Exhiben en Medellín un mural de Fernando Botero que estuvo olvidado por años
La obra del artista debió ser restaurada y trasladada a un nuevo espacio.
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La obra del artista debió ser restaurada y trasladada a un nuevo espacio.
Un mural del artista colombiano Fernando Botero, pintado en 1960 y que por años estuvo olvidado en un pasaje comercial, fue exhibido al público este lunes en el Museo de Antioquia, en el centro de Medellín.
El mural Escena con Jinete, la pintura al fresco más grande de Botero, cobró vida en una pared del edificio del Banco Central Hipotecario hace seis décadas, pero fue perdiendo protagonismo con las múltiples transformaciones de ese espacio y el paso del tiempo.
“Se le dio una nueva aura a una obra que estaba en unas condiciones muy difíciles, no solo por el deterioro del edificio, sino también por el cambio de función del mismo”, explicó a Efe el curador del proyecto Camilo Castaño.
El célebre edificio donde fue pintado el fresco, con la liquidación de la entidad bancaria, pasó a albergar una caja de compensación familiar y, finalmente, se convirtió en centro comercial, donde empezó hace seis meses empezó el rescate de la obra que permaneció oculta por años.
“A pesar de estar visible, el mural era invisible para la gente porque la vocación del lugar en el que estaba era otra”, apuntó el curador.
Rescatar a un Botero
Antes del proceso de restauración y de exhibición, un centenar de personas se encargó de la operación de traslado del mural, al que le retiraron los ladrillos para conservar únicamente la capa pictórica.
También fue necesario partir en dos la obra monumental de 9 metros por 2,55 metros –según Castaño– para facilitar su llegada al museo, donde expertos realizaron la limpieza y “la reintegración cromática que nos permite volver a ver el Botero colorista”.
Rescatar a un Botero
Antes del proceso de restauración y de exhibición, un centenar de personas se encargó de la operación de traslado del mural, al que le retiraron los ladrillos para conservar únicamente la capa pictórica.
También fue necesario partir en dos la obra monumental de 9 metros por 2.55 metros –según Castaño– para facilitar su llegada al museo, donde expertos realizaron la limpieza y “la reintegración cromática que nos permite volver a ver el Botero colorista”.
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