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Cultura

Sobre “Mi abuelo y el dictador”


En una especie de viaje por la historia familiar, el autor de esta novela se embarca en la búsqueda de los secretos de la dictadura de Estrada Cabrera. Méndez Vides se aproxima a la obra desde este texto.

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El escritor mexicano de origen guatemalteco César Tejeda, escribió un libro singular sobre la búsqueda de las raíces familiares, contando a manera de novela, investigación y testimonio el resultado de sus pesquisas. Los autores franceses han explorado la técnica, como Amin Maalouf en sus pasos angustiados por el Líbano, o el mexicano Emiliano Monge rebuscando en la memoria de sus antepasados migrantes. Tejeda se sumergió en la escritura de una obra que nos permite seguir tres ejes entremezclados, porque cuenta la historia de un personaje, su abuelo Antonio Tejeda, quien cae en desgracia, víctima de los caprichos defensivos de Manuel Estrada Cabrera, el Benemérito de la patria y de la juventud estudiosa, bajo cuyo régimen fue encarcelado en 1906 debido a un acto de rebeldía de su hermano que se marcha a México, declarándose opositor al régimen del dictador, y en 1908 por una circunstancia relativamente ajena, el intento de magnicidio emprendido por su cuñado, Víctor Manuel Vega, estudiante en la escuela militar. En ambas ocasiones es puesto en libertad por la ayuda de alguien y su inocencia, pero sufre humillaciones, tortura, se le despojó de sus tierras y obligó a vivir fuera de su ciudad natal, La Antigua, para presentarse cada dos días a demostrar que estaba bien portado. El autor pasó escuchando en su infancia pedazos de la historia, y como autor se dedica a investigar y reconstruir la narración de los hechos.
La búsqueda de la información se documentó como una bitácora de logros, dudas, referencias, dentro de las cuales se van especificando las fuentes, y combinando descubrimientos o explicación de una serie de hechos anecdóticos agradables, sobre el contexto político y cultural, donde hay pasajes reveladores sobre los escritores locales, como el caso de Enrique Gómez Carrillo, que se disfruta mucho. El escritor mexicano viene a la patria de su padre, y se va identificando con el espíritu nacional, y compenetrando tanto que se descubre guatemalteco. Su admiración por lo que narra contagia al lector.
Y es también, una obra donde está el mismísimo autor presente, dando testimonio de su propia vida, de sus dudas y confusión personal, escarbando en documentos y aproximándose a familiares con quienes no existía sino el vínculo genealógico, pero sin la pertenencia por el contacto frecuente y cercano. El escritor comparte su sorpresa, intereses, planes, mientras viaja y viene a Guatemala a recabar datos, a aclarar sus ideas, a esclarecer la verdad sobre los sucesos de su abuelo. Y comparte su vida íntima, la relación con el padre en México, su muerte, así como encuentra que los restos de su abuelo habían sido expulsados del mausoleo familiar y presencia el transporte en auto a un cementerio privado en la capital para que reposen juntos a su pareja, finalmente reunidos.
La novela mezcla modos, salta de una forma a otra, y permite despejar dudas, así como motiva a buscar obras que existen en la red sobre acontecimientos históricos nacionales, como la crónica de Clemente Marroquín Rojas sobre el atentado de los cadetes en 1908, cuando se fusiló a tantos e incendió la escuela militar para borrar todo rastro del intento de magnicidio.

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