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Cultura

Muerte de la novela


Viaje al centro de los libros

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La muerte reciente del periodista y novelista Tom Wolf, autor de La hoguera de las vanidades, novela popular sobre el racismo y la supremacía blanca, ha desatado una nueva discusión sobre el oficio del escritor de ficción. Para Wolfe solo queda lugar para la no-ficción, porque la novela seria ya murió. Pero hay que tomar en cuenta que tan atrevida afirmación es apenas un juicio particular, de quien entendía la importancia del “algo que contar” por el periodismo, y por el hallazgo en su época de obras excelentes que provenían del relato real, como A sangre fría de Capote. Wolfe creía en tomar hechos concretos interesantes como material para novelar, lo cual es muy entendible y nada nuevo, amén de estar omitiendo que lo real en Literatura puede trascender a la condición esencial de posible, entrando de inmediato al plano de la ficción.

La novela está lejos de morir, aunque todo muera, y el error reside en querer sujetar su existencia a la efímera de los individuos o a la novedad.

Las grandes obras de ficción permanecen, y se extienden en el tiempo mientras la humanidad sobrevive, porque la Ilíada tiene casi 3 mil años y los lectores no dejamos de derramar lágrimas de emoción al caer rendidos ante sus páginas sublimes. O los Siete viajes de Simbad el marino tendrán más de mil años, es anónima, y la versión auténtica es extraordinaria, a pesar de los intentos comerciales de convertirla en material infantil. O en el primer tercio del siglo XX, el norteamericano William Faulkner escribió Luz de agosto, la gran novela americana. Luego, en el tiempo de Wolfe también hubo grandes alientos de aire fresco a partir de la aplicación del nuevo periodismo, que daba muestras de agotamiento debido a la tecnología.

No se puede afirmar que la novela de ficción haya muerto porque no se escriba seguido piezas brillantes, porque la Literatura es ajena al calendario. La obra sucede sola, de repente, cuando corresponde. Es más, quizá la del nuevo milenio ya esté escrita, pero aún no es pública, e incluso podamos perdérnosla.

La temática, medios, recursos técnicos, hechos reales o imaginarios, convergen en la ficción cuando el resultado es propicio para una lectura llena de asombro, entendimiento y trascendencia. No se incuba obras geniales cada día, año o vida, porque el comercio piensa en períodos de venta, cuando el arte se sucede fuera de toda presión comercial.

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