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Cultura

César Díaz y la distancia esencial


En este texto, el director guatemalteco repasa en sus orígenes y motivaciones. Nuestras madres, el film que le valió el éxito en Cannes, sigue cosechando frutos.

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Para César Díaz, la “distancia es esencial”. A 9 mil kilómetros de su Guatemala natal, el cineasta belgo-guatemalteco rememora la sangrienta guerra civil, en un galardonado filme que aspira a nuevos premios en Bélgica.
“Si yo hubiera hecho la misma película viviendo en Guatemala, creo que hubiera sido una película mucho más panfletaria, mucho menos humana”, confiesa Díaz, de 42 años, a la AFP en Bruselas sobre su primer largometraje Nuestras madres.

Nacido en 1978 en Guatemala, este hombre afable se marchó del país centroamericano a los nueve años rumbo a México para reunirse con su madre, quien huyó años antes de la guerra civil. De su padre, un “desaparecido político”, no tiene recuerdos.

En Guatemala, “mi cotidiano era mi abuela y mi tío y la militancia por los desaparecidos políticos”, explica. “Recuerdo el miedo, recuerdo los soldados en la calle, recuerdo [al exdictador Efraín] Ríos Montt en la televisión”.

Su marcha a México fue el inicio de un periplo que le llevó al otro lado del Atlántico para estudiar cine en Bélgica y en Francia. Pero, además de ropa, transportó en sus bagajes su historia de vida y su infancia en Guatemala.

“Me marcó la vida. Todas las películas han ido escarbando más en esta búsqueda familiar e histórica”, asegura Díaz, para quien es una necesidad “exorcizar” estas vivencias antes de enfrentar nuevos “caminos en la ficción”.

En 2010, con el cortometraje Semillas de ceniza, repasó la matanza en la embajada de España en Ciudad de Guatemala en 1980 (37 muertos), “primer momento en el que la gente de la ciudad se da cuenta de que hay una guerra”.

Con el documental Territorio liberado (2015), Díaz reconstruye la “memoria” común junto a su madre. Este recorrido sobre la guerra civil, que costó la vida a 200 mil personas entre 1960 y 1996, alcanza su “punto culminante” con Nuestras madres.

El filme de ficción, que narra la búsqueda de desaparecidos en las masacres de poblaciones mayas, se alzó con la Cámara de Oro del Festival de Cannes a la mejor ópera prima, así como otro galardón del Festival de San Sebastián.

Bélgica escogió Nuestras madres como su candidata a los premios Óscar y ahora opta a seis premios Magritte del cine belga: película, ópera prima, dirección, guión, imagen y sonido. La ceremonia tendrá lugar el sábado.

– “Aún estoy aquí” –
“Para mí es sorprendente”, reconoce el cineasta, que compite con reputados directores como los hermanos belgas Luc y Jean-Pierre Dardenne. “Es un mensaje a toda esta ola nacionalista europea”, “ciudadanos como yo, que tal vez no nacimos en este país, formamos parte de él (…) sin olvidar lo que somos”.

Su llegada a Bélgica en 1999 fue de rebote. La Escuela de Cine de Cuba no lo aceptó y su tío, residente en este reino europeo, le propuso instalarse un año y aprender francés antes de volver a intentarlo. “Aún estoy aquí”, bromea.

Su deseo de ser cineasta nació en México, donde se dio cuenta filmando a sus compañeros de último curso de bachillerato que no quería ser actor, y empezó a construirse en la Universidad Libre de Bruselas, donde estudió guion.

“Cuando termino, me doy cuenta que a los guionistas nadie les contrata”, asegura. Sus pasos se encaminaron así en un primer momento al montaje, como la película Ixcanul en 2014 de su compatriota Jayro Bustamante.

Pero sin perder la pasión por el guion. En 2009, se marchó a Francia para seguir formándose en la reputada escuela la Fémis. Su trabajo de fin de estudios fue un primer guión de Nuestras madres, que llamó Uspantán en ese momento.

“Creo que cada paso que das en la vida te tiene que servir para llegar a otro lugar (…) Me gusta mucho que Nuestras madres haya comenzado en ese lugar”, confiesa el director, quien ya tiene en mente su próximo proyecto.

El filme hablará de la relación entre una madre y su hijo adolescente en Bruselas, en invierno, con nieve. Díaz cambiará así su Guatemala natal por Bélgica, cuyo olor “metálico” le sorprendió 20 años atrás y donde ahora tiene su familia.

 (Photos by Kenzo TRIBOUILLARD / AFP)

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