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El Acordeón

¿De qué hablamos, cuando hablamos de libertad? (A propósito de la muerte del comandante Fidel Castro)


El hombre actual está hecho de algo que no llega a concretarse, el hombre moderno está hecho de algo que no termina de ser, en suma, el ser del hombre está hecho de nada, al menos así lo diría Sartre.

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Desde que Leonardo de Vinci pintó La Gioconda, desde que Niccolo Machiavelli escribió El Príncipe, desde que Cristóbal Colón descubrió América, desde que Miguel de Cervantes escribió Don Quijote, desde que Galileo Galilei observó las estrellas, desde que René Descartes diseñó el plano cartesiano, bien puede decirse, así sea en términos muy generales, que el buque insignia de la cultura de occidente se llama libertad.

Los afanes y anhelos que han movido y conmovido al hombre moderno han sido, en su totalidad, por la emancipación, por la liberación.

Sin embargo, esta tendencia predominante y perdurable ha tenido su contrapunto, cuyo rostro más visible bien puede ser el colonialismo, que ha servido, por un lado para difundir y expandir la civilización occidental, pero también, por otra parte ha servido para renovar y revitalizar los deseos de emancipación.

Así como el cristiano quiso liberarse de un clero opresivo y corrupto mediante el protestantismo, así como el burgués quiso liberarse de un aristócrata flojo y tonto mediante el liberalismo, así también el esclavo ha querido soltarse de un amo abusivo, y el colonizado ha querido eludir los tributos voraces del colono; ahora bien, esto más o menos, claramente o no tanto, lo sabemos todos; frente a lo cual lo importante es que tratemos de hurgar e indagar acerca de qué hay por debajo, qué subyace a lo que todos, de una u otra forma, ya sabemos.

Si se intenta cambiar el tono, pero a la vez, si se intenta seguir siendo leal a las convicciones y lugares comunes que han sido referidos antes, debe concluirse en que, si la libertad ha sido un deseo mantenido de emancipación, es porque ha persistido justo así: como una realidad inalcanzable, como una forma del ser real que ha estado como en suspenso, como suspendida, como visible pero solo en la mira, visible pero siempre huidiza; porque claramente puede suponerse que si esta emancipación deseada hubiese sido conseguida, lograda o alcanzada habría dejado de ser un deseo para pasar a ser algo actual, auténtico y verídico, para pasar a ser lo que se dice, algo pleno.

Desde allí ha de entenderse que, si el hombre moderno ha sido diseñado y definido por la libertad y, a la vez, esta resulta ilusoria pero visible, la vida de este hombre moderno ha estado gobernada por una suerte de fantasma de presencia dudosa, como si el citado buque insignia que ha ido marcando su ruta fuese solo una estela sobre mar, o bien, dicho de otra manera más clara y menos metafórica podría decirse: el hombre actual está hecho de algo que no llega a concretarse, el hombre moderno está hecho de algo que no termina de ser, en suma, el ser del hombre está hecho de nada, al menos así lo diría Sartre.

La dificultad de la falta de ser, en la medida en que se tiende a la plenitud, es en donde se origina la libertad.

La libertad surge, antes que como un disfrute o un gozo o una plenitud, como una conciencia de su falta.

Para  Jean Paul Sartre, la libertad es la conciencia de la falta de Ser (esta vez con mayúscula), o bien, dicho en menos palabras: la nada (y esta nada del Ser, con mayúscula, es la principal razón para el existencialismo); a lo mejor, por eso su estudio capital se llama justo El Ser y la Nada.

Pero, ya se sabe, que las alturas hacia donde conduce el cultivo de la filosofía son incómodas para todo el mundo o, al menos, para casi todo el mundo, y la descortesía parece servida si se insiste en ello; de modo que tal vez solo valga la pena agregar una cosa más: que lo más probable es que el hombre moderno no llega a ser todo lo moderno que se cree; por ejemplo, si se lo compara con el hombre antiguo o medieval se verá que, cuando estos últimos participaban en un ritual estaban adentro de un tejido simbólico de formas incomparables y diferentes a cualquier otra cosa del mundo, e incomunicables con total claridad, pero que pese a ello y no obstante lo incluían y lo trasportaban en una especie de viaje trascendental y sobrenatural de enorme dimensión; mientras tanto, el hombre moderno quiere tener una explicación para todo, mejor suena si se dice:  el hombre moderno quiere estar consciente de todo, quizá así lo diría Freud.

Todo lo cual lleva al hombre actual a ser, entre otras cosas, categórico, cuando lo más seguro es que no debería serlo o, incluso, cuando no puede serlo; y eso mismo es lo que parece suceder cuando las cosas se llevan al escenario reductivo (tan de moda y en boga hoy, a lo mejor porque así es como suele proceder casi siempre la matemática, la razón reductiva es un hábito matemático).

Y, entonces, pasa lo que pasa, vienen por ejemplo, los conservadores ingleses o los republicanos norteamericanos o los libertarios tropicales a decir algo tan simplón y reductivo o, mejor aún, tan reducido como: la libertad es y está en el mercado, como si el partido de la libertad se jugara solo en esa cancha; o también, para no irse solo de un lado, para equilibrar las cosas, viene alguien como el comandante recién fallecido de la isla caribeña y les dice a aquellos algo como lo siguiente: quienes carecen de libertad son ustedes, francamente, no saben de lo que hablan, porque la libertad real está aquí en la isla, por una sencilla razón: nosotros somos libres de mente, porque aquí no estamos alienados.

Y en todo caso, en ambos discursos actuando como quien queriendo huir del corsé, cada vez se encorseta más y más, dándole vueltas a una noción como la libertad que hoy por hoy da para mucho  y se estira para todo, como sucede con toda noción polémica y controvertible.

De manera que, según se ve a la luz de las argumentaciones, el error parece ser de todos, de unos y de otros al querer ser y estar conscientes de todo o saberlo todo y, además, al querer reducir las cosas y, a la par de ello, no querer entrar a considerar la complejidad de ese tipo de asuntos como la libertad, entre muchos otros, claro está.

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