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Literatura

Dos grandes novelistas mexicanos


Viaje al centro de los libros.

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El Premio Herralde de Novela ha premiado a partir de su fundación, en los años 80 del siglo pasado, a figuras destacadas de Iberoamérica, destacando el chileno Roberto Bolaños con ‘Los detectives salvajes’, que fue un gran descubrimiento. También ganaron españoles como Javier Marías y Enrique Vila-Matas, o el peruano Alonso Cueto, y más cerca de nosotros, dos mexicanos de la segunda mitad del siglo XX, Juan Villoro (1956) y Daniel Sada (1953-2011), que escribieron sus obras cumbre en el nuevo milenio y obtuvieron el preciado galardón.

Villoro se formó bajo al magisterio de Tito Monterroso en sus talleres creativos, ha publicado cuento y es columnista de un diario en su país, así como estuvo en el servicio diplomático. Su novela ‘El testigo’ ganó el concurso en el 2004, que narra la historia de un intelectual mexicano que se marcha a Europa siendo joven y que tras una buena cantidad de años retorna a su país buscando las huellas del poeta Ramón López Velarde, ensombrecido por la culpa, arrastrando pequeños crímenes secretos, que nunca ha querido compartir con nadie, ni con su esposa, una bella italiana a quien los autores de moda de Latinoamérica viven persiguiendo como perros durante sus visitas al Viejo Mundo. La calumnia de niño y el plagio de joven son delitos inconfesos que le permitieron cumplir el sueño de partir y ganar, como perder el amor de una prima ya fallecida. Regresa a México solo, temeroso de enfrentar la casa materna y su pasado, y encuentra un México decadente, envuelto en la guerra de los cárteles de la droga, con amigos jugándole la vuelta al capital deshonroso, y lo invitan a participar en una telenovela que investiga una de las grandes injusticias ocultas al mundo por el PRI durante su reinado: la persecución y muerte de los cristeros. La Guerra Cristera está en la memoria secreta de los mexicanos, porque sus antepasados sufrieron la persecución y muerte en la defensa de su fe, y lo perdieron todo. Valdivieso acepta participar en la búsqueda y se sorprende cuando descubre que detrás de los interesados hay un grupo de fanáticos que pelean la canonización del poeta López Velarde, interesados en documentar los tres milagros básicos para poder iniciar los trámites. Es una novela sobrecogedora que deja una fuerte impresión en los lectores.

Y Daniel Sada (1953-2011), quien ganó el Herralde con Casi nunca’. Un verdadero gozo el lenguaje y la habilidad para contar. Dueño de una prosa muy particular, de un estilo fluido y sabroso, atrapa al lector no por lo que va contando, sino por la manera medio barroca de aproximarse a los hechos más sencillos para hacerlos trascender. Sada posee la virtud del buen contador de historias, porque cautiva.

La novela refiere una historia ocurrida en México a partir de 1946, contado desde la actualidad, lo que implica que en variedad de ocasiones el autor nos explique cómo era México en dichos años, o la Oaxaca tan próxima a nosotros, y el desierto en el norte. El territorio vecino es inmenso y el atraso profundo, y el lector se agota de solo pensar en lo que significa el recorrido que realiza Demetrio Sordo, de 3 días y sus noches, para llegar media hora a ver a la novia con quien solo ha cruzado dos palabras, y otra vez de regreso en trenes, buses, lanchas y carretas, a su lugar de trabajo. La relación del personaje con la novia es pura idealización, mientras que su relación con la prostituta a la que visita a diario en el burdel de Oaxaca es más cercana a la idea real del presente. La relación con su madre y la tía anciana que se quedó sola es deslumbrante. Demetrio es agrónomo, apreciado en el trabajo, gana bien, y anda de un lado al otro como alma en pena, debatiéndose entre las experiencias físicas de la vida moderna y el romanticismo tardío, con un discurso que asombra, divierte y entretiene. 

Los dos autores son muy recomendables, y los une la Editorial Anagrama, que publica a los premiados, y expone como una generación posterior a Carlos Fuentes y Rulfo. Villoro está en total actividad, Sada se marchó joven, pero en la primera década del milenio coincidieron con dos grandes libros, el mismo premio y el Premio Herralde.

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