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El Acordeón

¿Hay que estar vivo para hacer negocios o hay que hacer negocios para estar vivo…?


Somos iguales en algo, pese a ser diferentes en tantas cosas, porque todos por igual estamos vivos en el mundo y, porque, al estar vivos en el mundo, todos vamos irremediablemente hacia el mismo fin

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Apesar de que algunos la dan por cerrada y terminada, la diferencia entre derecha e izquierda sigue tan vigente como hace décadas y, tal vez hasta más viva que antes, porque sin que haya guerra fría o caliente este diferendo persiste en todas las discusiones políticas reales, virtuales y subliminales.

Lo más normal sigue siendo que todo cuanto se conjetura, se planifica y se discute continúe pasando por los matices del conservadurismo o de la renovación, de la derecha o la izquierda, tal vez los matices se hayan ido suavizando y las maneras se hayan ido argumentando más; quizá, ya no haya un senador McCarthy, y tampoco, un miembro del buró político central de nombre Lavrenti Beria; sin embargo la diferencia entre la derecha y la izquierda sigue siendo significativa, y lejos está de ser un tema obsoleto o el puro residuo de un pasado remoto.

Los ciudadanos de todo el mundo siguen interesados en los términos de la derecha y de la izquierda, toda vez que las decisiones políticas, partidarias y electorales se siguen tomando, en gran medida, sobre la base de esta diferencia; lo cual es tan cierto que tales efectos, incluso continúan impactando en lugares en donde la democracia representativa es azotada por la corrupción; el desprestigio de quienes han pasado por cargos públicos es creciente, continuo, exponencial y casi total, allí, en donde un sospechoso sustituye a otro de dudosa reputación, en una serie de recambios que se sucede por la vía del declive.

Alguien como yo, quien para nada tiene que ser un caso original, ni especial, ni singular, porque como tantos otros que nos hemos criado en este país llamado Guatemala, hemos pasado la mayor parte de la vida bajo gobiernos autoritarios y clasistas, cuándo no sometidos, manipulados o hipócritas; motivos por los que he tendido, más bien, a la renovación, lo cual se explica porque, al haber vivido bajo esas condiciones hay que ser necio, ciego u obtuso para reaccionar de otro modo.

Sin embargo, no por ello he sentido jamás alguna pizca de simpatía por el autoritarismo de izquierda, como el soviético, el cubano o el venezolano actual, lo cual se explica también porque al vivir bajo tales regímenes y, no obstante, justificarlos o disculparlos, hay que ser igual de necio, ciego u obtuso.

Afirmar, por ejemplo, que la desaparición de alguien como el Che Guevara equivale a la desaparición de un apóstol, un profeta o un mesías, francamente, me parece un enunciado bastante imbécil.

Por todo eso, vale la pena preguntarse ¿qué significa, hoy por hoy, tender hacia la renovación, o bien, izquierda…? En primer lugar sería algo que depende de las circunstancias, pero más allá de la relatividad de la circunstancia personal, territorial o temporal; y para tratar de decirlo en términos ilustrados, tender a la izquierda hoy significa insistir en la igualdad, sin embargo si este es un término ilustrado, no podemos ser ingenuos y creer que todos somos iguales, pero sí que somos iguales, al menos, en algo.

Sí que somos iguales en algo a pesar de que uno sea el dueño y otro el empleado, sí que somos iguales en algo a pesar de que uno pueda permanecer y otro deba emigrar, sí que somos iguales en algo a pesar de que uno sea hombre y otro sea mujer, sí que somos iguales en algo a pesar de que uno sea blanco y otro sea indio, sí que somos iguales en algo aunque uno se siente a la mesa y otro sirva la mesa, en fin, sí que somos iguales pese a que de un lado los privilegios y del otro las carencias sean un escándalo.

Somos iguales en algo, pese a ser diferentes en tantas cosas, porque todos por igual estamos vivos en el mundo y, porque, al estar vivos en el mundo, todos vamos irremediablemente hacia el mismo fin, somos iguales simplemente porque compartimos el acontecimiento de la vida.

De modo que si fuéramos capaces de entender la primacía de este hecho, acaso nos importarían menos las diferencias que nos separan, que nos enojan y que nos ponen en pie de guerra, y así, de un lado o de otro, en la derecha o en la izquierda, en el conservadurismo o en la renovación podríamos persuadirnos de usar menos la brutalidad políticamente, o bien, en nombre de razonamientos claros, metódicos, científicos, deterministas, religiosos o nacionalistas y patrioteros alentar o fomentar el riesgo de quien necesita un salario o un medicamento o una educación, entre muchas otras cosas.

El verbo tender, que se usaba antes, lleva al adjetivo tendencioso; entonces, permítaseme ser tendencioso y decir, al menos y como poco, que me incomoda la posición de la derecha al querer que los países sean uniformes, invulnerables, acorazados y súper-productivos a costa de todo, y que me acomoda mejor la posición de la izquierda al admitir lo diverso, lo frágil y la duda, al exigir que lo humano sea definido por la preocupación sobre otros humanos, hecho clave para el cuidado de la vida que todos compartimos.

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