[theme-my-login default_action="register" show_links="0"]

¿Perdiste tu contrseña? Ingresa tu correo electrónico. Recibirás un correo para crear una nueva contrseña.

[theme-my-login default_action="lostpassword" show_links="0"]

Regresar

Cerrar

Publicidad

El Acordeón

Del “Infierno” de Dante a los infiernos de Gramsci, de Pasolini y más allá


Ambos sentaron sobre sus rodillas a la belleza, como quien cuenta un cuento a una niña, pero la vida es retorcida, curvilínea, ondulante y, muchas veces, oscura, por eso para volver a ver a la belleza, para seguir insistiendo en ella, es inevitable transitar el mundo y atravesar el infierno.

foto-articulo-El Acordeón

Hay obras capaces de dar tanto de sí que, sin exagerar, puede decirse seguirán haciéndolo y que por ello son inagotables; una de esas es, sin duda, la obra del poeta medieval florentino Dante Alighieri.

Prueba de eso es que hace poco más de un siglo, en 1920, Benedetto Croce publicó su libro La poesía de Dante, seguro lo hizo pensando en el año siguiente, en 1921 (justo hace un siglo), cuando se cumplirían 600 años de la muerte del poeta (ahora se cumplen 700).

Como reacción a esta publicación es que Antonio Gramsci se enfrenta a Croce: el encontronazo es complejo, difícil, enrevesado, pero también es de fundamental actualidad hace cien años y ahora; la
disputa fue todo lo que tenía que ser entre estos dos filósofos que solían volar, ambos, a gran altura.

El pretexto para el desacuerdo entre Croce y Gramsci es el controversial asunto del canto décimo del Infierno.

Como se sabe, Croce es desde 1902, año de la publicación de su Estética, una figura prominente; en su nuevo libro sobre Dante vuelve, como lo ha hecho antes, a Kant, a lo sublime entendido como el en sí puro del arte por el arte, todo de acuerdo con la tercera crítica kantiana; de modo que, según Croce, solo lo sublime puede ser poesía, entendida como un fin en sí misma, sin un fin ajeno ni concreto, darle a la poesía un fin como lo político sería una contaminación, una impureza: la poesía, de acuerdo con Croce, es la expresión pura de la sensibilidad, no de la razón.

A propósito del asunto que contiene el canto décimo del Infierno, Gramsci desbarata lo propuesto por Croce, y su punto es un enfrentamiento decisivo, porque los condenados en el infierno siguen sintiendo, palpitando y, por ende, viviendo los mismos problemas que tenían en la tierra, en la vida mundana, como quien dice: la pureza es ficticia.

En el canto décimo del Infierno, la ubicación es el sexto círculo, que está destinado a los herejes; allí Dante y Virgilio encuentran a Farinata degli Uberti y a Cavalcante dei Cavalcanti, dos florentinos que son respectivamente el suegro y el padre de Guido dei Cavalcanti, un filósofo y poeta, contemporáneo y amigo de Dante; tanto Farinata como Cavalcante son dos aristócratas adscritos a facciones opuestas en el escenario de la lucha por los poderes en el Dominium Mundi del Medievo: uno gibelino y güelfo el otro; están en el sexto círculo del infierno por herejes: el primero por levantarse contra el Papa y no creer en la inmortalidad del alma, y el segundo por sobrestimar la razón humana.

El conflicto entre gibelinos y güelfos se originó durante la Edad Media en Alemania o, entonces, algunos ducados de Germania, pero luego se generalizó a diversas partes de Europa, sobre todo de Italia; este enfrentamiento perduró casi 200 años, de modo que para su época fue un fenómeno político y militar de gran resonancia, sus ecos provocaron consecuencias indelebles sobre la unidad y la fragmentación de Alemania e Italia sobre todo, aunque también del resto de Europa; de modo que, para Gramsci y algunos otros, ese enfrentamiento entre gibelinos y güelfos, de alguna forma, prefigura y define la escisión política moderna entre izquierda y derecha.

Quien conozca los Cuadernos de la cárcel, de Antonio Gramsci, sabrá que él escribe solo en su celda con una memoria inmensa y una erudita tenacidad recordando, por ejemplo, que Plinio, a su vez, recuerda una pintura de los muros de Pompeya que representa el sacrificio de Ifigenia en el cual está velado el rostro de su padre, Agamenón; justo como en la escena citada del canto décimo del Infierno de La Divina Comedia está velado, oculto, invisible Guido dei Cavalcanti, el amigo de Dante, y solo aparecen recordándolo y echándolo de menos su suegro y su padre.

Gramsci quiere polemizar y demostrar, de una forma radical, que los representantes de una facción política pueden usar las destrezas poéticas y el gusto artístico para decir cosas o sugerir ideas o dirimir conflictos políticos o sociales; eso sí, marcando la hegemonía de un grupo sobre otro; de hecho, Antonio Gramsci va directamente a degüello contra Benedetto Croce, esa especie de cardenal teñido de púrpura, cargado de un aroma a viejo y a rancio idealismo.

Gramsci, como Dante, debió sentirse como un renegado, como un apóstata, como un vencido en la guerra de las clases, no como un pecador por sensualismo o por maldad; en todo caso, si Gramsci cometió alguna falta, esa fue la altivez, que en la Edad Media hubiese sido algo así como el maniqueísmo, aunque su condena fue más bien por bolchevique, al querer ver y conquistar el futuro.

Si Gramsci fue a parar al infierno de los herejes, si dudó de la inmortalidad del alma, su altivez lo llevó a concebir esto a su modo, en un sentido realista e historicista, como algo que pasa por encima del individuo hacia el proceso histórico universal.

De existir el infierno, Gramsci sufrirá su juicio final y su derrota preso en la cárcel fascista de Mussolini, empecinado en el claro propósito de que su cerebro no deje de funcionar pensando, entendiendo, sintiendo el tiempo que le ha tocado vivir, al hacer eco de la afirmación del Dieciocho de Brumario: “Una revolución no puede sacar poesía de su pasado, sino solo del porvenir; no se puede iniciar la tarea sin antes despojarse de la veneración supersticiosa del pasado”.

“Intermezzo”

Pero no todo son estudios medievales ni disputas políticas serias y encarnizadas, las cosas llegan más allá o más acá, según como se vea, y por ahí, llegar hasta el sarcasmo, la gracia, el humor y la imaginación, porque Dante también tenía mucho de todo eso. 

¿Qué podría imaginar un guatemalteco del infierno…? ¿Cuál sería el infierno de Guatemala…? Bien podría comenzar a contarse por una escena como la siguiente: en medio de feroces llamas, alguien sin su cabeza, con su propia cabeza bajo el brazo, le da la bienvenida a un recién llegado al infierno, quien va llegando con un palo de golf sobre el hombro… por ejemplo.

II)

Pier Paolo Pasolini fue un marxista cristiano que perteneció al Partido Comunista Italiano, del que fue expulsado por actos impuros (¿vergüenza para quién…?); Pasolini fue un hombre que atravesó, sin rehuirlo, por los calvarios o infiernos de la política, del comunismo y del cristianismo, después de lo cual, cada vez, parece estar más claro que estas travesías fueron un anticipo de su violento final.

De manera silenciosa, Pasolini emprende la escritura de lo que hoy se conoce como su último libro: La Divina Mimesis. Consiste en un esfuerzo por reunir un recorrido artístico y político hecho para interpretar, sobre todo, a las sociedades capitalistas y desarrolladas: manipulaciones políticas, financieras y sociales que, al ser tratadas, afectan intereses que Pasolini no desconocía, sino todo lo contrario, conocía muy bien.

En última instancia La Divina Mimesis está inspirado en La Divina Comedia, de Dante, en la medida en que Pasolini encuentra que el fuego del infierno del poeta medieval sigue vigente, sigue bien atizado y ardiendo, que el fuego de la pasión surge al atravesar los calvarios terrenales, incluyendo, desde luego, la pasión por la lectura.

Pasolini saca el término “mimesis” de la obra homónima y clásica de Erich Auerbach, para quien Dante funciona como una suerte de bisagra, en la historia de la literatura occidental, ante todo por desmarcarse del latín, para escribir su obra en lengua toscana; o sea, un claro gesto político al escoger y optar por la distancia respecto a la lengua hegemónica, y nunca mejor dicho que con esta palabra, habiendo transitado a través de Antonio Gramsci.

Además, Pasolini aspira a conseguir y obtener todas las consecuencias del acto mimético: imitar un acto en el que Dante conjugó y articuló lo sagrado y lo profano, lo mundano y lo sublime, lo visceral y lo teológico, lo poético y lo narrativo, el castigo y la gracia, porque para Pasolini, siendo quien era, Dante es como un cineasta que crea imágenes vivas, visuales y poderosas, para dar sentido y continuidad a su concepción del mundo, de la que no están, para nada, lejos las circunstancias y los asuntos políticos; todo lo cual lo acerca al poeta florentino.

¿La cercanía con otro como Dante, con otro personaje, es algo que surge de forma espontánea, o bien, es algo que se busca de forma deliberada y claramente intencional…? ¿… esta cercanía es algo a lo que se va llegando poco a poco y por tanteos, o bien, es algo que sucede como quien de golpe se sumerge en la figura del otro…? Para Pasolini, el camino hacia Dante fue gradual, espontáneo y paso a paso: diez años antes de su muerte escribió un ensayo llamado La voluntad de Dante de ser poeta, tratando acerca de la importancia de sus operaciones lingüísticas; luego, seis años después, cuatro años antes de morir, filma su Decameron, sobre el libro de Boccaccio, quien, a su vez, fue el primer biógrafo de Dante; en esa película, el propio Pasolini, siendo el director de la misma, actúa en ella interpretando el papel de Giotto, quien fuera amigo de Dante e ilustrador de La Divina Comedia.

Diversos y múltiples géneros fueron ejercidos por Pasolini en su larga obsesión por Dante… Cualquiera que escribe o que lo intenta siente que su escritura no llegará a ser definitiva, plena, inmortal; por eso, a pesar de que solo busque la fijación de su trabajo, en el fondo, busca la desaparición de sí, de ese sí mismo que escribe, y esto sucede escudándose en otro que es como un faro, como un santo patrón.

Almas gemelas, espíritus afines, artistas políticos, escritores militantes; más allá de la distancia de siglos, más allá de la diferencia entre el mundo medieval y el mundo moderno, ambos, Dante y Pasolini, se convirtieron en artistas, una vez que perdieron la inocencia, lo cual, en sí mismo, es un drama: ambos sentaron sobre sus rodillas a la belleza, como quien cuenta un cuento a una niña, pero la vida es retorcida, curvilínea, ondulante y, muchas veces, oscura, por eso para volver a ver a la belleza, para seguir insistiendo en ella, es inevitable transitar el mundo y atravesar el infierno.

El deseo por la belleza es salvaje y violento, también, es infinito, no tiene fin, por eso la escenografía de Dante se actualiza una y otra vez, pese a la hediondez del mundo, a las maniobras del poder, a las fronteras del tipo que sean y a los campos de exterminio.

Publicidad


Esto te puede interesar

noticia AFP/EFE
EE. UU. mantiene las restricciones a viajes por la variante Delta

La Unión Europea reabrió sus fronteras en junio a los viajeros estadounidenses y pide reciprocidad.

noticia Europa Press
Filman una hipnótica manga de agua cerca de una playa en Australia

Pese a que el fenómeno es más común de lo que se pueda pensar, el mismo no deja de sorprender.

noticia Luisa Paredes / elPeriódico
SAT denuncia falsificación de firmas de funcionarios

Integrantes de red criminal se hacen pasar por agentes aduaneros y realizan cobros ilegales.



Más en esta sección

Los videojuegos aseguran la primera experiencia laboral de jóvenes uruguayos

otras-noticias

Empresas como Twitter y HP se comprometen a la neutralidad carbónica en 2040

otras-noticias

Mahou San Miguel y Glovo se unen al compromiso por el clima de Amazon

otras-noticias

Publicidad