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El Acordeón

“La rive gauche”


Nunca, “Les Temps Modernes”, se interesó por elegir buenos argumentos para sostener posiciones predeterminadas o para obedecer a prejuicios, sino más bien su esfuerzo fue por fortalecer el contraste y el debate que lucha por encontrar una explicación de las cosas.

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Hubo una época en que la orilla izquierda (La rive gauche) del Sena era la zona de mayor concentración de intelectuales en el mundo, el mayor número de gente con una pluma en la mano por metro cuadrado en todo el planeta.

Les Temps Modernes (Los Tiempos Modernos) fue la revista fundada por Jean Paul Sartre y Simone de Beauvoir, que tuvo y mantuvo el papel central durante la escena que abarca la segunda mitad el siglo XX; aún se recuerda que el primer número de la revista salió durante el otoño de 1945, y para nadie es un secreto que, de la década que va del 1940 a 1950, París pasó de ser un territorio ocupado a un territorio liberado, siguiendo la vía de la resistencia.

El hecho es que una nota (porque decir carta sería mucho decir) breve y redactada más bien en lenguaje administrativo y burocrático comunicó a los suscriptores, durante el mes de diciembre de 2018, que dejarían de recibir la publicación, mientras tanto, persistían todavía a la venta ejemplares del último número de la revista, conteniendo algunas notas viejas, pero inéditas, de Jean Paul Sartre sobre un viaje realizado a Italia.

Les Temps Modernes ha sido una revista con formato de libro, que ha contenido artículos largos y serios; lo que se espera y entiende como capaz de contener la esencia de los debates de una época; desde luego, debates filosóficos, literarios, ideológicos; todo aquello con la suficiente influencia y densidad como para mantener a Francia y a París, también, como el Estado y la capital absolutos e indiscutibles de la cultura y las letras.

Todo es mortal en este mundo, y las revistas (aun y cuando sea la que fundó Sartre) también han de serlo; y lo más probable es que Les Temps Modernes lo sea, porque las condiciones que la provocaron y que hicieron posible su permanencia se vayan diluyendo y vayan desapareciendo; lo cual no evita que la desaparición de la publicación sea un acontecimiento de grandes alcances.

La vocación de la revista ha sido siempre la izquierda, como, de alguna forma se entiende desde el nombre de esta nota, pero hay que decir que sin el error o defecto más común de cualquier postura de izquierda, de derecha o de centro: el dogmatismo.

Después de las acciones soviéticas de 1956 y 1968 en Hungría y Checoslovaquia respectivamente, la posición francesa en Argelia y la norteamericana en Vietnam, la orientación de Les Temps Modernes, sin dejar de ser de izquierda, llegó a ser crítica de cualquier forma de totalitarismo, imperialismo o visión única de las cosas; lo cual, entre otras cosas, le valió funcionar como una suerte de faro de muchos de los movimientos de la época: desde el beat hasta la protesta expresada en algo como el mayo parisino del ’68.

Nunca, Les Temps Modernes, se interesó por elegir buenos argumentos para sostener posiciones predeterminadas o para obedecer a prejuicios, sino más bien su esfuerzo fue por fortalecer el contraste y el debate que lucha por encontrar una explicación de las cosas, una comprensión del estado de cosas, su esfuerzo fue por evitar las direcciones en un solo sentido, para lo cual se intentó evaluar y hacer explícito el trasfondo conceptual y argumentativo que subyace y que está detrás de cada una de las opciones.

Surge la tentación de afirmar que la noción de izquierda, de algún modo, se fue perfilando dentro de la revista, poco a poco, hacia el sentido de la crítica y la orientación por las diversas formas y cada vez más novedosas versiones de la emancipación, lo cual, de hecho, hace eco del nombre de la publicación, porque francamente si algo define al mundo moderno es su deseo por la emancipación y su afán por la condición necesaria para obtenerla: la crítica.

Las múltiples referencias a los acontecimientos y la actualidad, como si de un diálogo socrático se tratase, siempre se enfocaron a confrontar, analizar y diagnosticar los aparatos ideológicos existentes, por disfrazados y raros que se muestren, y operen en favor de quién sea.

El primer número de octubre de 1945 contenía documentos del historiador Raymond Aaron y del filósofo Maurice Merleau Ponty; la dirección de Sartre era como la batuta de un director de orquesta que se las podía con diversos estilos: el ensayo, el reportaje, la crítica, la crónica, la narración, la representación; con diversos temas: el antisemitismo, el colonialismo, Argelia, Indochina y su secuela Vietnam, la urgencia de la 5ta. República, el psicoanálisis, el feminismo, el Rock ‘n roll, etcétera.

Y es que Sartre es un intelectual global: periodista, novelista, dramaturgo, filósofo.

Este, puede que quede como un año triste para París: se quemó el viejo techo de Notre Dame y desapareció Les Temps Modernes.

 

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