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El Acordeón

Miguel Ángel Asturias y la Revolución Social del Siglo Veinte


El próximo mes de abril se cumplirá un siglo del derrocamiento de Manuel Estrada Cabrera, cuya dictadura de 22 años es el trasfondo de El Señor Presidente de Miguel Ángel Asturias. Julio Pinto Soria ha encontrado un artículo prácticamente desconocido escrito por el Premio Nobel al calor de los acontecimientos políticos que marcaron aquella época, y a partir de este hace una reflexión sobre el compromiso social en la trayectoria del autor de Hombres de maíz.

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El objetivo de estas líneas es contextualizar una publicación de Miguel Ángel Asturias prácticamente desconocida, cuya transcripción literal se agrega al final. El artículo se titula Revolución y fue escrito en 1921 poco después de haber concluido la Primera Guerra Mundial (1914-1918) y otros acontecimientos históricos trascendentales como la Revolución Rusa Bolchevique de 1917 y la Revolución Campesina que por los mismos años le pone fin a las tres décadas de la dictadura de Porfirio Díaz en México. Estos hechos marcaban para Asturias un momento revolucionario decisivo en la historia del siglo XX, de la cual Guatemala formaba parte con el derrocamiento de la dictadura de Manuel Estrada Cabrera a principios de 1920, en el poder desde 1898. Empezaban los nuevos tiempos de un “Siglo por excelencia revolucionario”, escribe Asturias entusiasmado al inicio de su artículo.

Miguel Ángel Asturias tenía razón. Los años entre las dos guerras mundiales daban la oportunidad de empezar algo nuevo, diferente, sin el expansionismo guerrerista del orden capitalista, la agresión, el sometimiento y saqueo de otros pueblos y naciones que había tenido como resultado la primera conflagración mundial del siglo XX. Se debía construir un nuevo orden político, económico, social y cultural, organizado democráticamente, más igualitario, sin la explotación del hombre por el hombre. Esta era por lo menos la principal divisa de la Revolución Bolchevique Obrera de Octubre de 1917, cuyas ideales recorren la historia del siglo XX.

Se trataba, por otro lado, como sucedía en Guatemala, de tiempos confusos, inciertos. Al derrocamiento de Estrada Cabrera le había seguido el golpe militar del General José María Orellana (1921-1926), que restaura prácticamente el antiguo régimen dictatorial. El artículo de Asturias refleja el entusiasmo frente a los acontecimientos que inauguraban una nueva era histórica, revolucionaria, marcada por la justicia social, hecho que lo lleva a condenar el golpe militar que echaba por tierra, después de veintidós años de férrea dictadura, los ideales de construir un nuevo país en Guatemala, democrático, con igualdad social. El rechazo del golpe militar, la necesidad de establecer un nuevo orden social en Guatemala, en América Latina, donde se toman como ejemplos la Revolución Bolchevique y la Revolución Campesina Mexicana, es la problemática que subyace en el artículo Revolución de Miguel Ángel Asturias.

Un siglo después, en el mundo, en Guatemala, parecieran repetirse los mismos sueños, pesadillas y frustraciones que caracterizan la historia del siglo XX, como también la vida de Miguel Ángel Asturias. El artículo Revolución, escrito en 1921, el año del primer centenario de la Independencia de España, refleja la compleja realidad histórica guatemalteca, el peso de las dictaduras, la inmovilidad económica, política, social y cultural, el vasallaje frente a la política intervencionista de Estados Unidos, con un papel determinante en los hechos que vive el joven Asturias entonces y después. El gobierno del General Orellana fue reconocido de inmediato por Estados Unidos, que no solo protegía a la United Fruit Company, cuestionada durante y después del movimiento popular anticabrerista, sino también defendía sus intereses estratégicos frente a la convulsionada Nicaragua marcada ya por las gestas patriotas del General César Augusto Sandino (1895-1934).

El artículo, escrito en los inicios de su carrera literaria, da la oportunidad de conocer un momento especial en la vida del joven Miguel Ángel Asturias hasta hoy poco estudiado, polémico, donde la literatura y el compromiso social ocupan un lugar importante entre los escritores e intelectuales de la época que en su caso se cuestiona. Este hecho es motivo más que suficiente para dar a conocer el artículo a un público más amplio presentando a la par, en forma sucinta, los contextos nacionales e internacionales en que fue escrito el texto.

Asturias estuvo consciente de los tiempos que le tocaría vivir, el papel que desempeñaría Estados Unidos. En las memorias que le dicta a Luis López Álvarez en Madrid en 1970, al final de la vida, recuerda que nace un año después de que se instaura el imperialismo como la nueva etapa del capitalismo mundial que encabeza Estados Unidos con la ocupación de Cuba en 1898 después de una confrontación militar con España. Cuba era el último bastión del imperio español en América Latina, “la perla más preciosa de la Corona española”, como se conoció esta Isla por sus riquezas y la importancia estratégica en el Mar Caribe del mundo colonial. Este fue el motivo del acto anexionista, así se iniciaría el papel hegemónico que desempeña Estados Unidos a lo largo del planeta en el siglo XX, que repercute en América Latina en el intervencionismo militar, el apoyo a dictaduras como la de Estrada Cabrera en Guatemala o la de los Somoza en Nicaragua, hechos que Asturias vive y condena.

Al final de la adolescencia, entre 1917 y 1920, cuando con el terremoto que destruye la ciudad de Guatemala se empieza también a desmoronar el régimen dictatorial de Estrada Cabrera, Asturias se inicia en la escritura. Publica versos donde satiriza la tiranía como también los primeros relatos. Estos años, con la participación en el derrocamiento de la dictadura, los recordará como los más importantes de su vida. En la escritura, como en el compromiso social, Asturias vive la influencia de figuras latinoamericanas emblemáticas como el poeta colombiano Porfirio Barba Jacob, quien lo impacta como un “verdadero maestro”, o José Ingenieros, un intelectual argentino antiimperialista de renombre continental. Los conoce a su paso por Guatemala o durante una estancia en México a finales de 1921. Todos escritores, intelectuales, gente rebelde, no políticos, como tampoco lo era Asturias, pero deseosos de instaurar en América Latina un nuevo orden político y social, más justo, sin dictaduras, a lo que parecía daban oportunidad los tiempos entre las dos guerras mundiales.

El compromiso social

El artículo Revolución está escrito en este ambiente político y social convulso cuyo mensaje revolucionario, el compromiso social, Asturias mantiene a lo largo de su vida en medio de los altibajos que acompañan la trayectoria literaria. En 1965, casi medio siglo después, la CIA le sabotearía la Presidencia del Pen Club Internacional, en favor de la candidatura de Arthur Miller, con el argumento de que la Presidencia de Asturias sería una “catástrofe”, pues seguía siendo: “…el perro viejo…compañero de viaje nicaragüense [sic]” que en los años veinte apoya las gestas libertarias del General César Sandino contra la presencia militar estadounidense en Nicaragua. Era el castigo de la CIA por el apoyo de Asturias al proyecto reformista de la Revolución de Octubre de 1944 que finaliza en 1954 con una intervención militar de Estados Unidos que lo obliga a vivir en el exilio.

En estos años, en 1967, Asturias recibe el Premio Nobel de literatura. Su nombre, el de su país, serían conocidos a lo largo del mundo. En Guatemala, aparte de algunos escritores jóvenes, el hecho se ignoró o se descalificó. Asturias fue señalado de ser un “escritor muy mediocre”, indigno del famoso galardón. El otorgamiento se atribuyó a las inconstancias de la Academia Sueca. No lo había recibido, por ejemplo, José Ortega y Gasset, quien realmente lo merecía. Ortega y Gasset había sido uno de los intelectuales del franquismo español, influyente en el anticomunismo guatemalteco de la época. Asturias atribuyó los señalamientos a las presiones de Estados Unidos donde se publicaban las mismas descalificaciones. La literatura de Asturias les importaba en realidad un comino, lo que no le perdonaron nunca, en ambos países, era la identificación con el proyecto reformista de la Revolución de Octubre, obras como la Trilogía Bananera donde relatando las luchas del campesino guatemalteco contra la voracidad de la United Fruit Company apoya la reforma agraria del Presidente Jacobo Árbenz Guzmán.

El artículo Revolución, la vida de Asturias, develan los oscuros trasfondos del siglo veinte guatemalteco, las luchas y fracasos por la democracia, la justicia social, la soberanía nacional, indisolubles, presentes desde el momento mismo de la proclamación independentista de 1821, cuya conmemoración centenaria coincidía con el final de la dictadura de Estrada Cabrera, una oportunidad para jóvenes como Asturias de enderezar el camino, empezar algo nuevo. El hecho histórico fue retomado por el movimiento popular anticabrerista a finales de 1920 con la fundación del Partido Unionista cuya meta o pretexto –se afirma– era la reunificación estatal del antiguo territorio del Reyno de Guatemala fragmentado durante las guerras civiles posindependentistas en los actuales cinco países centroamericanos. Con el Partido Unionista, jóvenes como Asturias fundan también una Asociación de Estudiantes Unionistas.

La balcanización estatal formaba parte de las frustraciones de la proclamación independentista centroamericana de 1821. El colapso de la República Federal de Centro América (1823-1840) le pondría fin a la Patria Grande Centroamericana que pudo haber enfrentado o tenido mejor suerte frente al voraz expansionismo de las potencias mundiales recrudecido con la independencia de España. La mundialización del capitalismo que encabeza Estados Unidos se reflejaba en 1921 en los vasallajes neocoloniales que se establecen con los grupos oligarcas locales, las élites criollas que un siglo atrás asumen la dirección de los nuevos estados nacionales. Élites cuyo origen colonial, volcado hacia afuera, se remontaba a los tiempos de la conquista española, vinculadas con el país a través del saqueo y la expoliación, el enriquecimiento fácil, la explotación de la población trabajadora, no con la identificación, la defensa de las raíces históricas, los valores sociales y culturales de la población indígena y mestiza que, como élites parasitarias, extranjerizantes, se desprecia profundamente.

En Guatemala, en América Latina, la Independencia de España no significó el orden democrático de igualdad política, económica, social y cultural que proclaman los nuevos Estados nacionales burgueses. Las formas de dominación y explotación establecidas con la conquista española permanecerían vigentes con el acceso de las élites criollas a las estructuras de control y dominación colonial. El status privilegiado de la élite criolla guatemalteca como clase dominante a medias –como describe Severo Martínez en La Patria del Criollo la relación subordinada frente a la Corona española– culmina con la proclamación independentista de 1821. De los setecientos cuarenta cargos del aparato administrativo del Reyno de Guatemala, cerca de setecientos se encontraban ya en manos de “empleados americanos”, sobre todo criollos de la provincia de Guatemala. El monopolio administrativo reflejaba el control sobre la economía, las rutas internas y externas del comercio colonial a lo largo del Istmo. Este poder le permitió a los criollos guatemaltecos mantener a los antiguos funcionarios españoles como autoridades dirigentes del nuevo Estado nacional. Fue el primer golpe de Estado en la historia de Guatemala, de Centroamérica.

La democracia falseada

En el artículo Revolución Asturias denuncia la fachada que prevalecía en Guatemala como orden democrático un siglo después de proclamada la Independencia: “La Democracia falseada, sostenida sobre cañones y bayonetas, donde los políticos de profesión juegan sube y baja o se erigen en Directores de pueblos mientras se llenan los bolsillos, donde liberales y conservadores están atados por el estómago. La Democracia de Asambleas que se esgrimen como armas de partido y olvidan los intereses del pueblo. La Democracia de cuartel… donde al mozo se le paga un jornal nimio y al patrón corresponden todas las ganancias. La Democracia que tiene en su presupuesto asignados millones de pesos para el ramo de Guerra y sumas ridículas para instrucción pública, debe sustituirse por Democracia perfecta hasta donde sea posible en el concepto humano…”.

La indignación de Asturias no era gratuita. Los cien años de vida independiente se habían caracterizado por el autoritarismo, el dominio de abyectas dictaduras, liberales o conservadores. El régimen liberal de Mariano Gálvez (1831-1838) no escapa de este autoritarismo, cuyas reformas modernizantes estaban dirigidas contra los derechos y bienes de la mayoritaria población indígena con el fin de usurpar sus tierras comunales, combatir los valores culturales, los idiomas, las formas propias de vivir. A partir de la dictadura liberal del General Justo Rufino Barrios (1871-1885), quien continúa las reformas expropiatorias racistas de Mariano Gálvez, se inicia en torno a la economía cafetalera un proceso de unificación entre las hasta entonces fracciones elitistas en pugna.

A partir de entonces, como escribe Asturias, liberales y conservadores representan y defienden el mismo orden de dominación oligarca, pero manteniendo la fachada constitucional democrática que rige desde 1821. El proyecto modernizador de la élite cafetalera retoma y profundiza las formas de dominación económica y social en que descansa el régimen conservador: la usurpación de las tierras comunales indígenas y la explotación de la mano de obra barata y servil de las masas trabajadoras pobres indígenas como mestizas. Se retoma también el inmovilismo político, económico, social y cultural que caracteriza al régimen y lo lleva a su final: la oposición a cualquier tipo de reformas que alteraran esta matriz colonial parasitaria.

Una minoría ladina, mestizos “blanqueados”, enriquecidos con el café, formará con la vieja élite criolla el nuevo grupo dominante que encabeza el caudillo Justo Rufino Barrios. Su esposa, perteneciente a la poderosa familia cafetalera de los Aparicio del Occidente de Guatemala, cuna del levantamiento liberal, se convertirá en la Marquesa de Vistabella. El país racista, el mundo de las castas de tiempos coloniales, donde las diferencias étnicas, económicas, sociales y culturales debían separar entre los de arriba y los de abajo, se mantendría vivo. Entre liberales y conservadores nunca habían existido diferencias profundas, abismales. Después, ya en el poder, se afirmaría que de haberse realizado las reformas, los cambios necesarios, seguramente no habría sido necesario el levantamiento liberal de 1871.

Por sobre los cambios modernizantes que el correr del tiempo impone debía prevalecer el régimen político y social que resguarda este mundo de privilegios y exclusiones que representa el dictador de turno, los gobiernos de fachada democrática. De la Presidencia Vitalicia del caudillo Rafael Carrera (1854-1865), quien designa en el lecho de muerte a su sucesor Vicente Cerna (1865-1871), se transitaría a la democracia representativa del liberalismo triunfante en 1871. Estrada Cabrera permaneció en el poder veintidós años a través de reelecciones “democráticas” manipuladas por Asambleas Legislativas al servicio de la élite cafetalera. El régimen debía asegurar la explotación de los sectores laborales pobres en el campo como en las ciudades, al igual que los intereses de la United Fruit Company. Una de las funciones del ejército, con la policía la principal institución de la dictadura, era capturar “mozos fugos” de las fincas cafetaleras.

El país donde nace y crece Asturias, que retrata en El Señor Presidente, descansaba en un orden de castas resguardado por un régimen de represión cuyos excesos terminan poniendo en peligro la dominación de la propia élite cafetalera a través del estallido popular que tanto se temía. Así sucedió en los años de 1917-1918. La coyuntura libertaria del final de la Primera Guerra Mundial coincidió con el terremoto que entonces no solo destruye la ciudad capital sino desborda el descontento acumulado a lo largo de los años, rompe los muros entre los de abajo y la clase media acomodada golpeada también por el régimen –como la familia de Asturias– y lleva al derrocamiento de Estrada Cabrera y al posterior golpe de estado del General José María Orellana que debía restaurar el antiguo orden dictatorial.

Ideales libertarios

Asturias publicó el artículo Revolución al retorno de un viaje que realiza a México donde participa como delegado estudiantil en el primer Congreso Internacional de Estudiantes. En México lo impacta la efervescencia política, social y cultural que vive el país con la revolución campesina que le pone fin al orden dictatorial de Porfirio Díaz (1876-1911) similar al de Estrada Cabrera en Guatemala. En el Congreso Internacional participan estudiantes, intelectuales y escritores de todo el mundo que condenan el expansionismo territorial de las potencias capitalistas que da origen a la conflagración mundial. Se plantean los retos y perspectivas para construir en América Latina un nuevo orden social, sin dictaduras, con desarrollo económico, social y cultural democrático, más igualitario.

El texto de Asturias refleja estos ideales libertarios. La Revolución Bolchevique y la Revolución Campesina Mexicana eran para Asturias los ejemplos, las “clarinadas” escribe, que debían guiar la construcción de un nuevo orden social en Guatemala, en América Latina. A estos hechos se agrega el Movimiento de Reforma Estudiantil de Córdoba en Argentina de 1918 que impacta en la juventud latinoamericana de su tiempo, cuyos proyectos de transformación social, como las Universidades Populares, debían contribuir en la formación social y cultural de los obreros. Asturias enfatiza que el momento histórico que se vivía en Guatemala no era de los militares golpistas, de los políticos corruptos, sino de los obreros, de los jóvenes. Ellos eran los llamados a “levantar el estandarte de la Revolución Social” en Guatemala.

Pocos años después, estudiando ya en París, Asturias le mostró al recién llegado Epaminondas Quintana, compañero de luchas en el derrocamiento de Estrada Cabrera, el Café de la Rotonde, en el barrio de Montparnasse, donde Lenin y Trotsky habían discutido la Revolución Bolchevique de 1917. Asturias, con deferencia, “con mucho respeto”, le relató el transcurso de la histórica conversación que había sido testigo el lugar: “…aquí se sentó Lenin, aquí se sentó Trotsky. Ellos, sentados a esta mesita… hicieron la revolución rusa… ¡Ahora nosotros también vamos a hacer la Revolución de Guatemala!”.

Asturias nunca fue un comunista, un marxista-leninista. A lo largo de su vida permaneció el católico que siempre fue, el hombre que nace, crece, se forma en los colegios católicos del barrio de la Parroquia Vieja, rodeado de Iglesias coloniales, curas, misas y procesiones que disfrutaba. Esto no evitó que se identificara con los movimientos sociales que coincidían con los ideales de construir un nuevo país en Guatemala, un mejor mundo para vivir. Este fue el motivo de Asturias para recordar siempre la figura del derrocado Presidente Jacobo Árbenz Guzmán como la de “su Presidente”.

(La mayor parte de las citas en el texto se puede consultar en “El difícil camino de Miguel Ángel Asturias”, en: ISTMO, Revista virtual de estudios literarios y culturales centroamericanos, Nº 27-28, enero-junio 2014. http://istmo.denison.edu/n27-28/foro/02_pinto_julio_form.pdf )

*Julio César Pinto Soria es historiador guatemalteco. La figura y la obra de Miguel Ángel Asturias ha sido un tema central en su trabajo ensayístico e investigativo. Los subtitulares de este artículo pertenecen a la redacción de este suplemento.

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