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El Acordeón

El regreso de Jerry Seinfeld y compañía limitada


Desde el 1 de octubre están disponibles en streaming las nueve temporadas de Seinfield, la sitcom “sobre nada” que se volvió legendaria en los años 90 del siglo pasado, una ficción irreverente y graciosa que convoca a fans de todas las latitudes, genera culto en las redes y provoca una pregunta: ¿Quiénes serán sus nuevos televidentes?

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El mundo bien podría dividirse entre quienes vieron Seinfeld y quienes la desconocen o se negaron a ver las nueve temporadas de una serie de humor ácido, con toques despiadados y emociones fingidas o, por el contrario, exacerbadas. El humor de los 90 fue de las sitcoms que llegaban por cable y Seinfeld encabezaba ese pelotón de ficciones breves con chistes cada 10 segundos. Y ahora vuelve a estar como opción de culto en Netflix. ¿Va por la conquista de nuevos espectadores o solo vuelve para confirmar sus antiguos y fieles fans? Seinfeld se estrenó en 1989 y fue un éxito hasta su último capítulo en 1998. Estaba previsto que Seinfeld debutara en 2022 en la plataforma, pero luego se anunció que los 180 capítulos se podrían ver desde el próximo 1o. de octubre. Un dato contundente: el episodio final fue visto en vivo por más de 75 millones de espectadores en 1998.

La época de oro de la producción y emisión de Seinfeld compartió carteleras con otras que también fueron amadas, pero que no compitieron de igual a igual. Entonces conocimos las ingenuidades de Mad about you; la desfachatez de Ned and Stacey; el humor elegante de Frasier; la comedia blanca y muy exitosa de Friends; las locuras de Murphy Brown; el delirio de Third rock from the sun; o el humor cool de 30 Rock.

Seinfeld era el humor de la década que terminaba el siglo. Antes de que Bin Laden derribara las Torres Gemelas y que la segunda ola de lo políticamente correcto apuntara contra este tipo de humor que quedó guardado por un tiempo.

La era de la cancelación también la hubiera atacado. Sin embargo, el fenómeno Seinfeld era revisitado: lo pasaban frecuentemente en canales de series y luego se podían conseguir en mercados pirata de toda Latinoamérica donde vendían DVD con varios capítulos grabados. La serie ganó 10 premios Emmy y tres Globos de Oro a lo largo de sus nueve temporadas. Competían con Los Soprano al principio y luego con Mad Men, y al mismo tiempo con Doctor House en esa época en la que las audiencias de series recurrían a todo tipo de artilugios tecnológicos para ver un capítulo. Hace pocos meses, Seinfeld era emitida por Amazon Prime, ahora vuelve a otra plataforma con mucha promoción. ¿Qué dirán quienes nunca la vieron? ¿Cuál es el público posible? ¿Podrán entender la famosa anécdota de la presentación de la idea ante la cadena televisiva? “¿De qué se trata?”, preguntó el receptor de la propuesta en la NBC de Estados Unidos a Larry David y Jerry Seinfeld cuando le llevaron el proyecto de sitcom. “Es media hora acerca de nada”, dijeron. Silencio.

Comenzar a ver una sitcom no es una tarea fácil. No se puede picotear, ver si interesa con solo unos minutos frente a la pantalla. Tampoco sufrirla a la espera de una sonrisa. Hay que conocer los personajes, esperar que maduren, que encuentren su forma y que los actores sepan explotarlos. Una vez que nos compenetramos con los principales personajes vamos a estar en condiciones de definir si nos gusta o no esa comedia de situación. Con Seinfeld también es así: los primeros capítulos apenas provocan miradas tiernas ante George Costanza (Jason Alexander), la amiga y exnovia de Jerry, Elaine Benes (Julia Louis-Dreyfus), el vecino al otro lado del pasillo, Cosmo Kramer (Michael Richards).

Son torpes, dubitativos, a veces decadentes. Pero también pueden ser crueles, interesados, discriminadores, esnobs y cometer todos los pecados posibles por los que no podrían superar un examen de los canceladores del siglo XXI. Sin embargo, sortean estas vallas con bastante facilidad.

En pocos capítulos la trama se distiende, los personajes se encuentran y van diseñando un juego que compromete a un espectador un tanto morboso y dispuesto a una cuota de chistes un poco salvajes. Si uno persistió en el intento, podrá comenzar a disfrutar de ese humor por momentos superfluo o rebuscado, asentado en el universo neoyorquino, específicamente en el Upper West Side de Manhattan, donde se ubica el departamento de Jerry Seinfeld y la cafetería que es punto de reunión de los protagonistas y los universos que los rodean.

Seinfeld es un fenómeno de popularidad global pero no es masivo. En principio solo tiene para ofrecer pasajes y momentos de una intimidad que a veces se vuelve repetitiva aunque efectiva y contagiosa como una risa que se vuelve irresistible. Una novia de Jerry que come demasiada carne es motivo de burla; los jefes de Elaine y George son personajes caricaturescos; los rebusques y manías de Kramer se vuelven parte de un museo de lo ridículo. Hay situaciones similares con los personajes que los rodean como los padres y madres de Jerry y de George o el insistente Newman que trabaja orgullosamente para el correo de EE. UU.

La endogamia amistosa es una actitud adolescente recargada. Todos le hacen bullying a las parejas de los otros, solo hay lugar para ellos cuatro. Las novias son siempre maniáticas, infantiles, obsesivas. Los novios de Elaine son psicópatas, aburridos, estrambóticos. Ninguno perdura en esas relaciones, aunque tampoco lo desean. Uno ve sitcoms para entrar en la situación inesperada, divertida, pero no necesariamente acepta el patetismo de los otros porque teme verse reflejado. Ok, Seinfeld muestra ese patetismo de los cuatro protagonistas y uno puede, finalmente, verse reflejado y reírse de ellos y tal vez de sí mismo. Sigamos: casi siempre son infelices en el amor, el trabajo, la realización, el dinero, el reconocimiento de los otros, las otras amistades. Todo eso fue siempre propuesto y entendido como una comedia sobre “nada”. “Nada” no es otra cosa que la vida misma.

Uno de los capítulos de culto mundial es el que está dedicado a una celebración de fin de año llamada “Festivus”, que, en realidad, parte de un hecho real. El rito fue creado por el escritor Dan O’Keefe e introducido a la cultura popular por su hijo Daniel, guionista de Seinfeld…

Se trata de una celebración del 23 de diciembre que funciona como alternativa a las festividades tradicionales y que la familia de George festeja indefectiblemente y consiste en desahogarse en insultos, agravios, reproches y reclamos durante la cena de Festivus. Cada persona le dice a todo el que tiene enfrente todas las veces que los han decepcionado en el último año. La celebración de Festivus incluye una cena Festivus, y un tubo de aluminio sin adornos llamado poste de Festivus. El culto no se hizo esperar y es un ritual celebrado en rincones insólitos del mundo.

Suele insistirse con que la sitcom gira alrededor de la idea de que es una comedia sobre nada, tal como ellos mismos la publicitaron y hasta recrearon en un capítulo representando ese momento en el que llevaron la idea a las oficinas de la mismísima cadena NBC donde se hizo la serie. La nada como concepto se vuelve superior: son sus propias vidas las que se ven en la pantalla. Y nosotros, fans y seguidores de Seinfeld, nos vemos allí reflejados. Más como pesadilla que como sueño.

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