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Cultura

Qué raros son los hombres


Viaje al centro de los libros.

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José Ovejero (Madrid, 1958) es uno de los escritores internacionales que nos visitan en estos días de Feria de libros, y trajo consigo una novedad y el espectáculo teatral basado en su obra Qué raros son los hombres, el libro de cuentos que lo hizo popular en el cambio de milenio, publicado por Ediciones B. Ya antes se había hecho conocido por China para hipocondríacos, donde relata su viaje de Nanjing a Kunming, con el que ganó en 1998 el Premio Grandes Viajeros, y luego se hizo acreedor al Premio Alfaguara 2013, con la novela La invención del amor. En las primeras páginas de su relato viajero por China, anota: “Porque viajar, como escribir, es eso: inventar nuevas vidas para escapar a las  limitaciones de la propia”.

Ovejero es un escritor que viaja inventando  ficciones sobre un escritor que viaja por el mundo, observando con sorpresa la exuberancia y limitaciones del mundo ajeno, porque la España de la cual procede es desarrollada, y más la Germania de su juventud, y Bruselas, la residencia elegida voluntariamente, antes de retornar a Madrid. El escritor es un narrador claro y fluido, que proviene de un mundo civilizado, donde se juega tenis a media mañana,  hay playas nudistas, centros comerciales, edificios funcionales y empleo.

El primer cuento de Qué raros son los hombres, se titula Los conquistadores, en referencia a un escritor español viajando por Cuba, asediado por la posibilidad de acostarse con mujeres que no le interesan, pero sí le atrae Sabina, la camarera mulata, y de lo que tiene ganas es de descomer, afectado por retortijones que lo doblan, así que sus anfitriones lo conducen a la casa de la muchacha y piden permiso para que él entre al baño, un excusado con papel periódico para limpiarse, y sin agua en el depósito. El cuento alcanza el clímax cuando tras librarse de los malos olores pide a la familia ayuda, y es Sabina quien aparece con un balde y sin dudarlo aplica ante su vista el chorro en la taza, mientras él la desea avergonzado.

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