[theme-my-login default_action="register" show_links="0"]

¿Perdiste tu contrseña? Ingresa tu correo electrónico. Recibirás un correo para crear una nueva contrseña.

[theme-my-login default_action="lostpassword" show_links="0"]

Regresar

Cerrar

Publicidad

Cultura

El centenario de Benito Pérez Galdós


El autor murió hace cien años. Muchos son los homenajes que surgen a partir de la fecha. Méndez Vides habla de su obra y otros temas. 

foto-articulo-Cultura

El centenario de la desaparición de Benito Pérez Galdós (1843-1920), el escritor canario que mejor pintó a la ciudad de Madrid, inició el pasado mes de enero con inmensa cantidad de actividades previstas para este año: homenajes, exposiciones, publicaciones, biografías, reedición de sus obras, desvelamiento de placas de las casas donde vivieron los personajes de la ficción, como Fortunata, y paseos literarios por la ciudad, acompañando por las calles a los personajes de su obra. Pero todo fue alterado por los acontecimientos de un virus que descompuso al planeta, enfermando hasta la memoria del novelista, que siendo de la dimensión de Dickens para Inglaterra, o de Balzac para los franceses, aún hoy está expuesto a encomios y ataques, porque así es el ámbito de nuestro idioma.

Lo más importante de un autor es su obra, sus personajes, porque la ficción está más allá del hecho particular, y la idea de evocar en las calles de la ciudad el paso de sus creaciones es una gran idea, porque así se demuestra que los personajes ideales conviven con los lectores, combinando las dimensiones.

Nuestros autores han tenido menos suerte. El año pasado se cumplieron los 175 años de la muerte de José Batres Montúfar, y poco se escuchó. En cuatro años se cumple el medio siglo de la desaparición de Miguel Ángel Asturias, y los personajes de ‘El Señor Presidente’ deberían de salir a respirar en cada esquina, para identificarse con los ciudadanos. Y en siete años será el centenario de Enrique Gómez Carrillo. Hay mucho espacio para elaborar, reconocer, leer y apreciar a quienes han dejado escrita en tinta las huellas de nuestra identidad.

Los días de encierro son propicios para leer a Pérez Galdós, al escritor realista de los ‘Episodios Nacionales’, ese montón de novelas históricas que describen al madrileño, y fueron la fuente que impulsó a tantos autores que lo acompañaron o sucedieron como Alas o Torrente Ballester. El cineasta Buñuel adaptó sus novelas para filmar las famosas películas de su época mexicana, como ‘Nazarín’, ‘Tristana’ y ‘Viridiana’.

El novelista español escribía a mano, como Dickens o Tolstoi, sin pereza, sin las ventajas modernas de la computadora y la facilidad para las correcciones, porque pertenecían a una época que exigía castigo a los autores, sangre, sudor y lágrimas, para perdurar unos pocos.

Siempre me ha interesado de Pérez Galdós la novela ‘Misericordia’ (1897), actualmente reeditada por la Academia de la Lengua Española, porque siento el rumor de los pedigüeños y mendigos del Portal del Señor en la novela de Asturias. Imagino que nuestro novelista la leyó y le fascinó, y no pudo sino trasladar sus sensaciones al plano onírico.

‘Misericordia’ es la historia de Benina, una empleada doméstica dedicada a su señora e hijos, aún después de que la familia burguesa venga a menos por la mala administración, y recorre con ellos la caída hasta que decide mantenerles, velar sus mitomanías, y hacerles creer que no han perdido dignidad mientras es ella quien acude a la limosna ajena para llevarles los alimentos, preparárselos y servirles la mesa, porque ‘“en circunstancias muy críticas, no hay más remedio que perder la vergüenza”’.

Benina piensa sino en los demás, pide crédito, va pagando y sacando de problemas a los suyos, a sus amos, y tiene definidos sus puntos donde pedir y amistades de ciegos y sobrevivientes borrachos, que habitan como ratas en los escondrijos de la ciudad, pero en casa asegura que trabaja para el cura. Su nobleza la eleva e ilumina, y el lector no puede sino asombrarse.

Ahora que veo las banderas blancas por todas partes siento la presencia de la novela de Pérez Galdós. Quizá por ser canario, y apenas un “hijo adoptivo” de Madrid resuena tanto en estas tierras, donde llegaron muchos isleños a empezar la nueva vida o a entregarla como Pedro de Bethancourt.

La época es propicia para leer su obra magistral, entrando en un túnel del tiempo, donde el lector va a encontrar taras comunes.

Publicidad


Esto te puede interesar

noticia Editorial
Totalitarismo chavista
noticia Ferdy Montepeque fmontepeque@elperiodico.com.gt
Aldana presenta a PNUD avances en casos de violación a Derechos Humanos

La Fiscal General destacó la sentencia condenatoria contra dos exmilitares, por el caso Sepur Zarco, lograda en febrero pasado.

noticia Acisclo Valladares Molina
Aciertos y errores

La presión mediática magnifica unos y esconde otros.

 



Más en esta sección

La de Guatemala Inédita

otras-noticias

Pueblos indígenas piden la renuncia del Presidente y diputados

otras-noticias

El diálogo excluyente de Giammattei y otra comisión que duplica funciones

otras-noticias

Publicidad