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ARQ & Ambiente

La historia de Gumarcaj, el sitio arqueológico de Quiché


La ciudad que es nombrada también Utatlán, Q’umarkaj o Cumarcaj fue la capital del reino k’iche’.

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A la llegada de los españoles, Q’umarkaj, hoy conocida también como Utatlán, Qumarkaaj o Gumarcaj era una de las más importantes ciudades mayas. Fue fundada por el rey Qꞌuqꞌumatz (serpiente emplumada) en 1,400 d.C., en el que hoy es el suroeste de Quiché. Durante aproximadamente 75 años sirvió como base para que el reino k’iche’ se expandiera a territorios como Huehuetenango, Nebaj, Quiché y algunas áreas de la que hoy es Baja Verapaz. 

Pertenece al período Postclásico Tardío. En el siglo XVI, cuando comenzó la conquista, esta capital era relativamente nueva. Antes el reino k’iche’ se había establecido en Jakawitz (actualmente Chitinamit)  y luego en Pismachi. 

Reyes, expansión y derrotas

Se dice que ya establecido en Q’umarkaj, Qꞌuqꞌumatz logró expandir el reino kꞌicheꞌ gracias a su alianza con los kaqchikeles. Qꞌuqꞌumatz quería continuar con el crecimiento y trató de hacerlo de manera pacífica. Envió a su hija para que se casara con el señor de los k’oja, un pueblo maya asentado en la Sierra de los Cuchumatanes. Pero el rey k’oja, Tekum Sik’om, mató a la novia y con eso desató una guerra en la que Qꞌuqꞌumatz falleció en combate.

Cuando se enteró de la muerte de su padre, K’iq’ab juró vengarse y dos años más tarde dirigió una campaña militar de los kꞌicheꞌ y kaqchikeles contra los k’oja.

El ejército de K’iq’ab invadió el asentamiento k’oja y mató a Tekum Sik’om. Además, hizo prisionero a su hijo. ​K’iq’ab recuperó los huesos de su padre y regresó a Qꞌumarkaj con muchos prisioneros y grandes cantidades del jade y metal. Además, los hombres de K’iq’ab conquistaron varios asentamientos en la zona de Sacapulas, y sometieron al pueblo mam cerca de Zaculeu. La frontera oriental del reino k’iche’ se extendió hasta el Río Motagua y hasta Escuintla. 

Pero los éxitos de la campaña no fueron suficientes para mantener la unión entre k’iche’s y kaqchikeles y en 1470 hubo una gran rebelión. Dos hijos de K’iq’ab se enfrentaron al rey, mataron a muchos señores de alto rango, miembros del linaje Kaweq, y guerreros kaqchikeles. 

Trataron de matar a K’iq’ab, pero no lo lograron. Al final los kaqchikeles dejaron la alianza y fundaron Iximche’, su propia ciudad. Luego de la muerte de K’iq’ab en 1475, los kꞌicheꞌ batallaron contra los kaqchikeles y los tz’utujiiles. Atacaron Iximché pero fueron derrotados. ​

Ya debilitados los encontraron los españoles. El conquistador Pedro de Alvarado llegó con un ejército de 250 españoles y cerca de 5,600 esclavos.  Los señores k’iche’ al saber que los conquistadores habían derrotado a un ejército y dado muerte a Tecún Umán, en el valle de Quetzaltenango, decidieron invitar a Alvarado y a sus huestes. 

Alvarado no confió en los señores k’iche’ y prefirió acampar en la llanura fuera de la ciudad en lugar de aceptar alojamiento en su interior.  Luego, invitó a los señores de Qꞌumarkaj, Oxib-Keh (el Ajpop) y Beleheb-tzy (el k’amha Ajpop) a visitarlo en su campamento y los hizo prisioneros. Los guerreros kꞌicheꞌ atacaron a los aliados indígenas de los españoles y lograron matar a uno de los soldados españoles. Alvarado ordenó quemar vivos a los señores kꞌicheꞌ apresados, y luego incendió Qꞌumarkaj. ​

Documentación y excavaciones

En la época colonial, Francisco Ximénez, quien hizo la primera versión en castellano del Popol Vuh, visitó Q’umarkaj. Luego, en 1834, Miguel Rivera y Mestre hizo un informe sobre el sitio para el gobierno. En 1840 John Lloyd Stepehns y Frederick Catherwood visitaron el lugar y dibujaron mapas del sitio. En 1887 Alfred P. Maudslay publicó un estudio más detallado del sitio. 

Foto: Wikipedia

Jorge F. Guillemín despejó las ruinas en 1956, trazó un mapa de las estructuras así como de la región central de los k’iche y los sitios satélite de Qꞌumarkaj. La Universidad Estatal de Nueva York en Albany realizó excavaciones durante tres temporadas en la década de los años 1970. 

Las más recientes excavaciones fueron hechas entre los años 2003 y 2009, por Raquel Macario, Yvonne Putzeys y Marie Fulbert con el objetivo de verificar la cronología de ocupación, tener registros detallados de la morfología de las diferentes estructuras y realizar un nuevo plano del sitio, señala el estudio Q’umarkaj: diálogo entre la arqueología y la etnohistoria en la tormenta del Postclásico y hasta nuestros días (https://bit.ly/3G1arPA). 

Ese estudio indica que cada una de las nuevas operaciones arqueológicas en Q’umarkaj intramuros revela por primera vez una alta densidad de estructuras sobre la meseta nivelada, la cual cubre una superficie de poco menos de un kilómetro cuadrado. “Se perfilan ejes de circulación estrechos entre ellas —las “callejuelas encaladas” descritas por Pedro de Alvarado—. Toda la planicie, incluso las laderas, fue aprovechada, por medio de terrazas, muros de contención y sistemas de drenaje”, explica. Según el informe realizado por Macario Putzeys y Fulberto, “el material constructivo es local (piedra de río y pómez tallada, bloques compactos de sedimentos tipo jaboncillo selectos, adobes de talpetate, de tamaño estandarizado)”.

La actualidad

Hasta la fecha, Gumarcaj se  considera un sitio sagrado y en él aún se realizan ceremonias mayas.  Ubicado en el suroeste de Quiché, posee varias estructuras plenamente identificadas, pero gran parte de las construcciones aún se encuentran enterradas bajo montículos. 

La construcción más alta es el Templo de Tohil o dios del cielo. Esta se encuentra en la plaza central custodiada por montículos. Fue constituída con roca, está oscurecida por el humo de los rituales mayas realizados al frente pues aún es visitada para ceremonias.

Muy cerca de este templo, al descender un sendero se ubica la legendaria cueva de Gumarcaj que  tiene una longitud de aproximados 80 metros y cuenta con pequeños túneles hacia los lados, mismos que tienen distinto largo uno del otro.

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Ana Lucía Mendizábal
Reportera de Cultura y Entretenimiento. Comunicadora con 30 años de experiencia en medios de comunicación escritos y digitales.

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