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El Acordeón

CSI Baker Street


La novela negra y de misterio es un intento por oponer la razón a la sinrazón, un intento por poner a competir al orden con el desorden, un intento por pulsear y medir la fuerza de aquello que persigue la justa proporción en contra de aquello que puede reconocerse como desproporcionado, en fin: la ley y el delito.

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Si somos capaces de reconocer algo, que por lo demás, no puede negarse (a pesar de que tal vez nos resulte sorprendente), puede que estemos encaminados a entender la potencia de la novela negra y de misterio; ese hecho que no podemos negar es el siguiente: “la lógica es más vieja que el cristianismo”. 

Eso es innegable si pensamos algo elemental (como lo diría el famoso Sherlock Holmes) quien, para más datos, fijó su residencia en el 221B de Baker Street en Londres. 

Los hechos anotados resultan innegables y elementales, tan sólo si recordamos que Aristóteles es un personaje de la antigüedad griega, del siglo IV a. C., y que fue él quien diseño y postuló la lógica; de donde ya solo queda un paso para discernir que la lógica, entendida como estructura formal del saber, ha tenido más tiempo que el propio cristianismo para incorporarse y afianzarse en la conciencia del hombre occidental; lo cual, sin dejar de ser un secreto para nadie, cuando menos y como poco, no deja de ser sorprendente.

Por aparte, también conviene considerar que si la novela es producto del mundo moderno; y, también, si de cualquier modo, todo comenzó con Cervantes, resulta entonces que la novela negra y de misterio (al ser urbana y descriptiva del orden burgués) podría ser catalogada como algo doblemente moderno; a lo mejor puede llegar a decirse que Edgar Allan Poe es a la novela de misterio, lo que Miguel de Cervantes es a la novela en general.

Sin embargo, la verdad de las cosas es que ni la novela de misterio se ha quedado en Poe ni la novela en general se ha quedado en Cervantes, ambas han dado de sí y ambas han buscado, encontrado y andado sus caminos, así como también ambas han encontrado a sus santos patronos, a sus diáconos y a sus oficiantes, además de sus ritos y liturgias.

Hoy por hoy, la novela de misterio es una diversidad de manifestaciones de algo que ha venido dándose cada vez con más fuerza y expresándose cada vez con más énfasis, incluso, es ella una forma de expresión que ha ido pasando de una cultura a otra y, de tal forma, de una lengua a otra; los italianos han llegado a nombrar este fenómeno con un nombre muy curioso, le han llamado “giallo”, que significa amarillo; al parecer este tipo de novelas eran publicadas en esa lengua con portadas de ese color.

Pese a todo, este género, sus variaciones y derivaciones han alcanzado su mayor desarrollo y su más alta expresión en lengua inglesa lo que, por otro lado, tampoco es tan raro porque en el inglés está su origen, gente como Edgar Poe, Arthur Connan Doyle, Willkie Collins, Gilbert Keith Chesterton, Agatha Christie, Ellery Queen, Dashiell Hammett, Raymond Chandler, Patricia Highsmith han escrito en inglés y al hacerlo han fijado las pautas, los códigos y los moldes que otras lenguas han imitado, ampliado y diversificado.

Quizá las frías islas británicas, como la frialdad de la ironía y el sentido práctico de los ingleses han ayudado para que este género dé de sí y consiga la expansión que, en efecto, ha logrado, hasta el punto en que el blanco y el negro del papel y la tinta vayan pasando, transitando y llegando a los colores y la flexibilidad del celuloide, para luego arribar a las ondas y la órbitas de los satélites de la televisión de última generación.

Actualmente, nadie ignora que la atención del gran público ha sido capturada por una serie de programaciones televisivas identificadas con las iniciales “CSI”, por las siglas en inglés de algo que en castellano más o menos diría “investigación de la escena del crimen”.

Sin importar que alguien esté muy poco interesado, sin importar que algún otro esté muy desorientado o, incluso, muy desinformado, todos podemos ratificar que la novela negra y de misterio es un intento por oponer la razón a la sinrazón, un intento por poner a competir al orden con el desorden, un intento por pulsear y medir la fuerza de aquello que persigue la justa proporción en contra de aquello que puede reconocerse como desproporcionado, en fin: la ley y el delito.

En suma, la novela de misterio desea que se enfrente el orden y las buenas costumbres del tranquilo e impasible burgués bien pensante contra, nada más y nada menos, que el crimen; seguramente por eso encontramos tanto gusto en enfrentar, en un ámbito tan ancho como el universo, al bien con el lado oscuro, sin duda el mundo en que vivimos obliga a algunos a estos excesos.

Cuando surgía la época en que el hombre moderno comenzaba a transitar su ruta también comenzaba a advertir las mezclas y combinaciones del claroscuro, a William Shakespeare se le ocurrió dar cuenta de ello, mediante la dramática y turbulenta historia de su reino, en uno de esos dramas, alguno de esos reyes a quien él convierte en personaje, envuelto en la atmósfera de envidia y ambición provocadas por la guerra fratricida que enfrentó a la rama Lancaster contra la York del linaje Plantagenet, afirma: “La época terrible que vivimos nos lleva a hacer cosas terribles”.

De cierta forma, Cervantes también da cuenta de ese mismo mundo terrible, pero no con la fiebre de la poesía, sino en la temperatura media de la narración.

Sería más tarde que el crimen y la narración iban a unirse, bajo el manto del inglés, en la novela negra y de misterio, para dar cuenta de ese mundo hecho de envidia y ambición del cual, en su inicio, se ocuparon Cervantes y Shakespeare; y que luego llega hasta nosotros para convertirnos en lo que somos e, incluso, para invadir nuestros divertimentos televisivos a través de la fórmula del “CSI”.

Pero la verdad es que, visto lo visto, nada es tan nuevo por novedoso que parezca, porque todos los métodos de que hace alarde la novela negra y de misterio, ya sea la evidencia o la comprobación o la demostración o todos, esos son los métodos de la ciencia alimentada y nutrida por la viejísima lógica aristotélica (según se afirmaba al inicio), ahora destinada al mantenimiento del orden burgués contra el desorden del crimen.

El punto es que, cuando se ve el camino recorrido por esta ruta, surge la tentación de suponer que los ingleses al contemplar la programación de la nueva televisión norteamericana, bien pudieron verse orientados a argumentar y cuestionar: ¿Dónde está lo nuevo…? Nosotros desde hace más de cien años tenemos muy bien formulado algo que fácilmente podría llamarse: CSI. Baker Street.

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