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Cultura

Aquí todos los libros se compran a propósito”


Philippe Hunziker no proviene del mundo de los libros. Sin embargo, ahora está al frente de una de las librerías más reconocidas del país: Sophos. Esta semana, el proyecto librero cumple 20 años. Hunziker, además, acaba de ser electo como presidente de la Gremial de Editores de Guatemala, que tiene a su cargo la Feria Internacional del Libro (Filgua).

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Antes de entrar al mercado del libro, ¿a qué se dedicaban como familia?

– Tanto mi mamá como yo trabajábamos en una concesionaria de automóviles. Nunca antes nos habíamos dedicado a los libros ni a la cultura.

¿Cómo surgió la idea de formar una librería en Guatemala?

– La idea es de mi mamá. Estaba pasando los cincuenta y un poco cansada de hacer lo que había hecho. Siempre trabajó muy duro, nunca dejó de hacerlo luego de eso. Estaba en esta transición y siempre ha sido una lectora voraz y empedernida.

Se dijo que si no hacía esto en ese momento ya no le iban a dar las fuerzas para hacerlo. Pasados los cincuenta decidió montar una librería que tuviera las características de las librerías que a ella le hubiera gustado poder visitar aquí en Guatemala y no podía: abierta, con los libros a la mano, que estuviera cuando uno termina de trabajar, en la noche, los fines de semana, que fuera amable y acogedora, que tuviera un cafecito adentro, con libros de todos lados y recientes. Que fuera un lugar en el que la gente se sintiera como en casa.

¿Cómo encontraron el lugar sobre la Reforma?

– Por insistencia de la corredora de bienes raíces. Mi mamá quería una casa. Andaba dando colazos con la corredora y le dijo que vieran el local. “Piden tanto”, le dijo. “Mire, eso no lo puedo pagar”, contestó. Usted ofrezca lo que puede pagar, lo peor que puede pasar es que le digan que no. Así vio el insospechado local de Reforma y 14 calle y le encantó. Ofreció lo que podía pagar y lo aceptaron.

¿Cómo fue el paso entre Reforma y Fontabella?

– Brutal. Estamos aquí, ahora, en un local que tiene casi tres veces de lo que tenía el otro cuando lo dejamos. Sin embargo, no fue la ambición de crecer la que nos hizo salir de Reforma, sino más bien la realización de que ese punto específico nos iba a suponer una serie de problemas en el futuro, como parqueo y acceso. Oíamos de clientes nuestros que querían venir a una presentación y no lo hacían por el parqueo.

Coincidió con que un par de años antes vino Bush y estuvo cerrada la esquina por tres días, luego el Comité Olímpico Internacional se reunió en Guatemala y estuvo una semana cerrado. Luego, el BID se reunió y estuvo cerrado. Supusimos que esa esquina iba a ser fatídica para nosotros. Cuando decidimos que la búsqueda valía la pena encontramos que Fontabella estaba en proyecto y contratamos en obra gris.

En estos 20 años que has visto el proceso no solo de la librería sino del libro en Guatemala, ¿qué tanto ha variado?

– Muchísimo. Una de las cosas más notorias es que durante los primeros cinco u ocho años nuestras listas de libros más vendidos no eran tan disímiles a las listas de libros más vendidos en cualquier lugar del mundo. Los best sellers internacionales eran también los best sellers en Sophos.

De repente se colaba por ahí en ese listado algún libro guatemalteco. Poco a poco fuimos viendo cómo, si al principio había unos pocos libros guatemaltecos en el listado de los más vendidos, fue evolucionando a más. Hoy la tendencia es totalmente inversa, tal vez hay dos o tres libros no guatemaltecos en esa lista.

¿Tanto así se ha invertido el hábito de lectura del guatemalteco?

– Sí. Creo que hay varios factores. Primero hay muchos más libros publicados fuera de Guatemala que dentro. Por eso, cuando vas a escoger un libro tenés muchas más opciones de libros no nacionales que nacionales. Pero, más allá, hay un genuino interés del guatemalteco de tratar de darse cuenta de la Guatemala que tanto le preocupa, le sorprende, le gusta, le disgusta…

¿Cómo se construye el inventario de una librería?

– De uno en uno. Aquí todos los libros se compran a propósito. Los libros que tenemos aquí en inventario son libros que llegado el momento tenemos que pagar, los hayamos vendido o no. De manera que eso supone una disciplina de compra mucho más estricta. Eso hace una diferencia importantísima en la manera en que se aborda la construcción del inventario.

Primero, se construye con mucha cautela. Durante muchos años no pedimos más de tres ejemplares de un libro. Cuando nos sentíamos aventurados pedíamos cinco o cuando nos volvíamos locos, diez.

Como ni mi mamá ni yo venimos del mundo del libro, pero somos buenos lectores como muchos de nuestros clientes, tenemos cierta sensibilidad que nos permite pedir juiciosamente temas que nos interesan.

Pero hay muchos más temas que no nos interesan o que les interesan a otros lectores y en ese proceso siempre fue importante estar a la escucha de los clientes para saber qué pedir. Esta apertura nos fue enseñando qué es lo que la gente quiere leer.  Sophos se ha convertido también en casa editora.

¿Por qué pasarse al mundo de la edición?

– La pregunta que teníamos que contestar era por qué no. La historia es interesante. Se acercó a nosotros el agente comercial de la editorial que publicó originalmente en inglés El arte del asesinato político. Nos dijo que ese libro iba a ser una bomba y que teníamos que pedir muchos ejemplares. Yo estuve de acuerdo con él y dije que íbamos a pedir 50. Se me quedó viendo con cara de “qué vas a hacer con 50”. Él quería que pidiéramos 300, lo que para mí era una estupidez. ¿Cómo voy a vender 300 ejemplares de un libro en inglés, aunque sea sobre Guatemala? El asunto es que me propuso unas condiciones que no pude rechazar.

Pedí los 300, contra todo mi instinto de librero, y se vendieron. Me hizo imaginar que si ese libro en inglés vendía 300 ejemplares solo en esta librería, cuando saliera en español iba a vender por lo menos tres veces eso. Cuando Anagrama anunció que iba a publicar ese libro en español decidimos contactarlos para hacer un pedido consecuente o que nos permitieran imprimir localmente ese libro. Fue lo que hicimos.

Imprimimos mil ejemplares que se vendieron en menos de dos semanas. Nos permitió dimensionar el tamaño de la curiosidad y el interés y del apoyo que el lector guatemalteco iba a tener por algunas publicaciones específicas. Desde entonces hemos querido proponer a nuestros lectores también algunos trabajos con algunas características.

La primera, que tienen que ser libros pertinentes para el lector guatemalteco. La segunda, que deben ser libros que, si nosotros no los publicamos es probable que caigan en el olvido. Tercero, que estemos nosotros en una posición que nos permita darle un chance a ese libro.

Hace algunos años se hablaba de la muerte del libro físico. Parece que no pasó. ¿Aún les preocupa?

– Realmente nunca me preocupó pero sí me ocupó. Más bien, tuvimos que matar el libro electrónico. Fuimos la primera librería en Centroamérica en vender libro electrónico y la octava empresa en América Latina y, seguramente.

Me parece que el libro físico va a seguir toda la vida. Fue un espejismo pensar que ese era el riesgo principal.

El riesgo principal no eran los libros electrónicos, era el streaming, YouTube, aquellas otras cosas que apelan a esa misma atención que quisiéramos que los lectores le pusieran al libro.

Sophos está de aniversario esta semana. Ayer presentó un libro con textos a propósito de sus 20 años y el próximo domingo (16 de diciembre) celebra con ofertas y más. Ese día, a partir de las 19:00 horas, el grupo Jazzimba dará un concierto
en el local. (Plaza Fontabella, zona 10). La entrada es libre.

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