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El Acordeón

Prohibido prohibir o no tanto


Alguien dijo en Francia, durante los años setenta del siglo pasado, que la literatura está antes que la moral, hoy por hoy la moral no parece estar tan atrás.

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Los hechos son los siguientes: la autora Vanessa Springora acaba de publicar en Francia una novela llamada Le Consentement o El Consentimiento, sin traducción aún al castellano; en una semana vendió más de sesenta mil copias; el libro cuenta la relación de la autora con Gabriel Matzneff, un escritor consagrado, brillante y provocador, el libro ha montado un escándalo monumental sobre la pedofilia; la relación de la autora y Matzneff sucede cuando él tenía cuarenta y nueve años y ella trece; lo cual ha abierto en Francia un debate bravo y áspero.

La novela de Springora es una suerte de narración documental o libro de recuerdos, que habla de su relación con Matzneff, quien ha sido un escritor premiado múltiples veces, prolífico, elegante y transgresor, un intelectual de Saint Germain de Prés desde la época de Sartre y de Beauvoir en el Café de Flore.

El alboroto ha sido portada de revistas y periódicos, horas de horas en radio y televisión, se han derramado cascadas de tinta, al punto que la fiscalía de París ha abierto de oficio una investigación contra el escritor, hoy octogenario, por violación; mientras la polémica se caldea con argumentos como el puritanismo, el abuso sexual, los usos de la época, el feminismo, entre otros; la editorial Gallimard ha retirado los libros de Matzneff, cosa que no había ocurrido nunca durante la rica y larga historia de la emblemática editorial francesa, frente a lo cual algunas personas pronuncian: ¡censura!, pero lo hicieron en voz baja y fueron los menos, porque los tiempos han cambiado ¿…incluso en Francia…?

Springora cuenta que conoció a Matzneff en una cena a la que acompañó a su madre, que era editora, por lo que mantenía una relación constante con escritores, en esa cena dice haber sentido la intensidad de la mirada de un hombre por primera vez; a partir de ahí Matzneff empieza a asediarla con notas bellamente escritas, con las que consigue seducirla hasta el punto de llegar a estar loca por él y dar su “consentimiento” para una relación dañina, tóxica y enfermiza, consintió ser penetrada analmente por el escritor (porque así lo prefería él) en un estudio frente al Jardin de Luxembourg.

Enamorada y excitada, Springora no podía creer estar viviendo un amor secreto, profundo e intenso con alguien destellante como una estrella, eso era un amor prohibido, especial, como de novela; la oposición de su madre tardó lo que un suspiro, al poco tiempo Matzneff comenzó a aburrirse y el gran amor comenzó a transformarse en una pesadilla de presión y manipulación.

A Springora le lleva décadas recomponer su personalidad rota y le toma mucho tiempo también comprender que el consentimiento es mucho más que el momento de un “sí quiero”, que realmente, el consentimiento es un territorio lúgubre, sórdido y triste donde quedar enredada y atada de pies y manos.

De algún modo, puede decirse que tenía que pasar en Francia y sobre todo en París; de hecho tanto la capital como la república francesas han estado muy conscientes y orgullosas de su poder de seducción (¿por qué nos gustará tanto París…?).

A la vez, como contraste, Francia ha mantenido una relación singular con la cultura norteamericana, entre la atracción y el desdén, considerándola una cultura salvaje y puritana por igual, todo lo cual quizá se ha intensificado últimamente con temas como la migración y el presidente Trump , justo ahora, que el simple saludo es un abuso sexual y la galantería machismo.

¿Dónde está el límite que no hay que cruzar…? ¿Es el mismo límite para los consagrados del arte y las vedettes literarias que para todos los demás…? Por todo eso es que el libro de Springora aparece en el lugar y el momento clave.

Todavía diez años más tarde de aquel Mayo francés aparece en el diario Le Monde una carta que pedía clemencia, es decir la liberación de la cárcel para tres hombres acusados y presos por sostener relaciones con menores, entre los que suscribían esa carta estaban Simone de Beauvoir, Jean Paul Sartre, Gilles Deleuze, Roland Barthes, el novelista Philippe Sollers, entre otros; además de pedir la libertad de los reos, los firmantes apoyaban la causa de la reforma del código penal, porque se trataba de delitos tipificados siguiendo una moral judeo-cristiana que había de combatirse; el redactor de la carta era Gabriel Matzneff, el hoy alumbrado por el fogonazo de la novela de Vanessa Springora.

Durante esos años era notable subrayar algo que, seguramente, siempre ha sido atractivo: rescatar a los más jóvenes de los rigores familiares represivos, de las lógicas de la obligación y el deber, para darles su derecho al goce, al placer, al desenfreno.

¿Hay algo más bello que la juventud y que algunas de las cosas que pasan entonces…? Nunca como en la juventud son tan fuertes los embates sentimentales, afectivos y sexuales, simplemente, porque son nuevos.

Hay algo más lindo y fértil para un joven que vivir el amor… tanto lo es que cuando se vive más tarde, rejuvenece (a lo mejor eso mismo siente Matzneff); ahora bien, vivir el amor ¿con alguien de su edad…? Claramente o ¿acaso, también, con un adulto que, de la mano, lo ayude a descubrirse a sí mismo y descubrir el mundo del placer…? En fin, que nada como la belleza de las cosas.

Hay toda una tradición en el francés: Sade, Laclos, Montherlant, Gide, Cocteau, el vino y el bon vivant; de todo eso es heredero Matzneff, quizá también se siente heredero de la gran tradición greco-latina; siguiendo esa corriente, alguien dijo en Francia, durante los años setenta del siglo pasado, que la literatura está antes que la moral, hoy por hoy la moral no parece estar tan atrás; de cualquier forma Francia se ha especializado en separar arte y moral, pero al separarlas las está poniendo al mismo nivel, como si la vida y su representación fueran lo mismo, como si las relaciones sexuales con menores fuera lo mismo que la literatura sobre pedofilia.

No se trata de llegar a una conclusión, se trata de una de las polémicas broncas y de uno de los debates más crudos de nuestro tiempo, un tiempo tan atribulado, nebuloso y confundido.

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