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Cultura

Gómez Carrillo: algunas reflexiones


El escritor guatemalteco marcó camino en Europa. En Guatemala, no obstante, su legado aún no es reconocido del todo. 

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Enrique Gómez Carrillo nació en la Antigua Guatemala, se educó en la ciudad capital, y, apenas pudo, se marchó a Europa atraído por las luces de la bohemia y el cosmopolitismo. Nada se le negó. El escritor modernista conquistó a la farándula de entonces, se hizo pasar por griego para evitar explicaciones insulsas sobre su origen centroamericano, le dio la vuelta al mundo, representó diplomáticamente a la Argentina, bebió cuanto vino y ajenjo pudo, se dedicó a profanar camas y sábanas olorosas en medio de la Primera Guerra Mundial, escribió 87 libros (más de tres por año durante su periplo vital) y descansó sobre almohadas de plumas. Pero como le sucedió también a Darío y a los modernistas, terminó rápido su gloria, porque fue sustituido por otras modas. Fue enterrado en el cementerio Père Lachaise de París, bajo tierra dedicada a los hombres ilustres de Francia.

Muy admirado en Europa antes del surrealismo, fue posteriormente defenestrado por su excesivo refinamiento, por la frivolidad y devoción por el exotismo, por el empeño excesivo de experimentar sensaciones placenteras y transferirlas a la Literatura. Siendo un ‘dandy’ galante obtuvo el amor de mujeres célebres, como Raquel Meller (‘La Violetera’), o Mata Hari, la famosa espía ejecutada en medio de gran barullo. Sus cortesanas adulaciones al dictador Estrada Cabrera, le valieron tras su muerte, el despecho y juicio severo de los escritores revolucionarios nacionales.

Hijo de Agustín Gómez Carrillo y de Josefina Tible, nació el 27 de febrero de 1873. Utilizó los apellidos paternos, para evitar la mofa. Fue rebelde y no supo acoplarse a la disciplina de los estudios, por lo que empezó a trabajar desde muy joven como dependiente de comercio. Escritor talentoso y precoz, es nombrado a los 15 años redactor del diario ‘La Opinión Nacional’, por decisión del general Manuel Lisandro Barillas. El poeta Rubén Darío lo motivó a marcharse del país. El joven cronista supo ganarse los favores del dictador, quien más tarde fue asesinado en el exilio por sicarios en la antigua calle del seminario, próxima a la Catedral de México, que hoy se conoce como calle de Guatemala. Fue Barillas quien favoreció al joven escritor, otorgándole una pensión para que se trasladara a Madrid.

Su narrativa es refinada, decadente, profana y sensual. Empalagosamente modernista, pero fuente eficaz para quienes están interesados en las raíces de nuestra sensibilidad. En 1906 publicó el libro ‘La verdad sobre Guatemala’, raro volumen perdido en las bibliotecas, que valdría la pena revisar para entender los motivos del olvido al que parece condenado en su patria.

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