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Cultura

Máximo y Bartola: la historia de los «niños aztecas» exhibidos en Europa y EEUU


La pareja de salvadoreños con microcefalia fue expuesta a abusos durante más de 50 años durante los cuales los empresarios los utilizaron como un espectáculo.

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Un par de niños con microcefalia originarios de El Salvador fueron explotados como fenómenos de atracción durante el siglo XIX, los «Niños Aztecas» Bartola y Máximo.

Su historia fue mitificada con fines de explotación comercial, atribuyéndolos a una región selvática ignota identificada como Iximaya, dotándolos de un presunto linaje azteca y revestidos de una historia de descubrimiento que tenía como intención vender más boletos para su exhibición como atractivo de escándalo, de acuerdo con información de los Institutos Nacionales de Salud de Estados Unidos

El empresario J. Morris los explotó por primera vez en Boston a inicios de la década de 1850, para luego trasladarlos a Londres en 1853, con la intención de presentarlos ante la reina Victoria.

Durante 50 años, la pareja de centroamericanos fue exhibida en Europa y EEUU además de trabajar con el artista de circo P. T. Barnum, quien pudo corroborar el atractivo en materia de espectáculo que generaba asegurar que Máximo y Bartola provenían del imperio azteca.

Su última exhibición pública ocurrió hacia 1901, de acuerdo con postales de la época situadas en Alemania.

La explotación de esta pareja generó debates acerca de las diferencias físicas, culturales y raciales entre América y Europa, además de revelar cómo se correlacionaron la ciencia, el colonialismo y la discapacidad física durante el siglo XIX, según el sitio de divulgación Nineteenth Century Disability.

Máximo y Bartola fueron utilizados como evidencia médica, etnológica y antropológica de la existencia de especies degeneradas, mientras se mitificaba su pasado y la realidad de su vida.

Máximo y Bartola fueron vinculados a una presunta cultura antigua centroamericana que consideraba a la pareja protegida por leyes sagradas y venerada por la ficticia comunidad de Iximaya, además de ser calificados como los últimos herederos de una raza antigua prácticamente extinta.

Poder atestiguar la vida de estos dos niños aztecas es una experiencia inolvidable, presumía la estrategia publicitaria que los convertía en espectáculo.«Estos niños aztecas significan el fenómeno más extraordinario de la raza humana jamás atestiguado por el mundo moderno. Son ellos, sin excepción, los objetos más remarcados e intensamente interesantes que se han presentado jamás al público europeo», sostenía un texto promocional de la época.

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