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Cultura

“London Calling”, el único álbum que importa


Se cumplen 40 años del lanzamiento de un disco que marcó un rumbo nuevo al rock y situó a The Clash como una de las más importantes bandas de la historia de la música popular.

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Cuando la portada de London Calling (1979) fue elegida por la Revista Q como la mejor fotografía en la historia de la música, el vocalista Joe Strummer declaró que la imagen representa al final de la música, “es la captura de la completa pérdida de control”. La fotografía que Pennie Smith tomó del bajista Paul Simonon muestra la destrucción que The Clash quería imprimir en este disco.

En un principio, el objetivo de la agrupación era lanzar un álbum doble que diera un punto final a la historia del rock, una narrativa que inició en 1956 con el lanzamiento del primer disco de Elvis Presley. La idea se mantuvo en el arte, creando un opuesto al material del Rey del Rock, manteniendo su tipografía, pero destruyendo al grito primigenio con el cual Presley dio inicio a una nueva oleada de sonidos con su material.

El renacimiento del rock
Han pasado 40 años desde que se publicó esta antítesis del rock y la realidad está muy alejada de la idea que tenían estos jóvenes londinenses. Si la intención era destruir al rock, London Calling (1979) se convirtió en el peor fracaso en la historia de la música. El disco es reconocido como uno de los materiales más novedosos, experimentales e influyentes de la historia. Un álbum que incorporó sonidos del mundo un par de lustros antes de que Paul Simon y David Byrne se volvieran famosos por jugar con ellos. Un material que incorporó ritmos de reggae al punk previo a la aparición de Sting y The Police.

Hoy en día, escuchar al tercer disco de The Clash es una experiencia ardua ante la gran cantidad de ideas, géneros, relatos, gritos y poemas que transformaron a la agrupación en la abanderada del punk en todo el mundo. Contrario a sus contemporáneos de Ramones y Sex Pistols, los londinenses se dieron cuenta de que la simpleza guitarrera del género de protesta los limitaba tanto expresiva como narrativamente. Es por ello que cuando tuvieron la oportunidad de hacer una gira por todo el mundo, como parte de la promoción de Give Em Enough Rope (1978), los liderados por Joe Strummer sucumbieron ante la curiosidad de apreciar otro tipo de música.

Viajaron a Estados Unidos e incorporaron a artistas como Bo Diddley y Sam & Dave como actos de apertura para ver a los intérpretes más reconocidos del rock, consumieron tanto reggae como pudieron, revisitaron el pasado de su país en los clásicos del ska y se enamoraron del blues. En poco, la visión de la banda para su próximo álbum cambió de violentas instrumentaciones punk a una obra maestra de los estereotipos de todos los géneros musicales que convivieron a finales de la década.

Un disco multicultural
Entonces Mick Jones deseó separarse por completo de las facilidades del punk británico, estaba desesperado ante sus limitantes y los otros actos del movimiento le parecían sosos, cuando menos. Resultó primordial para él trabajar con Guy Stevens, productor americano que había trabajado en los grandes discos de Chuck Berry y que también pudo ser partícipe de las experimentaciones de los discos de Mott The Hoople y Traffic en los primeros pasos del rock n’ roll, los más interesantes.

Él le dio un sonido mucho más refinado del que cargaba la agrupación hasta ese momento, una producción limpia que logró empaquetar una buena cantidad de experimentos sonoros en un material conciso que aparte contó con un gran interés comercial. Él hizo que grabaran London Calling ante la negativa de la banda y obligó al cuarteto a interpretar la sensacional Brand New Cadillac del olvidado Vince Taylor.

Hay canciones como Train In Vain, la cual grabaron en una iglesia deshecha de los estudios Wessex. Canción densa y agresiva de punk que combina a la perfección con la provocadora línea de guitarra de Spanish Bombs, en la cual Joe canta con un español desgarrado. También hay canciones de rock-pop como Lost In The Supermarket que podrían verse como un prototipo del rock alternativo sensible que inundó a las repisas tras la llegada de bandas como R.E.M. al mercado.

Hay homenajes al ska de Madness y The Specials en cortes como Death Or Glory. Pero también hay una pieza de fundamental trascendencia para la década que prosiguió al lanzamiento del disco, con aquella exquisita fusión de reggae con punk que supone Guns Of Brixton, primera y única canción de The Clash que firmó el aclamado bajista Paul Simonon.

Narrativa de la desesperación
Pero si algo ha hecho que este material sobresalga entre todo lo demás, es la narrativa que carga, repleta de frases geniales que relatan historias de pobreza, guerra, destrucción y temor. Es un disco posapocalíptico que logra crear una tensión sin igual gracias sus sombrías atmósferas y descripciones terroríficas.

En este punto, The Clash seguía siendo punk solo en concepto, gracias a la filosofía que todavía cargaban como si se tratara de una bandera. Pese a experimentar con tantos sonidos como fuera posible y de afinarse como músicos y como letristas, la agrupación siempre siguió enviando mensajes políticos, protestando en contra de las desigualdades e injusticias del mundo. Décadas después Joe Strummer se refirió al material como “la exposición tierna, virginal de un tipo que todavía creía en el rock como protesta”.

La descripción de cada uno de los eventos que componen London Calling son a 40 años de su publicación, varios de los más icónicos y reveladores que tenemos dentro de cualquier tipo de expresión cultural. Es fácil comprender porqué después de este disco a The Clash se le empezó a reconocer dentro de su país como “la única banda que importa”. London Calling no fue el fin del rock, fue su renacimiento.

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