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El Acordeón

Francisco Morales Santos ante el futuro


Luego de abandonar la dirección de la Editorial Cultura, el premio nacional de Literatura 1998 nos dice que vive con intensidad el presente en el que rescata las vivencias del pasado y proyecta con ilusión sus próximos pasos.

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Luego de 21 años al frente de Editorial Cultura, el escritor Francisco Morales Santos (Ciudad Vieja, Sacatepéquez, octubre de 1940) enfrenta una etapa llena de proyectos que incluye publicaciones de las que habla con entusiasmo.
El autor trabaja en completar con pies de página un texto acerca de Rafael Landívar. Otros de sus proyectos son escribir sus memorias y un libro acerca de su esposa, la pintora Isabel Ruiz (1946-2019). De este último dice: “Pienso que estará para el año próximo”.

También, ya lo contaba en el mensaje que compartió en su página de Facebook, para despedirse como director de Editorial Cultura, sus planes incluyen escribir cuentos, además de poemas y narraciones para niños. Todo eso y más se suma a su propósito de crear su propia editorial. Para esto último le hace falta financiamiento, pero afirma con convicción que espera lograrlo.

Una misión satisfactoria

Al hacer el balance de los años dedicados a la Editorial Cultura expresa: “Todo se resume en una sola palabra: satisfacción. Hubo un momento en que (la editorial) se convirtió en referente de la literatura guatemalteca contemporánea, porque estuvo abierta a nuevas propuestas de los jóvenes en todos los géneros literarios, con el único requisito de que tuvieran calidad”.

Hubo un tiempo en el que algunos de quienes recibieron ese impulso hicieron una página de Facebook que se llamaba A mí también me publicó ‘Paco’ Morales Santos. Entre otros nombres se encontraban Juan Pablo Dardón, Julio Serrano, Vania Vargas, Carmen Lucía Alvarado, Luis Méndez Salinas y Julio Calvo.

Durante la gestión del literato se publicaron entre 20 y 25 títulos al año. El trabajo de la editorial se encaminó en dos rutas: el impulso a escritores emergentes y dar a conocer obras y autores establecidos entre las nuevas generaciones.
Entre los trabajos antológicos que la editorial realizó durante su administración se cuentan la recopilación de la poesía de Luz Méndez de la Vega y tres obras de David Vela. Otros logros incluyeron la publicación de las antologías que se hicieron cuando Guatemala fue el país invitado a la Feria Internacional del Libro de Santo Domingo, República Dominicana, en 2018.

La editorial también publicó clásicos de la lengua española, como el peruano César Vallejo, el español Miguel Hernández y el chileno Pablo Neruda. Este último con el libro Comiendo en Hungría, que escribió al alimón con Miguel Ángel Asturias.

El escritor refiere que lo más difícil de su trabajo en la casa editora estatal fue “trabajar con cascaritas de huevo” al referirse al limitado presupuesto asignado a esa unidad. Recuerda que al principio de su gestión un presidente le ofreció cambiar esa situación. “Todo el tiempo estuve esperando”, añade.

Los mentores y compañeros

El ganador del premio nacional de Literatura Miguel Ángel Asturias 1998 recuerda a personajes que le impulsaron desde temprana edad.

El primero de ellos fue su maestro de cuarto grado Fidencio Méndez. Recuerda el escritor que el docente llevaba a sus alumnos a hacer una caminata para impartir la clase de botánica. En el camino iba describiendo los tipos de hojas que se encontraban. Luego, les pedía que escribieran una composición. “A mí me gustaba ser detallista y él se fijó en eso.

Me regaló el libro La dramática vida de Rubén Darío, de Edelberto Torres. Luego de su lectura y de los resúmenes de clase descubrí que podía hilvanar historias”, rememora.

Ya en la secundaria conoció a José Félix López, quien era alumno del mismo establecimiento en el que estudiaba, pero iba dos grados antes que él. A pesar de ello se identificaron rápidamente por sus mutuos intereses. “Me dijo: Vamos al semanario Antigua a ver si podemos colaborar”. Los jóvenes tuvieron éxito en su intento. Entonces hicieron un trato: una semana Morales Santos escribía prosa y López poesía, y la siguiente, viceversa. Estas fueron las primeras publicaciones de sus trabajos en un medio impreso.

López fue también quien tuvo la iniciativa de que juntos fueran a conocer a César Brañas, a su casa en La Antigua.

Llegaron, se presentaron y mantuvieron pláticas con él. Con el tiempo, Morales Santos se volvió visitante asiduo del poeta que realizó una labor de difusión de nuevos talentos en la página editorial de El Imparcial. De él cuenta: “fue muy generoso conmigo. Empezó a regalarme libros. El primero que me obsequió fue Don Segundo Sombra, de Ricardo Güiraldes”.

Con el apoyo de Brañas, Morales Santos empezó a formar su biblioteca, la cual en sus inicios tenía precisamente los libros que le obsequiaba el poeta antigüeño y algunos volúmenes que el propio estudiante había adquirido en una miscelánea cercana a su colegio. Entre estos figuraban varios de Ciencias Naturales escritos por el español Orestes Cendrero.

Con el tiempo, cuenta, dejó de comprar libros porque viajaba a muchos festivales literarios, y ahí autores y editores le obsequiaban sus obras. “Una vez fui a Ecuador a un festival que recorrió varias provincias y me regalaban libros. Tuve que comprar una maleta”, recuerda. Lo mismo le sucedió en Venezuela.

Siete escritores y un “Nuevo Signo”

Morales cuenta que, ya graduado, le costó conseguir trabajo en la ciudad, y laboró en un bufete de abogados, porque no quería volver a La Antigua Guatemala, en donde solo habían empleos de hotelería. Se reencontró con José Félix López, quien trabajaba en Espectáculos Púbicos y él lo llamó para trabajar en esa dependencia. Más adelante, obtuvo una plaza en la Dirección de Bellas Artes.

Trabajaba ahí cuando envió un poemario para ser publicado dentro de una colección de la Universidad de San Carlos. Al no tener respuesta, pensó en dar a conocer sus escritos de manera independiente. Para ello decidió imprimir en un miméografo de su oficina.

Al ver el resultado, Delia Quiñónez, quien trabajaba ahí también, quiso hacer lo propio. Poco a poco se unieron Antonio Brañas, José Luis Villatoro, Luis Alfredo Arango, Julio Fausto Aguilera y Roberto Obregón. Entre 1968 y 1970 impulsaron, además de sus publicaciones, discusiones y actividades culturales.

La desaparición forzada de Roberto Obregón los hizo dispersarse, aunque cada uno continuó con su actividad literaria. En 1975 se reunieron y publicaron cuatro ediciones de la revista La Gran Flauta.

Morales Santos señala que una convicción que tuvo Nuevo Signo fue no darle la espalda a quienes vienen atrás. “A nosotros nos tocó crecer solos, porque luego que terminaron los 10 años de primavera democrática, la mayoría de los grandes escritores se fueron al exilio”, añade.

Inspiración familiar

En cuanto a su vida familiar, Morales Santos relata que, durante su primera exposición, Isabel Ruiz se vistió de blanco porque dijo que se casaba con el arte. Por eso, al contraer matrimonio con él, se vistió de rojo porque se casaba por amor. La ceremonia religiosa fue oficiada por el sacerdote José María Ruiz Furlán, el conocido Padre Chemita, que no era exactamente un religioso convencional.

De su matrimonio de cinco décadas, el poeta recuerda que ambos se apoyaban, intercambiaban opiniones acerca de sus trabajos y siempre se respetaron mucho.

Los hijos y nietos también han sido inspiración para el literato. Pensando precisamente en ellos escribió su libro Ajonjolí, cuando se encontraba en una de las dos residencias en las que participó en Saratoga, en Nueva York. En la segunda escribió Árbol de pájaros. Entre sus libros dirigidos al público infantil también destacan publicaciones hechas para la Unesco, El Popol Vuh para niños, Estampas del Popol Vuh y Cuentos de la tradición oral, entre muchos más.

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