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Cultura

¿Y si mejor disolvemos la Selección de fut?


Gabriel Robles

instagram.com/goodgoodmanners

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Nacer en Guatemala queriendo ser músico es complicado. Al pedirle a la mayoría de chapines que nombre un artista guatemalteco famoso, muy pocos dirán otro nombre que el de Ricardo Arjona o, si conocen su himno nacional, Rafael Álvarez Ovalle. Pero esto no es por falta de artistas. La escena musical en Guatemala ha sido históricamente inexistente. Un territorio que nunca ha sido explorado debidamente y que quizás, en el último año, esté empezando a cambiar.

Desde que tengo memoria, el conocimiento general es que ser músico en Guatemala no es una realidad posible. Empecé a tocar guitarra a los 7 años y mientras más claro se hacía que mi interés por la música era mucho más que un “hobby”, más personas me recordaron lo surrealista que era querer vivir de eso. Al buscar oportunidades de estudiar algo relacionado en la universidad, la única opción era estudiar para ser maestro de música. La música en mi país no existe, así que en cuanto tuve oportunidad de irme, me fui.

¿Por qué no existe una escena musical en Guatemala? Un país entero que apoya a una selección de fútbol que nunca ha clasificado a un mundial, pero que no muestra interés alguno en crear oportunidades para sus artistas, a pesar de la importancia e influencia que tiene la música en el desarrollo y cultura de las naciones, se sigue tratando a los creadores como que no se merecen ni la mínima oportunidad. Proyectos como Easy Easy, Filoxera, o Yecto, y productores como Walter “Bumont” Monterroso están creando una escena que -ya era hora- empieza a superar ‘Peces e Iguanas’. ¿Quién dice que la siguiente Rosalía no puede salir de Xela?

Viendo esto más allá de la industria, invito a reflexionar sobre qué dice de nosotros como sociedad cuando aplaudimos a alguien solamente después de que es celebrado en otro lugar. Solo entonces ya queremos ser parte de ello y reclamarlos como nuestros. Vemos a gente como Oscar Isaac, quien ni siquiera se considera chapín, y nos ahogamos con orgullo. Nos gusta tomar todo el crédito sin querer ser parte del proceso. ¿Hay algún interés genuino en el arte o solo es la cultura de clout-chasing que nos motiva a estar “orgullosos”?

Muchos llamarían hipocresía el hecho que yo decidí irme de Guatemala para trabajar en mi arte. A la gente le encanta decir “¿Cómo quieren que Guate salga adelante si todos se van?”, completamente perdiendo el punto de esta nota. Vivimos en un tiempo en el que compartir y colaborar es más fácil que nunca. Donde las herramientas para crear y aprender son mas accesibles que nunca antes. Y como resultado, crear, apoyar y fomentar el arte es aún más fácil.  Esta reflexión es acerca de la mentalidad con la que tratamos el arte en general en nuestra Guatemala, y cómo, el cambiarla por una más abierta significaría dar un paso que nos acerque a una sociedad en la cual podemos crear algo de lo que estamos de verdad orgullosos en lugar de seguir esperando a que alguien más lo haga por nosotros. 

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