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El Acordeón

Mis alumnos


La Telenovela

No son exactamente míos. Son estudiantes de la carrera de Ciencias de la Comunicación.  Pero por algunos meses compartimos un aula, se intercambian conocimientos, opiniones, métodos, procesos, y en ese tiempo me voy familiarizando con sus rostros, con sus maneras de participar en esa larga conversación que, al final del lapso que dura el curso, muestra cambios
importantes.

Cambios en ellos, que han adquirido mayores conocimientos o mejor comprensión sobre determinados asuntos. Cambios en mí, que he aprendido nuevas formas de estar en la vida y responder a los sucesos diarios —¿qué otra cosa se estudia realmente en una carrera como la mencionada?— que son desmenuzados concienzudamente por la inquisición juvenil

En todas partes del mundo se observan día a día, los sucesos más disímiles. Pero Guatemala es, por decirlo de una manera amable, una cajita de sorpresas que minuto a minuto nos ofrece toda clase de eventos heterogéneos, opuestos, extraños. Aquí les propongo un ejemplo inédito.

Acaba de ser inaugurada en el país una nueva manera de gobernar a distancia: por whatsapp. No he inventado yo tal cosa solo porque el jefe del Ejecutivo le haya pedido la renuncia intempestivamente a un Ministro de Estado usando ese medio electrónico.

Lo ha confirmado el propio Vicepresidente de la República, quien al salir de un evento académico, sonriente el rostro, le confirmó a la prensa que el presidente Jimmy Morales suele usar ese app para conducir los sucesos importantes a su cargo, para dar instrucciones, y dirigir los trajines del país.

Ya no pudimos examinar y comentar este suceso en clase porque estábamos verdaderamente sumergidos en condensar, hasta donde fuera posible, con la ayuda de libros, ensayos, obras varias de filósofos de diversas épocas, lo que es en realidad la ética profesional.

En un discurso pronunciado por Fernando Savater al recibir un Doctorado Honoris Causa, el español reflexiona: “¿cómo vas a explicar ética a personas que no han leído a Kant, Spinoza, que no conocen a Nietzsche ni a ninguno de los autores indispensables?”.

Lo dicho por Savater es absolutamente cierto.

Teníamos que cumplir con organizar el conocimiento que se había  ido adquiriendo en clase desde el mes de enero para realizar el examen final de la clase: Deontología de la Comunicación.

A lo largo del curso analizamos diversos medios del país de acuerdo con el conocimiento que se iba interiorizando. Creo que les fue bastante bien a mis alumnos en la tarea de descubrir tendencias,  influencias externas de variado cuño, llegar a conclusiones sobre si el medio equis o el medio ye cumple con lo que prescribe la ética periodística.

Así, la indagatoria sobre el sistema utilizado por el presidente Morales quedará, sin duda, para un curso de sociología que recibirán en el futuro mis estudiantes.

En realidad, lo que quería dejar asentado en esta columna es que, desde el primer año —ya lejano— en que comencé a dar clases, he ido construyendo una familia singular y querida, constituida por mis ex alumnos.

Los encuentro a menudo. Los más fáciles de reconocer son aquellos que, o sobresalían en clase, o se la pasaban haciendo barrabasadas.

Actualmente, hay un instrumento que atrae hacia el lado oscuro de la fuerza a más estudiantes: los teléfonos móviles. No tengo que explicarles nada al respecto: ya ustedes habrán caído en sus redes y se sentirán aislados como Robinson Crusoe,  si salen de su casa sin el dichoso teléfono.

Menos mal que desde hace un par de años tengo un auxiliar de clase maravilloso. (El año pasado, tuve dos para dos clases diferentes). Ex alumnos destacados que escogí por sus cualidades y sus conocimientos, que me prestan su asistencia muy valiosa. La menos especializada pero no menos útil cuando están presentes, es evitar el uso de los aparatejos mencionados.

El jueves me tocó, nos tocó, llegar al examen final de otro curso. Hay un sabor agridulce al concluir cada curso: la satisfacción de ver a una treintena de jóvenes que son más competentes en diversos conocimientos —en ética en este caso, que ya es materia importante— y el saber que la semana entrante no los vas a encontrar reunidos en un aula cuando entres a ella, a la hora señalada.

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