemala, con una serie de grabados de Alicia Arenales, siguiendo el estilo de las ediciones de la década anterior, los publicados por Costa Amic, como ‘La cueva sin quietud’ de Mario Monteforte Toledo. En una especie de querer mantener lo que se hacía antes, fuera de lo gubernamental, porque la Unión mantuvo la costumbre y los libros se comercializaban en la librería Feria del Libro, en la 5a. avenida y 15 calle de la zona 1. El compromiso político es evidente en nueve cuentos llenos de preocupación social, añorando el sueño trunco, idealizando el agrarismo, el decreto 900, el sueño de repartir tierra para convertir a los jornaleros en propietarios y felices agricultores exitosos llevando al mercado sus productos, frutos jugosos, a comerciar ¿qué vendés, María?, ¿qué vendés, José? La obra se concentra en la representación de las privaciones, y son frecuentes las expresiones antagónicas como: “han cambiado los pastos pero no los mismos, los que nos trasquilan y nos degüellan”, o “el optimismo y el airado odio serán los dos filos de mi espada”, que conducían a contradicciones. También se lee en la actualidad con la simpatía nostálgica por los tiempos de la Unión Soviética y el McCartismo. Y entre líneas hay unas escenas extraordinarias, que reflejan el dolor trascendente del malogrado López Valdizón debido a las circunstancias. El cuentista dejó páginas perdurables sobre el magisterio en las áreas rurales, y sobre la forma de vida en la patria.

El libro fue prologado por Huberto Alvarado, quien más adelante se radicalizaría y en su manera de comentar la obra deja bien claro su pensamiento hacia la responsabilidad intelectual y el realismo.

Años más tarde, en 1961, López Valdizón ganó en Cuba el Premio Casa de las Américas con su obra ‘La vida rota’, que fue publicada en Guatemala por la Editorial Cultura.

La intensidad del grupo Saker-Ti involucró a los artistas en el campo de la lucha armada, donde pasaron a engrosar la estadística de víctimas. Su obra quedó trunca. Ya en 1958, nuestro autor había anunciado el libro de cuentos ‘Diario de un vendedor’, y la novela ‘Los otros son’, que ya no vimos realizadas. El conflicto armado pasó, se firmó la paz, y ahora, con el tiempo en medio, volver a leer a los autores de entonces permite descubrir la sensibilidad de una época intensa.

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