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Arte & Diseño

Cultura y pandemia: sobrevivir en la incertidumbre


Ante las circunstancias impuestas por el coronavirus, artistas de distintas ramas se plantean formas de sobrevivencia y maneras de reinventarse.

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Teatros, galerías y museos cerrados, proyectos cancelados, inversiones desperdiciadas y presupuestos disminuidos: todas estas son consecuencias de la pandemia de COVID-19 que han afectado a las diversas disciplinas del arte y la cultura en Guatemala. A un año de la confirmación del primer caso de la enfermedad en el país, aún persisten las condiciones que obligaron a la suspensión de la mayoría de las actividades, especialmente las de las artes escénicas.

“Todos los trabajos que ya habían implicado gastos de preproducción y tiempos de ensayos se suspendieron. Se cancelaron temporadas populares ya vendidas y una gran parte del sector artístico se quedó sin trabajo”, refiere la actriz y productora teatral Patricia Orantes.

“Por las particularidades del teatro que es presencial, hemos sido el sector más afectado. Trabajamos para el público y sin él, no hay trabajo”, añade la artista, quien acababa de estrenar la obra Máscaras cuando la pandemia llegó al país.

Héctor Leal, quien es coreógrafo y dirige el grupo Maíz y frijol, cuenta que el grupo no solo debió cancelar compromisos programados tanto en el país como en Europa, sino que, además, dejó de reunirse, lo que afectó su desarrollo artístico, debido al distanciamiento.

Además del teatro y la danza, el sector de los cantantes también vio mermadas sus posibilidades de trabajo. Rebeca Morales, representante del Sindicato Nacional de Cantantes y la Asociación de Cantantes Profesionales de Guatemala, asegura: “Estamos varados, porque no tenemos escenarios para trabajar”. Añade que como organizaciones gremiales también se sostenían con lo obtenido por la gestión de carta de anuencia para las presentaciones de artistas internacionales, pero todo está detenido.

La salud tanto física como emocional de los hacedores de arte también se vio afectada, lo cual representó gastos extras. Este fue el caso de Morales, quien indica que fue su familia quien tuvo que respaldarla cuando debió realizarse una operación. 

El artista visual Mendel Samayoa comenta que, unido a factores previos, la pandemia le empujó a la quiebra durante unos meses, además, aunque no contrajo el virus sí se enfermó de lo que cree que fue dengue.

El también artista visual Jorge Corleto refiere que, aunque en casos como el de él, que trabaja encerrado en sus talleres, el proceso creativo no varió mucho. Sin embargo, afirma: “Una de las formas en las que vendemos nuestro trabajo es a través de las galerías las cuales cerraron por lo que el índice de ventas, a través de ese medio, disminuyó”.

En el caso del colectivo Chucho Callejero que dirige Corleto, se ha visto afectado por las restricciones a las manifestaciones de arte efímero. “Ha sido muy difícil pues la pandemia no nos permite tener nuestras tradiciones. La actividad de hacer alfombras artísticas la retomaremos hasta este 26 de marzo en Carchá”, explica.

La sobrevivencia

La incertidumbre se apoderó del sector. La única certeza era que quienes dependían únicamente del quehacer artístico debían encontrar maneras de sobrevivir. En los primeros meses, se hicieron algunas colectas de alimentos e insumos. Sin embargo, con el tiempo, al asumir que la situación persistiría, debieron tomarse otro tipo de medidas.

Leal explica que la situación económica ha obligado a integrantes de su grupo a vender sus cosas e incluso a comprometerse con préstamos. Indica que la única presentación realizada fue la que ofrecieron con el programa APOYARTE, del Ministerio de Cultura y Deportes, que brindó un beneficio de Q3 mil. Morales añade que algunos de los cantantes que pertenecen a las organizaciones que representa han debido vender desde comida hasta mascarillas.

Los entrevistados coinciden en señalar que muchos artistas desempeñan otro tipo de labores no artísticas, con las cuales han logrado subsistir durante esta crisis.

Reflexiones, lecciones y esperanza

Ante la situación algunos han descubierto maneras de proyectarse, crecer y reinventarse. Orantes explica que desde los primeros meses de la pandemia empezó a estudiar nuevamente. “Me inscribí en el curso de dramaturgia con Jorgelina Cerritos, de El Salvador y escribí mi primera obra”, cuenta. Además, abrió D-Espacio con el cual produce e imparte talleres. En noviembre pasado, participó en una puesta en escena en El Salvador. También ofreció talleres al grupo Las Poderosas.

Samayoa comenta que también ha experimentado cambios positivos. “Al inicio, el encierro me dio tiempo a hacer un inventario físico y digital de toda mi obra plástica existente, tarea pendiente desde hace años”. Luego, indica que al verse obligado a salir de su antiguo estudio inició la construcción de uno nuevo lejos de la ciudad y en la actualidad trabaja en proyectos que había dejado pendientes de 2020 y ya tiene trabajo para todo 2021. Añade que abrió su sitio web de compra en línea y eso le ha permitido continuar su actividad.

Corleto cuenta que, para compensar la baja en venta en galerías, debió valerse de las redes sociales y ofrecer su arte en formatos más pequeños con técnicas más económicas. En cuanto a los procesos creativos, hubo también un crecimiento.

 “Creo que por estar viviendo algo tan diferente, algo nuevo para todos, el encierro y el virus despertaron en los artistas nuevas formas creativas que abordan la temática existencial de la vida y la muerte, así como ese encierro mental, la falta del contacto y de poder vivir y ver el mundo que nos rodea para ir dentro de nosotros mismos”, reflexiona el artista visual.

Hay otro tipo de movimiento que trasciende a un ámbito menos personal. Orantes señala “Creo que pasaron algunas cosas positivas, como la búsqueda de una organización gremial que no habíamos vivido en mucho tiempo”. Destaca esfuerzos como el Canal del ArteGT, que se ha mantenido muy activo. Otro esfuerzo que destaca la actriz y productora son las Clínicas de Creación, del actor Luis Carlos Pineda.

Aunque aún no se ha vencido la pandemia y muchos artistas sufren sus consecuencias, algunos ven esta experiencia como oportunidad para crecer, fortalecerse y aprovechar las herramientas disponibles para continuar entregando su talento.

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