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Cultura

La odisea de los cabos


Está en salas una de las cintas nominadas al Oscar. Va de guerra, muerte y esperanza.

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En las guerras nadie gana realmente. Todos los involucrados pierden algo: seres queridos, inocencia, esperanza o la vida misma. En general, las películas de guerra dejan esa sensación. 1917, la ya aclamada película de Sam Mendes (Skyfall, American Beauty), no es la excepción a la regla. Con un manejo visual impecable, la cinta reconstruye el camino –más que la historia misma– de dos cabos que deben llevar un mensaje hasta el frente de batalla en en la Francia de la Gran Guerra. Está de estreno en Guatemala este fin de semana. Para horarios, salas y precios consulte carteleras.

Hay dos caminos que se pueden seguir para abordar la cinta. El primero es su columna narrativa. La cinta cuenta cómo Schofield y Blake deben sortear las trincheras y los peligros para alcanzar a un batallón que está por caer en una trampa.

La intención de ambos cabos es la de entregar un mensaje que detendrá la operación y salvará la vida de más de 1,600 soldados. El guion está construido con base en las historias del abuelo de Mendes, quien peleó durante la Primera Guerra Mundial. “La primera vez que entendí lo que era la guerra fue cuando mi abuelo me contó sus experiencias. Esta película no es acerca de él, sino de su espíritu –todo por lo que estos hombres pasaron, los sacrificios, el significado de creer en algo más grande que la vida misma–“ cuenta el propio Mendes en sus notas de producción.

El otro camino para entenderla es desde la imagen. 1917 no es una película de paisajes o de planos abiertos. Al contrario, al estilo de La Soga o Birdman, la cámara construye un plano secuencial que da unidad a las dos horas de largometraje.

Es una mirada continua, sin respiro y en close up a dos personajes que cruzan campos, pueblos fantasma, trincheras y bosques. “Nuestra cámara nunca los abandona. Quería acompañarlos en cada paso y respirar cada aliento de estos jóvenes”, explica el director. El resultado es imponente, capaz de absorber al espectador en cada escenario y en cada estampa de desolación que la guerra deja tras de sí.

La película está protagonizada por George MacKay y Dean-Charles Chapman. En ellos se centra el peso de la historia y el peso de la imagen. Lo demás, personas incluidas, es utilería pura salvo ciertos personajes que interactúan con ambos por momentos. En esta línea, Colin Firth y Benedict Cumberbatch también se suman al reparto.

Al final, entre cadáveres y campos vacíos que se combinan con una mezcla entre hastío, nostalgia y desesperanza, el relato es también una reconstrucción de la angustia, la muerte, las fracturas emocionales y las heridas de las personas que pelearon en el primer conflicto bélico a gran escala en el siglo XX.

Los fotos tuiteadas por la propia Cummins de una cena con langosta para el lanzamiento del libro que muestra arreglos florales decorados con alambre de púas, imitando la portada de la novela, no ayudaron. ‘“Border chic”’, deploró Gurba en Twitter. Imágenes “crueles” e “insensibles”, dijeron los escritores en su carta.

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