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Cultura

Harvey Weinstein, el hombre del andador


Esta semana comenzó el primer proceso contra el productor cinematográfico acusado de delitos sexuales por más de 80 mujeres

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Es como si la silla de ruedas y el andador fuera parte del attrezzo en los juicios a grandes figuras públicas caídas en desgracia.

Augusto Pinochet popularizó el uso de esos instrumentos cuando fue detenido en Londres a instancias del juez Baltasar Garzón durante 16 meses. Al ser liberado y regresar a su Chile natal, en marzo de 2000, el exdictador dejó atrás la silla de ruedas con la que se había dejado ver durante su arresto, e hizo una exhibición de poderío físico en la pista del aeropuerto.

En 2017, el cómico Bill Cosby apareció caminando ayudado de un bastón en el juicio en el que fue condenado a entre tres y diez años de prisión por abusos sexuales. Un año después, el exjefe de campaña de Donald Trump, Paul Manafort, llegó en silla de ruedas al juzgado en el que se veía su caso por fraude, y en el que fue condenado a siete años y medio de prisión.

Ahora ha sido el turno de Harvey Weinstein. El productor de muchos de los mayores éxitos de taquilla y crítica de las últimas tres décadas lleva un mes ayudándose penosamente en un andador debido supuestamente a una lesión de espalda. Y así llegó el lunes al juzgado de Manhattan en el que se abría su juicio por presuntos delitos sexuales, de los que ha sido acusado por más de 80 mujeres.

Las estrategias
Era una figura pública muy lejana del Weinstein que se presentó desafiante ante la Justicia en mayo de 2018 con la autobiografía del director Elia Kazan bajo el brazo, en lo que constituía mensaje sutil pero muy claro: en 1952, Kazan testificó contra sus colegas en la llamada “caza de brujas”, es decir, en las purgas de personas de Hollywood acusadas –con o sin motivo– de simpatías comunistas, pero acabó sus días rehabilitado y hasta ganado un Oscar honorífico en 1999. Weinstein estaba insinuando que no iba a tener reparos en acusar a quien hiciera falta, y, de paso, que su figura acabaría siendo vindicada, con independencia de lo que pasara en el juicio.

La estrategia es ahora la opuesta. Y eso le ha valido el escarnio en las redes sociales. Facebook, Instagram, Twitter se llenaron el lunes de burlas al andador del productor, que ha perdido su empresa, su prestigio, y hasta su esposa desde que en 2017 el diario The New York Times y el semanario The New Yorker expusieron su interminable historial de supuestos abusos sexuales. Claro que esas críticas son, también, el principal problema de este proceso.

Pase lo que pase en los juzgados de Manhattan, Weinstein ha perdido el juicio de la opinión pública. Puede ser arrogante, como cuando se entregó, o el mes pasado, cuando concedió una entrevista al tabloide New York Post en la que afirmaba que “yo fui el primero” en producir películas dirigidas por mujeres. Puede ser humilde, con el andador. O puede ser alguien con propensión a delinquir, como quedó de manifiesto después de que la Justicia determinara que trató de alterar en 57 ocasiones el brazalete electrónico con el que la Policía sigue sus movimientos. Da igual. Weinstein ha perdido ante el público estadounidense y mundial. Su legado es el movimiento de denuncia del acoso sexual #MeToo nació con sus acusaciones.

¿Prisión de por vida?
#MeToo rodea por todas partes al juicio. Un juicio que es solo el inicio de la persecución legal contra Weinstein. El lunes pasado, mientras el acusado escuchaba los cargos en su contra y se declaraba no culpable, alegando que su único delito había sido “trabajar demasiado”, la Justicia de California presentaba otras cuatro acusaciones contra él por delitos sexuales. Weinstein, que cumple 68 años en marzo, podría no salir de la cárcel en lo que le queda de vida.

Pero el caso legal es complicado. La Fiscalía del estado de Nueva York se ha encontrado con múltiples problemas a la hora de construir la acusación contra el productor. Ha tenido que retirar a su testigo principal, la cantante y aspirante a celebrity Lucia Evans, por dudas sobre su testimonio. Y Weinstein cuenta con un verdadero archivo de correos electrónicos de mujeres que, tras haber sido víctimas de sus presuntos abusos sexuales, le mantuvieron como amigo.

Ese es el caso del e-mail de una de las dos mujeres por las que se le juzga en Nueva York, y cuyo nombre no ha sido desvelado, que le acusa de haberla violado en 2013. En el mensaje, acompañado del emoji, la mujer dice a Weinstein: “Te quiero, siempre te querré. Pero no me gusta sentirme como alguien a quien solo llamas cuando quieres tener sexo”. Mimi Haleyi, la otra denunciante, le siguió enviando mensajes amistosos que terminaban con la letra “X” –que en inglés se utiliza normalmente para indicar “besos” o “abrazos”– después de que él presuntamente la obligara a realizarse una felación.

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