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Cultura

El Attico y su nueva vida


El proyecto de Luis Escobar y Guillermo Monsanto tiene vida nueva. Dejó su sede en la zona 14 y ahora habita en lo digital. En esta entrevista, Monsanto habla sobre la experiencia virtual de la galería, la colección propia y el centro de documentación. Además, habla sobre el futuro.

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¿Qué los llevó a tomar la decisión de dejar la sede física?

–El año pasado cerraron sus puertas varios centros culturales.  Luis y yo pasamos todo el 2019 pensando cuál sería el rumbo al que debería redireccionarse la galería, tomando en cuenta como primer punto que no tenemos quién nos suceda cuando queramos jubilarnos. A eso hay que sumar costos, la inseguridad en la zona 14 y, en fin, la serie de aristas que implica mantener abierta una sede física.

Por el otro lado, tanto en el campo de la investigación, como en los de gestión, rescate o promoción del producto creativo, mantenemos un contacto de primera mano con nuestros adeptos.  Por lo tanto, ¿por qué no abrir una plataforma de exhibiciones virtuales y desde allí exponer un inventario de modo más protegido, junto a ideas y otros servicios como los de las valuaciones, registros de obras, conferencias y otra infinidad de cosas que usualmente estamos haciendo y para las que no necesitábamos más la sede?

¿Cuál ha sido la experiencia en los primeros meses?

–Buena.  De unas 300 personas que nos visitaban normalmente en un mes, ahora nos visitan unas 18 mil de un solo plumazo. Quizá lo más difícil para Luis Humberto y para mí sea entender cómo funcionan las redes y los usos que tienen. Por lo demás, las relaciones han aumentado en cuanto al reencuentro con algunos amigos de los inicios de la galería, gente interesada en lo que hacemos, o simplemente en visitar el sitio y hacer preguntas.

¿Es este el futuro de las galerías en el país?

–No necesariamente. Lo que sí te puedo garantizar es que nosotros no volveremos a tener un espacio físico, ni locos.  Los jóvenes siempre tienen estrategias nuevas de llevar público a sus espacios. Nosotros, ahora, nos pasaremos a la modalidad de visitas personalizadas, tomar cafecitos y mantener ese contacto físico tanto con los artistas como con nuestros clientes.

¿Qué sucederá con la colección Monesco y con el centro de documentación?

–Habrá que ver. Quizá nos decidamos a poner un museo virtual, dejarla registrada en un libro (como ya ha pasado con algunas piezas) o regresarla a su estado metálico. Lo que más nos preocupa es el centro de documentación, el cual no tiene probabilidades de supervivencia si se queda en Guatemala.  Este es un país que no ofrece garantías para este tipo de acervo.

El parón del sector cultura pareció afectar menos a las artes visuales, ¿por qué?

–Puede ser un aspecto psicológico: la seguridad de poseer cosas, de cambiar los ambientes de la casa, o el hecho de sentirse dentro de una normalidad por medio del arte. Yo nunca había dado tantas entrevistas y conferencias como en estos últimos meses y todavía me faltan varias programadas por universidades y centros culturales. En épocas como estas siempre hay alguien que quiere deshacerse de algo y alguien que quiere ese algo.

La evolución de El Attico es un elemento más de un medio que ya mostraba señales de inquietud antes de la pandemia, como el cierre parcial de Fundación Paiz y la reorientación de Fundación GyT. ¿Cómo se puede leer este contexto?

–Hay muchas entidades de gobierno poniendo cortapisas al trabajo educativo y artístico de la iniciativa privada. No tienen ni idea, los administradores de las diferentes instituciones del Estado, del daño que le están haciendo a la cultura y el hastío al que han llevado a diferentes instituciones. Teatros, galerías de arte y fundaciones están cerrando desde antes de la pandemia.

¿Qué escenario puede esperarse para el sector cultura pospandemia?

–Dependerá de la iniciativa privada y las ganas que les queden de colaborar con la cultura del país. Los programas educativos oficiales (y gran parte de los maestros) son tan irrelevantes que el país pronto padecerá una pandemia de ignorancia de proporciones inconmensurables. El resto, los que sí trabajamos, seguiremos poniendo nuestro granito de arena hasta que llegue el momento del merecido retiro.

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