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El Acordeón

Hans Küng, “el incómodo”


Hans Küng, el teólogo incómodo, murió el pasado 6 de abril en Tubinga, Alemania, a la edad de 93 años. Fue una suerte de enfant terrible de la Iglesia católica, de una Iglesia de la que nunca quiso apartarse, y a la que quiso reformar en profundidad.

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El teólogo suizo Hans Küng fue muy popular en otras épocas, pero su voz se había alejado o, más bien, silenciado, tal vez, porque cuanto había dicho o alegado o denunciado llegó a ser notorio o visible o evidente, durante los últimos años.

Hans Küng, el teólogo incómodo, murió el pasado 6 de abril en Tubinga, Alemania a la edad de 93 años, había nacido en 1927; él fue una suerte de enfant terrible de la Iglesia católica, de una Iglesia de la que nunca quiso apartarse, y a la que quiso reformar en profundidad dentro del espíritu de Concilio Vaticano II, al que él permaneció enganchado durante toda su vida.

Küng fue ordenado sacerdote desde 1954 en la Catedral de San Pedro en Roma, y casi desde entonces su vida estuvo marcada por los encontronazos con la más alta jerarquía de la Iglesia, pese a lo cual, siempre subrayó su fidelidad a ella, eso sí, una fidelidad y una lealtad turbulenta y rebelde; por eso siempre se ocupó de insistir en que nunca fue suspendido a divinis (jamás le fue prohibida la celebración de la misa ni la administración de los sacramentos).

Por el contrario, Küng siempre permaneció al interior, dando cuerpo y sentido a lo que entendía como “catolicismo crítico”, enfrentando lo que se viniese encima: la deserción de los fieles de los templos y lugares de culto, la creciente secularización de la sociedad occidental, la reducción drástica de los candidatos a los seminarios de formación, la ola de escándalos sexuales por parte de los sacerdotes, etc.

Siempre practicó una actitud que él entendía como una lealtad atenta y vigilante, y eso mismo fue lo que convirtió su voz en la de una teología en lucha y pie de guerra para volver al espíritu de los años sesenta del siglo XX, y a los avances propuestos por el Concilio Vaticano II.

La crisis de confianza en los fieles no se halla en ellos, sino en la jerarquía romana, y no en los avances propuestos, sino en la traición a ellos, en la deserción de la Iglesia de los principios del Concilio referido; todo ello Küng lo percibe desde el pontificado de Paulo VI (1964-1978) y que se traduce claramente, para sus ojos, a través de la encíclica Humanae Vitae (1968), que condena de forma radical todo método artificial para el control de los nacimientos.

Es la curia romana la que ha provocado esta distancia abismal con respecto a sus fieles, diría Küng.

La personificación de todo eso, Hans Küng se la representa a través del itinerario de otro teólogo, contemporáneo suyo, quien fuera su compañero y condiscípulo durante los años de estudios y juventud, en Tubinga, un alemán de Baviera llamado Joseph Ratzinger, y que llegase a ser el Papa número 265 de la Iglesia romana, en abril de 2005.

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